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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

¿La verdad importa?

En el mundo de la posverdad, lo que impota es qué tan capaces somos de hacer creer nuestra versión

Víctor Reynoso

Sociólogo por la UNAM, maestro en Ciencia Política por la FLACSO y doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México. Profesor jubilado de la UDLAP. Sus líneas de trabajo como investigador son sistemas electorales y sistemas de partidos en México, democracia y cultura política. Autor de diversos libros y artículos especializados.

Lunes, Febrero 12, 2024

La semana pasada Angelita Meraz León fue asesinada en Tecate, Baja California. Lideraba un grupo de mujeres buscadoras. Mujeres de su mismo grupo denunciaron que había recibido amenazas por su actividad. Que, ante las amenazas, había solicitado protección a la fiscalía local, la que le fue negada. Denunciaron también que se pretendía desviar la atención de los culpables, señalando que se trataba de un feminicidio: había sidoasesinada por su expareja. Angelita buscaba a su hermano.

Estaba yo escuchando estas declaraciones por parte de otra buscadora, amiga de Angelita, en una entrevista radiofónica con Pascal Beltrán del Río. Repentinamente, el conductor interrumpió la entrevista para darle la voz al presidente de la República: estaba hablando del caso.

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Las declaraciones presidenciales contrastaban con las de la entrevistada. Para López Obrador, la víctima contaba con protección del gobierno de Baja California. Señaló también que el culpable ya había sido identificado, y que no tenía nada que ver con la actividad (de buscadora) de Angelita. Otro contraste, menor: que la asesinada buscaba a su hermana.

Es evidente que alguna de estas dos declaraciones falta a la verdad. Algo que duele, tratándose de un caso tan delicado. No tengo elementos para saber cuál es veraz. Pero la declaración presidencial parece apresurada. Lejano a los hechos, solo con informaciones indirectas, puede estar equivocado. Con mayor probabilidad que quienes convivían cotidianamente con la víctima.

Un tema clásico en política: qué tan capaz es el gobernante de ver y oír lo que realmente sucede en su entorno de gobierno. Un caso lo narra Gonzalo Martínez Corbalá: después del asalto al Cuartel de Madera en Chihuahua, el 23 de septiembre de 1965, el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz solicitó al expresidente Lázaro Cárdenas que fuera a ese estado a investigar qué había pasado. Díaz Ordaz tenía tres informes: el del Ejército, el del gobernador y el de Procuraduría: ninguno coincidía. Dos de ellos, o tres, mentían.

La pregunta de siempre: ¿cómo se informa el presidente? ¿Qué tan veraz es su acceso a la realidad? ¿Qué tanto está “secuestrado” por quienes lo informan?

O puede ser que el problema sea otro. Que estamos en el mundo de la posverdad, y que la verdad no importa. Importa qué tan capaces somos de hacer creer nuestra propia versión de las cosas. El fin puede justificar cualquier falsedad.

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