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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La izquierda, encarnación del PRI (I)

La historia de la izquierda en México es la historia de dos tradiciones políticas

Ociel Mora

Es vicepresidente de Perspectivas Interdisciplinarias, A. C. (www.pired.org), organización civil con trabajo académico y de desarrollo económico de grupos vulnerables; y promotora de acciones vinculadas con la cultura comunitaria indígena y popular. Su línea de interés es la Huasteca y la Sierra Norte de Puebla.

Miércoles, Marzo 6, 2024

Acaba de aparecer un libro, indispensable para entender las catacumbas del momento. Se llama Las dos izquierdas (Debate, 2024), lo firman dos legendarios comunistas, Jorge G. Castañeda y Joel Ortega. Ambos portan el mérito de no haberse quedado en el viaje de los dogmas ideológicos de los setenta y ochenta; dieron el salto, para bien, y para honra de una de las corrientes, y despecho de la otra, en base a la clasificación de la izquierda que se hace en el libro.

Al final, esa postura política esta fragmentada en dos grandes troncos. La izquierda oficialista, sometida al Estado; y la izquierda independiente, critica, humanitaria. La primera es complaciente, sumisa, obediente; la otra, libertaria, democrática, fraterna. Una es la encarnación del PRI; la otra es adversaria del PRI. Ya se sabe que Castañeda saca ronchas en las feligresías que siguen a López Obrador, pero hasta ahora no conozco a ninguno de esas falanges que se faje los pantalones y le pare los tacos

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Pue bien. La historia de la izquierda en México es la historia de dos tradiciones políticas, la que se proclama o proclamaba hija de la Revolución mexicana, y la que desde sus inicios buscó deslindarse de ella, e incluso someterla a la crítica. La primera tiene su principal expresión en el nacionalismo revolucionario. La base ideológica que le dio sustento y sentido al PRI. Hasta finales del siglo fue la fuente legitimidad del régimen de partido único. La segunda es la izquierda independiente crítica, intelectual, universitaria, cosmopolita, editora y escritora. Intelectual. A diferencia de la primera, ésta nunca ha sido gobierno. En tanto que la primera ha tenido dos momentos estelares, en los treinta con Lázaro Cárdenas de presidente, y en el 2018 con Andrés Manuel López Obrador, en el mismo cargo. La segunda ha significado retroceso.

La separación de ambas corrientes se dará en el año de 1919, con la muerte de Emiliano Zapata y la neutralización política de Francisco Villa. El grupo de generales en el poder toma un camino que dista radicalmente de los postulados de la insurgencia social de aquella década, puestos en la Constitución de 1917. Se abre entonces la puerta al surgimiento de una corriente de izquierda-izquierda. No falta en aquel contexto los grupos que titubean frente a Obregón. Para el nacimiento de aquella izquierda será determinante la creación del Partido Comunista Mexicano (PCM) en 1919, resultado de un congreso socialista. Dos acontecimientos más: el ingreso de los Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial y su impacto en México, y el triunfo de la Revolución Rusa, en 1917. El PCM es el primero en el mundo en ingresar a la Tercera Internacional, la organización mundial de Lenin y Trotsky, que aglutinaría las fuerzas en el mundo. Paradojas de la izquierda mexicana, el primer dirigente del PCM fue un gringo, sospechoso de ser agente o informante de la inteligencia militar de los Estados Unidos, José Allen. Sin embargo, no fue el único extranjero con huella indeleble en aquel parto.

