En la búsqueda constante de prosperidad, las naciones han tradicionalmente medido su éxito a través del Producto Interno Bruto (PIB), un indicador económico que cuantifica la producción de bienes y servicios. Sin embargo, cada vez más, se cuestiona si este enfoque refleja adecuadamente el bienestar y la felicidad de la sociedad.
Desde hace algunos años Bután, un pequeño reino budista en el Himalaya, situado entre India y China, ha adoptado una perspectiva única al incorporar la "Felicidad Nacional Bruta" (FNB) como un indicador clave, lo cual nos lleva a repensar si será que la felicidad de los pueblos puede ofrecer valiosas lecciones para la economía mundial.
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Y es que Bután, a diferencia de las políticas convencionales de muchos países, ha puesto el bienestar de sus ciudadanos en el centro de su agenda nacional. La Felicidad Nacional Bruta se basa en cuatro pilares: desarrollo sostenible y equitativo, conservación del medio ambiente, preservación de la cultura y buen gobierno. Estos elementos no solo consideran la dimensión económica, sino que abarcan aspectos sociales, culturales y medioambientales, proporcionando una visión más holística del progreso.
Aunque el PIB ha sido un indicador ampliamente utilizado, su capacidad para reflejar el verdadero bienestar de la sociedad es limitada. No considera factores como la distribución de la riqueza, la salud mental, la calidad del medio ambiente y la cohesión social. Es por ello que, al enfocarse exclusivamente en la producción económica, el PIB puede pasar por alto aspectos cruciales que influyen en la felicidad de la población.
A diferencia de lo que pasa en otros países, en Bután todos los grandes proyectos gubernamentales deben pasar el filtro de un “Comité de la Felicidad” antes de ser aprobados por el gabinete y ser presentados al primer ministro.
Esto es tan sólo una muestra de cómo se están gestando en el mundo nuevos modelos alrededor de la ciencia de la felicidad y varias naciones no lo están dejando pasar por alto para utilizarla a su favor para promover no sólo el crecimiento económico, sino la satisfacción de vida de sus ciudadanos.
Más allá de lo que está haciendo Bután, países como Finlandia, Nueva Zelanda, Islandia, Escocia, Gales y Canadá han creado ya una asociación de “Gobiernos para la Economía del Bienestar” para compartir sus experiencias en la búsqueda de un aumento en la felicidad.
El Reino Unido mide la felicidad de su gente desde hace varios años y usa estos datos para focalizar sus políticas asistenciales en los sectores de la población menos felices, que no siempre son los más pobres. Aunado a ello, tanto Reino Unido como Japón han creado “ministerios de la soledad”, con el propósito de combatir a este mal del siglo XXI e incrementar la felicidad. En Nueva Delhi, India, las escuelas han instituido “clases de felicidad” diarias para todos los alumnos de primaria.
Por su parte, nuestro país, al igual que otras muchas naciones, enfrenta desafíos socioeconómicos que van más allá de la mera acumulación de riqueza, por lo que la implementación de un índice de felicidad podría proporcionar una visión más completa del progreso y ayudar a diseñar políticas que aborden las preocupaciones reales de la población.
En este sentido es que considero que vale la pena reflexionar sobre qué lecciones podría obtener nuestro país al considerar la inclusión de múltiples dimensiones en su medición del bienestar como claves del éxito nacional. Esto podría abarcar desde la salud mental hasta la participación cívica y la calidad del medio ambiente.
Basta recordar que Bután ha demostrado que el desarrollo sostenible es esencial para la felicidad duradera, por lo que México podría considerar priorizar prácticas que equilibren el crecimiento económico con la preservación del entorno y la justicia social.
Asimismo, debemos tener presente que México podría fortalecer la participación ciudadana para garantizar que las políticas reflejen verdaderamente las necesidades y deseos de la sociedad, tal y como se hace en Bután donde esto es un componente clave en la FNB.
Reflexionemos en la importancia de replantear los indicadores tradicionales de éxito económico, así como la búsqueda de la felicidad del pueblo mexicano como elementos esenciales de una mejor calidad de vida y bienestar para todos.