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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Mi mamá no me enseñó a rezar

Primero estás feliz con Dios en tu interior llamándolo por su nombre, y después sales al mundo

Alejandra Fonseca

Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes
 

Viernes, Noviembre 3, 2023

Para Betty con profunda gratitud

Confieso que la etapa más feliz de mi vida en el ámbito profesional fue hace 36 años, cuando el Dr. Alejandro Antonio Carcaño Martínez (QEPD), síndico Municipal en la administración del Lic. Guillermo Pacheco Pulido, me invitó a llevar a cabo el Programa Municipal de Atención a las Persona dedicadas a la Prostitución (hombres y mujeres) que él dirigió, donde lo fundamental era que aprendieran y practicaran sus Derechos y Obligaciones Humanas y vivieran de acuerdo.

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Desde el inicio del programa, el aprendizaje fue mutuo y se potencializó; fue intenso y extenso: intenso por la transformación radical en el interior de quienes participaron y en cada una de nosotras; y extenso por el tiempo que duró de manera oficial, 25 años.

Segunda confesión: tanto tiempo e intensidad en la convivencia convirtió a algunas de ell@s en mejores amig@s. Pero lo que me dejó una huella indeleble, desde el inicio de nuestra convivencia fue su fe. Nunca antes en mi vida laica, de crianza en diversos ámbitos religiosos, había permeado en mí tal ejemplo de devoción y cumplimiento de sus creencias; aprendí la entrega total; la infatigable fe, veneración en rezo y prácticas; la adoración y sumisión absoluta a un único Poder Supremo que cada quien llama con un nombre distinto: aprendí con ell@s, aprendí dey de ell@s, porque viven de manera honda y profunda la firmeza de su esperanza con dedicación sin escatimar tiempo ni recursos; al percibirlo, me dije, “Yo quiero ser como ell@s cuando encuentre lo que me consuela”.

Mi mamá nunca me enseñó a rezar, y lo agradezco porque recuerdo que de niña gozaba de una profunda e innegable pertenencia a Dios que, por algunas circunstancias perdí, iniciando en mi vida una incansable, interna e íntima búsqueda para encontrar mi propio camino e identificar el nombre de mi Dios; cierto, dando muchos tumbos y traspiés; rebotando entre las mil y un paredes contra las que me topé en mi trayecto, pero lo que fue mi guía y derrotero inamovible para no sentir que mi búsqueda sería vana, era lo que aprendí con aquellas personas que me mostraron infinita fe y entrega: primero estás feliz con Dios en tu interior llamándolo por su nombre, y después sales al mundo.

 alefonse@hotmail.com

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