En el Medio Oriente los acontecimientos están escalando a niveles preocupantes. Los actores involucrados, Israel e Irán, lo saben bien, y por eso han disminuido su confrontación.
El sábado de la semana pasada Irán, país que está al otro lado del Golfo Pérsico, mandó un ataque con drones y misiles balísticos en contra de Israel. Fue una acción en represalia por el ataque al complejo consular iraní en Siria que mató a varios militares importantes de Irán.
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El ataque fue infructuoso en términos materiales. Casi la totalidad fueron interceptados gracias al escudo anti misiles de Israel y la colaboración de EE. UU., Reino Unido, Francia, Siria y Arabia Saudita, pero se trató de una agresión directa como no había ocurrido antes.
Irán e Israel son enemigos. Irán niega el derecho de Israel a existir como una nación independiente. Israel acusa a Irán de apoyar y financiar a grupos terroristas como Hezbolá y Hamás.
El problema que estamos presenciando en Medio Oriente es el nuevo equilibrio de poder que se está construyendo en la región. Israel es aliado de EE.UU. y de Europa en esa zona del mundo. Pero ha ido tejiendo alianzas con Arabia Saudita, Egipto y Jordania. Esto ha convertido a Israel en socio de esas naciones.
Antes se hablaba de un conflicto árabe israelí. Ahora solo se habla de un conflicto israelí palestino. Precisamente, al acercarse con otras naciones árabes, Israel ha ido aislando a los palestinos que prácticamente no cuentan con el apoyo de sus vecinos.
En este contexto, Irán juega un papel importante porque está peleando por el poder en la región y rivaliza con Israel y con Arabia Saudita. Y en el terreno de las alianzas, Rusia y Siria son cercanos a Irán.
En otras palabras, el Medio Oriente es hoy el escenario de una confrontación entre potencias, como Vietnam lo fue en los años sesenta del siglo pasado. Las potencias no se enfrentan directamente, pero sí sus aliados.
Es por esta razón que hay pocas esperanzas de que el conflicto disminuya. Por el momento, EE.UU. y la Unión Europea le han pedido a Israel no responder por los ataques del sábado. Israel, sin embrago, envió drones a Irán este viernes que tampoco causaron daños.
La situación es tensa. Mientras tanto, Israel sigue masacrando civiles en Gaza. El ataque iraní fue un respiro para Benjamín Netanyahu que está enfrentado una creciente oposición en su país por la guerra. Miles de ciudadanos lo acusan de no haber cumplido su promesa de regresar a los rehenes que Hamas tiene prisioneros. Además de censurarlo por múltiples actos de corrupción y por alinearse con los ultraconservadores.
En el ámbito internacional, es también cada vez mayor la presión contra el primer ministro por las agresiones, no intencionadas, a periodistas, civiles y miembros de organizaciones no gubernamentales que han caído abatidos por los errores de la milicia israelí.
El conflicto se extiende y la comunidad internacional está realmente preocupada. En estos momentos, una confrontación generalizada sería muy costosa, y quizá eso sea lo que detenga el ímpetu de guerra en Medio Oriente, al menos, por el momento.
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