Mi amiga cumple este año sesenta y decidió por fin cumplir su objetivo de estudiar la preparatoria que desde niña era su sueño para después estudiar una carrera corta. Cuando de adolescente quiso continuar sus estudios después de la secundaria, su papá, hecho a la antigua, le dijo que eso no era para mujeres, y le cortó las alas de un machetazo al no dejarla ir al bachillerato. Ahora ingresó a una escuela para adultos mayores, donde la maestra le sale con que somos casi ratones.
¿De dónde salieron tales disertaciones de la maestra? En su primera clase la profa, -como le dicen-, preguntó que si sabían qué era la Filosofía. Mi amiga respondió que la filosofía sirve para preguntarse cuál es el propósito de nuestros actos, y como ejemplo recorrió sus pasos desde la infancia, recuperando su deseo de seguir preparándose para lograr la preparatoria y después una carrera corta, que es su propósito. Señaló: “Para eso sirve la filosofía, para preguntarnos”.
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La maestra respondió que estaba mal porque la filosofía es el amor al conocimiento. Y continuó sin chistar: “¿Qué somos? ¿Somos lluvia, somos agua, es una causa, es una consecuencia?” Y resuelta afirmó: “Si nosotros tuviéramos un cromosoma menos, seríamos como los ratones”. Alguien le preguntó qué es un cromosoma y respondió “¡Ay no me acuerdo!”
Me dice: “¿Qué es eso? Luego habló que los pulpos son extraterrestres. ¡A mí no me quedó nada claro, quedé totalmente confundida y triste porque no le entendí nada!”
Le respondió: “¡¡Nadie!!”
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