Viernes, 22 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

2024: entre la disputa por la nación y el acuerdo posible

La lucha por la Presidencia y el Congreso puede provocar un mayor encono o un gran acuerdo nacional

Lorenzo Diaz Cruz

Doctor en Física (Universidad de Michigan). Premio Estatal Puebla de Ciencia y Tecnología (2009); ganador de la Medalla de la DPyC-SMF en 2023 por su trayectoria en Física de Altas Energías. Miembro del SNI, Nivel lll. Estudios en temas de educación en el Seminario CIDE-Yale de Alto Nivel (2016). 

Viernes, Enero 19, 2024

Casi todos llegamos al final del año con una amalgama de sentimientos e ideas; quizás a unos les habrá ido tan bien que quisieran que el año viejo no terminara nunca, mientras que otros la habrán pasado tan mal que esperarían que el año terminara lo más pronto posible.

Sin embargo, es posible que la mayoría anhelemos tan solo que el año 2024 sea mejor, que nos permita concluir proyectos, alcanzar metas, y sobre todo ser felices, algo que muchas veces se nos olvida, pero que en el fondo es lo que buscamos todos. Para alcanzar esas realizaciones y logros, debemos estar dispuestos a luchar y esforzarnos, algo que dependerá de cada quien.

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Al nivel colectivo, tengo la impresión de que nos acercamos a un final de ciclo, que vivimos una etapa que es una como continuación de lo que vivimos en el siglo pasado. Tuvimos una transición política que, si bien logró la alternancia en los diferentes órdenes de gobierno, no logró dotarnos con el andamiaje institucional de una verdadera democracia. Formalmente existen algunas instituciones, pero la violencia, el crimen organizado, la corrupción e ineptitud, están todavía ahí haciendo muy difícil la vida para muchos sectores de la población. Hay contralorías, comisiones de derechos humanos, pero siguen habiendo abusos e injusticias en muchos lugares.

Ahora estamos iniciando el año 2024, que será un año de gran efervescencia política. Habrá una disputa por muchos cargos, desde la Presidencia de la República, hasta el Congreso y las autoridades locales.

Si pensamos de manera lineal, es de esperarse que dicho proceso político sólo sea una continuación de lo que hemos vivido antes, y que provoque un mayor encono y división. En esta lógica, cada bando hará una lista de los errores del oponente, de sus fallos e inconsistencias, y tratará de convencer a la población que vote por su partido político, porque el otro se ha equivocado más veces. En esta dinámica no es de esperarse que los partidos presenten propuestas a detalle, como el motivo para convencer a los votantes.

Sin embargo, la realidad está ahí, con un nivel de vida aceptable para los sectores más privilegiados, pero donde resaltan las carencias de la mayoría de la población. Así pues, me parece que quienquiera que llegue a la Presidencia tendrá que lidiar con la realidad, y no tendrá el carisma o cinismo, según las simpatías políticas de cada quien, para alegar que tiene otros datos.

En ese contexto cabe preguntarse si existen otras alternativas, si hay otros caminos por los que pudiera transcurrir el proceso político que se avecina. Es decir, si en lugar de una mayor división y encono fuese posible concebir un escenario diferente, por ejemplo que, al concluir el proceso electoral pudiera generarse un gran acuerdo nacional.

¿Qué podría incluir dicho acuerdo, y que se necesita para que pudiera ocurrir? Como dicen los versos de “Imagine” de John Lennon, “You may say I am a dreamer, but I am not the only one …”; yo también me declaro un idealista que puede soñar con que las cosas sean diferentes. Algunos puntos a discutir podrían ser los siguientes:

1. En primer lugar, se necesita que todos los partidos reconozcan, explícita e implícitamente, que es un derecho de los otros partidos y simpatizantes pensar y elegir de manera diferente, que ninguno es poseedor de la verdad absoluta, ni del derecho absoluto para tener el poder, el cual como dice la Constitución “emana del pueblo”. No se vale que una parte afirme que la reacción es perversa y que está moralmente derrotada, cuando muchos de sus políticos pasan de un bando a otro sin el menor rubor. O bien que los otros acusen de chairos o ignorantes a todos los que simpatizan con la 4T. La preferencia por una corriente política puede ser más compleja; obedecer una tradición o costumbre que tiene poco de racional, y en general se parece más a la simpatía por un equipo de futbol que a una decisión lógica.

2. Sería deseable que cada partido especifique los aspectos en los que coincide con la propuesta de los otros, y luego decir claramente que es lo que propone diferente. No es creíble que se afirme que absolutamente todo lo que hace el otro esté mal. Por ejemplo, cuando se le pregunta a las personas anti-4T, qué es lo que rescatarían del actual gobierno, muchos dicen que el programa de ayuda a los adultos mayores es algo que debería mantener un gobierno que fuera del PAN o el PRI.

3. También está el tema de la corrupción, y en este rubro sería deseable que cada partido deje muy claro que no habrá ninguna protección o defensa inmediata de los suyos cuando se les compruebe algún ilícito, alegando que hay una persecución política. Quien haya abusado, y se le  haya probado, debe ser castigado y ya.

4. Entre los temas que deben considerarse como parte de una agenda transexenal, debe incluirse la política educativa, científica y tecnológica, ya sea que se consideren  como herramientas para la formación de la población, o como agentes del desarrollo económico, e incluso como nuestra mejor herramienta para enfrentar retos nuevos, como las pandemias o el cambio climático.

5. Todos los partidos políticos deben reconocer los derechos de las minorías, como una forma de reconocer la diversidad de nuestro país. Se debe también rechazar el clasismo y el racismo que domina buena parte de la visión de las elites. Debe propiciarse un cambio cultural que logré que patrones estéticos de los medios de comunicación representen a la mayoría de la población.

En resumen, debería ser posible que todos los partidos políticos identifiquen aquellos puntos en los que coinciden, para así construir una agenda nacional que nos permita superar los problemas tan serios que aquejan a nuestra nación. Atrás deben quedar las visiones maniqueas, excluyentes y simplistas para dar paso a una agenda política moderna, que respete y considere a los ciudadanos mexicanos del siglo XXI como seres pensantes.

 

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