“Cuánta humanidad con hambre, frío, pánico, dolor, presión moral, terror y locura".
"Somos cinco mil", el último poema de Víctor Jara, del 15 de septiembre de 1973.
«”¡A ese hijo de puta me lo traen para acá”, gritó el oficial apuntando con su dedo a Víctor Jara, quien junto a unos 600 profesores y estudiantes de la UTE ingresábamos prisioneros con las manos en la nuca, a punta de bayonetas y culatazos al Estadio Chile la tarde del miércoles 12 de septiembre de 1973», narra Boris Navia Pérez, sobreviviente de la masacre del Estadio Chile. Allí permaneció cuatro días, en los que fue torturado sucesivas veces, le fracturaron las manos a culatazos, lo sometieron a simulacros de fusilamiento y lo mantuvieron aislado y sin alimentos.
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"¡A ese hijo de puta me lo traen para acá! gritó el oficial apuntando con su dedo a Víctor Jara […]. ¡A ese hijo de puta me lo traen para acá! repitió iracundo el oficial…. […]. ¡A ese huevón! ¡A ese!", se lee en el testimonio que Boris Navia pronunció en un acto de homenaje a Víctor Jara en 2006. “Víctor yace en el suelo. Y no se queja. Ni pide clemencia. Sólo mira con su rostro campesino al torturador fascista. Este se desespera. Y de improviso desenfunda su pistola y pensamos con pavor que la descerrajará sobre Víctor. Pero ahora le golpea con el cañón del arma, una y otra vez”.
“El sábado 15 de septiembre, Víctor sentado entre nosotros me pide lápiz y papel. Yo le alcanzo esta libreta, cuyas tapas aún conservo. Y Víctor comienza a escribir, y escribe, escribe, con el apremio del presentimiento. De improviso, dos soldados lo toman y lo arrastran violentamente hasta un sector alto del Estadio”, cuenta Boris. Será la última vez que sus compañeros vean vivo a Jara. Esa noche, cuando son trasladados al Estadio Nacional ven su cuerpo acribillado tirado junto a otros cuarenta cadáveres.
El día 19 sus restos fueron encontrados en las cercanías del Cementerio Metropolitano, con 44 impactos de bala.
“Esa misma noche, ya en el Nacional, lleno de prisioneros, al buscar una hoja para escribir, me encontré en mi libreta, no con una carta, sino con los últimos versos de Víctor, que escribió unas horas antes de morir y que él mismo tituló ‘Estadio Chile’, conteniendo todo el horror y el espanto de aquellas horas. Inmediatamente acordamos guardar este poema. Un zapatero abrió la suela de mi zapato y allí escondimos las dos hojas del poema”.
No fue sencillo igual que esos versos llegaran a nosotros. Navia y sus compañeros hicieron dos copias más que entregaron a detenidos que iban a ser liberados. Uno es descubierto y mediante la tortura logran que señale a Boris a quien le quitan el poema de puño y letra de Jara y lo torturan durante horas. “Yo sabía que cada minuto que soportara las flagelaciones en mi cuerpo, era el tiempo necesario para que el poema de Víctor atravesara las barreras del fascismo. Y con orgullo debo decir que los torturadores no lograron lo que querían. Y una de las copias atravesó las alambradas y voló a la libertad y aquí están los versos de Víctor, de su último poema”.
Somos cinco mil | de Víctor Jara
Somos cinco mil aquí.
En esta pequeña parte de la ciudad.
Somos cinco mil.
¿Cuántos somos en total
en las ciudades y en todo el país?
Somos aquí diez mil manos
que siembran y hacen andar las fábricas.
¡Cuánta humanidad
con hambre, frío, pánico, dolor,
presión moral, terror y locura!
Seis de los nuestros se perdieron
en el espacio de las estrellas.
Un muerto, un golpeado como jamás creí
se podría golpear a un ser humano.
Los otros cuatro quisieron quitarse todos los temores,
uno saltando al vacío,
otro golpeándose la cabeza contra el muro,
pero todos con la mirada fija de la muerte.
¡Qué espanto causa el rostro del fascismo!
Llevan a cabo sus planes con precisión artera sin importarles nada.
La sangre para ellos son medallas.
La matanza es acto de heroísmo.
¿Es éste el mundo que creaste, Dios mío?
¿Para esto tus siete días de asombro y trabajo?
En estas cuatro murallas sólo existe un número que no progresa.
Que lentamente querrá la muerte.
Pero de pronto me golpea la consciencia
y veo esta marea sin latido
y veo el pulso de las máquinas
y los militares mostrando su rostro de matrona lleno de dulzura.
¿Y Méjico, Cuba, y el mundo?
