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OPINIÓN

La geopolítica de Trump

Las declaraciones del próximo presidente develan el nuevo orden internacional que EE. UU. planifica

Luis Ochoa Bilbao

Internacionalista y sociólogo. Director de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la BUAP. Se especializa en temas de política exterior, cultura política y sociología de las relaciones internacionales.

Lunes, Enero 13, 2025

Las declaraciones de Donald Trump son incendiarias y forman parte de una gran estrategia de comunicación basada en la amenaza, la confrontación y la apuesta por controlar cualquier tipo de acuerdo o negociación. Así han jugado históricamente los países poderosos.

Que sus amenazas se cumplan, es otra cosa. Pero, decir que quiere apoderarse de Groenlandia y recuperar el Canal de Panamá, proponer que Canadá se integre a la Unión Americana y cambiar el nombre del Golfo de México no solamente son ocurrencias mediáticas y provocadoras. Son una clara indicación de que los acuerdos internacionales que el mundo concretó después de 1945 se están derrumbando, que el orden internacional está cambiando y que Trump representa los intereses de las élites políticas estadounidenses que pretenden esquivar de los controles de las democracias liberales.

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El orden internacional posterior a 1945 se basó en la creación de organismos multilaterales como la ONU, para evitar guerras y conflictos entre las naciones. La idea era crear una gran institución global que mediara entre los países de acuerdo al modelo parlamentario europeo y basado en principios legales occidentales. Ese orden internacional se confrontó entre el modelo capitalista y el comunista, hasta la caída del muro de Berlín y la descomposición de la URSS. En el camino, alcanzaron su independencia muchos estados nacionales en África y Asia, y otros más en Europa.

Se abría una época en la que las naciones pugnaban por su soberanía, su integridad territorial y apelaban al derecho internacional para mantener el estatus quo. Especialmente las naciones débiles militar y económicamente.

La segunda mitad del siglo XX no estuvo exenta de guerras y violencia internacional, pero no se llegó a una confrontación bélica directa de grandes magnitudes entre potencias, como sí ocurriera en 1918 y 1939.

A finales del siglo XX se abrió un tiempo de poder hegemónico estadounidense, con la carga y las obligaciones que eso implicaría. La guerra contra el terrorismo y las incursiones en Afganistán e Irak desgastaron a la nación norteamericana que hoy pretende aislarse del mundo.

El nuevo orden internacional del siglo XXI es testigo del resurgimiento del espíritu expansionista de Rusia, del papel de actor global de China, de la franca decadencia europea, del latente peligro que entrañan los conflictos entre India y Paquistán, del desmoronamiento de las fronteras en medio oriente, del estancamiento político y económico de América Latina y del crecimiento poblacional de África.

El nuevo orden internacional del siglo XXI también es testigo de que la riqueza global se concentra en las costas del Pacífico y que el Atlántico norte ve disminuida su relevancia. En este contexto, Estados Unidos se aleja cada vez más de Europa y el Medio Oriente para concentrarse en el mundo asiático.

Al mismo tiempo, las élites de Estados Unidos, empoderadas con la segunda presidencia de Donald Trump, hacen patentes sus intenciones de abandonar los ideales de un mundo organizado en torno a los valores de la democracia liberal, las instituciones multilaterales y el derecho internacional.

Las declaraciones incendiarias de Trump son imprudentes, y difícilmente concretará sus dichos en el corto plazo, pero, de alguna forma, nos dejan ver la gran estrategia geopolítica de EE. UU. para lo que resta del siglo XXI.

Trump se pregunta: Si Rusia puede anexarse Crimea e invadir Ucrania por razones de seguridad nacional, ¿por qué Estados Unidos no se apoderaría de Groenlandia y se anexionaría Canadá apelando a las mismas razones?

Trump se pregunta: Si China puede amenazar constantemente a Taiwán y tratar de controlar para sí misma el mar meridional de China y el estrecho de Malaca por razones de seguridad nacional, ¿por qué Estados Unidos no tendría que renombrar el Golfo de México y recuperar el control sobre el Canal de Panamá?

Trump se pregunta: Si Israel puede militarizar sus fronteras con Gaza y el Líbano e iniciar incursiones armadas contra los grupos terroristas de Hamás y Hezbolá por razones de seguridad nacional, ¿por qué Estados Unidos no militarizaría su frontera sur e iniciaría incursiones militares contra los cárteles de las drogas en México?

Sí, Trump, sus asesores y las élites estadounidenses se han dado cuenta de que Rusia, China e Israel no respetan el derecho internacional y son naciones “exitosas” en sus proyectos de empoderamiento global. Por lo tanto, ¿qué razones hay para que Estados Unidos siga respetando el derecho internacional?

Estamos ante un cambio geopolítico fundamental. Europa no pinta nada y Estados Unidos pretende copiar el modelo autoritario de Rusia y China. Trump, sus asesores, Elon Musk y las élites estadounidenses sienten y piensan que el modelo democrático liberal los debilita ante figuras autoritarias en el mundo. Trump siempre ha manifestado una admiración por Putin, Erdogan, Xi Jinpin, Orban, desea controlar el congreso y el poder judicial de su país, busca desmantelar a la prensa libre y terminar con la ilusión de la ciudadanía cosmopolita en los Estados Unidos de Norteamérica.

Las “certezas” del siglo XX se desmoronan. Estados Unidos quiere entrar en la competencia del expansionismo territorial de nueva cuenta, para contrarrestar el poder de Rusia, China e India e iniciar una nueva era en la que ya no importen las instituciones multilaterales, el derecho internacional ni las soberanías nacionales.

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