2024 es un año crucial para el futuro de todo el mundo, donde en diferentes países como Pakistán, India, Indonesia, Rusia, Bangladesh, Taiwán y México, las personas saldrán a las casillas para votar por sus dirigentes. En nuestro país y en el contexto de hoy en día, se avecina un proceso electoral complejo.
Por primera vez en la historia, la posibilidad de que una mujer se vuelva presidenta es una realidad. Junto a ello, también están en juego gubernaturas y diputaciones tanto locales como federales, es decir, se renovará la estructura política del país.
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Por lo que este proceso electoral trae consigo una importante disputa por quien ejercerá los puestos de poder, donde en términos políticos el país está en constante cambio.
Morena durante este sexenio ha tomado fuerza y un porcentaje significativo de simpatía tanto en políticos como en la ciudadanía en general. Mientras que, los partidos tradicionales como el PAN y el PRI experimentan crisis debido a la pérdida de confianza y la deserción de sus militantes ante un partido que promete llevarlos al poder.
De esta forma, se ha observado y se seguirá observando políticos cambiando de bando hacía el que mayor popularidad tiene el día de hoy. Fenómeno que nos hace reflexionar: ¿Hablamos entonces de alternancia política con un nuevo partido que promete transformar al país o alternancia con chapulines que sólo cambian de estandarte, pero siguen velando sólo por sus propios intereses?
Es decir, en realidad estamos ante una transformación con cambios de nombre político de quienes nos representan, pero no un cambio estructural en las ideas, ni un compromiso real por mejorar las condiciones de vida de las y los mexicanos.
Uno de los objetivos de los que se ha hablado explícitamente dentro de Morena, es ganar las elecciones en todos los niveles, sin embargo, esto representa un gran peligro para la democracia.
Si bien quien ostenta el poder en el Ejecutivo es de suma importancia, lo que representa un riesgo más allá de si Claudia Sheinbaum llegue o no a la Presidencia, es quienes tomarán las decisiones en la Cámara de Diputados y Congresos locales.
El verdadero riesgo a la democracia se encuentra en la eliminación de contrapesos y pluralidad de opiniones en las esferas legislativas. Una sociedad democrática necesita diversidad de opiniones para poder tomar decisiones, personas que difieran unas de otras para nutrir las propuestas y cuestionar los caprichos disfrazados de iniciativas innovadoras.
Un congreso donde se siga ciegamente la propuesta de una sola persona y se apruebe sin consideración más allá de quedar bien y tener el favoritismo de aquellos dentro del partido por el que se ejerce, es sumamente peligroso para los derechos de todos y todas.
El no tener voces que difieran y discutan dentro de espacios legislativos implicará que no serán los derechos de la ciudadanía por los que se ejercerán los cargos públicos, si no, por los intereses de que convenga más al partido y quienes detentan el poder bajo este.
Llevándolo a ejemplos que ocurren hoy, si no hubiera contrapesos de otras voces, ya no contaríamos con organismos autónomos como el INE o el INAI. Es decir, el beneficio y los derechos de las y los mexicanos pasarían a segundo plano.
De esta forma, es importante recordar, que la pluralidad de opiniones es necesaria para poder ejercer una democracia que no imponga leyes y acciones que velen sólo por intereses partidistas, la democracia también se trata de contrapesos.