¡Que griten esta ignominia!
Somos diez mil manos que no producen.
¿Cuántos somos en toda la patria?
La sangre del Compañero Presidente
golpea más fuerte que bombas y metrallas.
Así golpeará nuestro puño nuevamente.
Canto, que mal me sales
cuando tengo que cantar espanto.
Espanto como el que vivo, como el que muero, espanto.
De verme entre tantos y tantos momentos del infinito
en que el silencio y el grito son las metas de este canto.
Lo que nunca vi, lo que he sentido y lo que siento
hará brotar el momento…
***
Henry Kissinger, una figura emblemática de la diplomacia estadounidense durante la década de los años setenta, murió este miércoles a los cien años en su casa de Connecticut.
Como estratega de la política exterior estadounidense durante los turbulentos años sesenta y setenta del siglo pasado, Kissinger detentó un enorme poder.
Pese a ser un protagonista polémico de la Guerra Fría, en 1973 fue galardonado con “el premio Nobel de la Paz”, fue responsable de atrocidades como los bombardeos aéreos secretos de EE. UU. en Camboya, nación a la que acusaba de dar refugio a los guerrilleros comunistas de la vecina Vietnam, así como promotor y asesor de golpes militares en América Latina y “Operación Cóndor”, que consistió en perseguir, torturar y eliminar a integrantes de izquierda, grupos guerrilleros y civiles.
En México, durante los gobiernos de Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría, José López Portillo, incluyendo a Carlos Salinas, Ernesto Zedillo a Peña Nieto, similares escenarios ocurrieron con crueldad, siendo bitácoras completas de los aviones Arava, no dejan lugar a la imaginación: en cinco años (1974 y 1979) el Ejército mexicano realizó al menos 54 vuelos nocturnos de la muerte, una operación mediante la cual cientos de mujeres y hombres que habían sido ejecutados momentos antes con un disparo en la nuca fueron lanzados al océano Pacífico, aun cuando algunas todavía vivían. Ésto, bajo órdenes de los presidentes de la República.
El discurso de odio contra una sociedad que se pronuncia contra la oligarquía y gobiernos que se apegan a modelo económico y político neoliberal, dan como resultado naciones empobrecidas, perdiendo soberanía, reduciendo educación, servicios públicos, etcétera, razón por la cual, emprenden el camino tortuoso de ir construyendo una incipiente democracia que se ajuste a la legalidad que ellos insisten en retornar en su apetito voraz.
Esa partidocracia y oligarquía, recurren al vituperio, falsas noticias, sembrar odio de que “son un peligro para México”, de que “son comunistas y populistas, donde el reflejo inmediato lo tenemos en sus plumas y voces adoctrinadas que se apegan al dictamen preestablecido de odio, cuyas cabezas visibles son Claudio X. González y Gustavo de Hoyos.
Tenemos a Vicente Fox cierra cuenta de X, tras polémica al llamar "dama de compañía" a Mariana Rodríguez, no porque así lo consideró ante su torpeza, y sí porque le ordenó el mismo X. González. En cuanto a Xóchitl Gálvez, precandidata presidencial del Frente Amplio por México, acudió por segundo día consecutivo a la Feria Internacional del Libro y protagonizó un desaguisado durante su participación en el foro FIL Pensamiento, cuando la periodista Patricia Flores le preguntó: "Xóchitl, ¿cómo se llama tu libro?", a lo que no respondió.
Flores insistió: "Xóchitl, ¿cómo se llama tu libro"?, fue entonces que Gálvez reaccionó para alcanzar un ejemplar que estaba en la mesa y leyó el título: "este... soy cabrona y media", dijo y soltó una carcajada. El libro inspirado en la biografía de Xóchitl Gálvez fue escrito por el autor Raciel Trejo. Libro por encargo de Claudio X.
Roberto Gil Zuarth, Joaquín López Dóriga y otros, ponen en evidencia a Fox como a Xóchitl, al primero, por ser reiterativo en mensajes de odio, vulgar y sexista; en cuanto a Xóchitl, por no despegar ni avanzar en su imagen. Además de la triada PRIAND y X. González, también Max Cortázar, su asesor de “imagen y propaganda”
Entre criminalidad y golpismo, el capitalismo llámese neoliberal o “libertario”, es el tono nacifascista.
Fuentes:
RT. Matar al pájaro, callar al pueblo: el vil asesinato de Víctor Jara
Canal Abierto. “Somos cinco mil”, último poema de Víctor Jara, 11 de septiembre
Rodríguez, Jacinto y Reveles, José. Cinco años de vuelos de la muerte. FD investigaciones, 30 de noviembre de 2023