El gran problema de aquella izquierda fue la conformación una base social, ya campesina o ya obrera, cosa que no cuajó ni en un sector ni en el otro. Tal vez por la política corporativa de aquellos años, a través de la apertura de sindicatos y del reparto de tierras. Sin embargo, el dilema del PCM fue qué hacer con los gobiernos emanados de la Revolución Mexicana. Esa izquierda a ratos confusa frente a las figuras norteñas más poderosas en aquella década, Carranza, Obregón, Calles. En 1928 acabó avalando la reelección de Álvaro Obregón. Sin embargo, en ese mismo año es cuando el PCM sufre una de las batidas más siniestras del gobierno. Sus oficinas y las del periódico El machete fueron clausuradas. Poco antes el dirigente y secretario general del PCM, Julio Antonio Mella, compañero de Tina Modotti, es asesinado, lo que motiva grandes protestas. El PCM entra en la clandestinidad y no saldrá de ahí hasta el gobierno de Lázaro Cárdenas. Como fue hasta el año de 2018, el único sector en el que la izquierda independiente ha tenido una influencia determinante es en la comunidad intelectual y artística. Diego Rivera es dirigente comunista en los veinte, y a su vez cobra en la SEP por pintar los frescos en las paredes de la nueva dependencia.

Vicente Lombardo Toledano, elevado a la categoría de uno de lo siete sabios, en la biografía de Enrique Krauze, es el prototipo de la izquierda de la Revolución Mexicana, condescendiente con el gobierno. Es rabiosamente nacionalista y defensor a ultranza de la Unión Soviética. Crítico del conservadurismo, y dirigente obrero de organizaciones progubernamentales. Nunca fue miembro del PCM, pero sí crítico severo. Apoyó a Cárdenas y bajo su mando fundo la CTM y la dirigió hasta que fue destronado por Fidel Velázquez.

La izquierda de la Revolución Mexicana y la izquierda independiente del PCM fueron como vasos comunicantes en ese sexenio: cuando a una le iba mal era porque a la otra le iba bien, y viceversa. Será en el gobierno de Cárdenas cuando mejor les va: ambas coincidieron en apoyarlo.  Y será con Cárdenas cuando surge el nacionalismo revolucionario con su retórica incendiaria, estridente, pero plasmado no en deseos sino en acciones y políticas de gobierno. Reparto de tierras, nacionalizaciones del petróleo y ferrocarriles, el nacimiento de grandes sindicatos, con relativo margen de acción interna. Los comunistas mantienen su lealtad a Cárdenas hasta la revolución cubana. El PCM justifica su apoyo casi incondicional al General sobre la base de que “creaba las condiciones para el desarrollo de la Revolución Mexicana hacia el socialismo”. Esto es, se proponen llevar la revolución de 1910 al comunismo. La Revolución Mexicana, en su versión progresista,  llega a su fin en 1940, con el nombramiento de un poblano en la presidencia de la Republica: Manuel Ávila Camacho. Los comunistas querían ser amigos del nuevo presidente pero él no quería serlo de ellos. El PCM todavía apoyó la candidatura de Miguel Alemán en 1946.

¿Qué le pasó a Cárdenas, que no eligió un sucesor que le diera continuidad a su proyecto nacionalista? ¡Vaya! ¿Por qué no pensó en echarle un segundo piso al nacionalismo revolucionario? Cito textual a los autores:

“Cárdenas hubiera podido imponer una sucesión a fin a sus inclinaciones. Contaba con un candidato, Francisco Mújica; con organizaciones de masas, la CTM, la Central Independiente; aliados, el PCM, Vicente Lombardo Toledano; y un entorno internacional favorable. Para desgracia de la izquierda de la Revolución mexicana y de los comunistas, desechó esta opción, y optó por una alternativa más centrista, aceptable para el empresariado y las fuerzas más conservadoras: Manuel Ávila Camacho. La izquierda mexicana en general no se repondrá de esa derrota hasta en 2018, con la elección de López Obrador. Los comunistas (modernos) nunca”.

Chayo News

Solo una persona con trastornos emocionales severos, o muy perversa, o muy irresponsable, puede, con la investidura de presidente puesta, salir con la sonrisa desbordada y decir que la violencia en el proceso electoral es “asunto de publicistas”, que magnifican la violencia, y que “la gente esta muy feliz”.  La evidencia revela que la elección en curso esta amenazada por el crimen organizado, y en algunas regiones, tomada.

 

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