La más reciente entrega de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI correspondiente al tercer trimestre de 2023 viene a robustecer la hipótesis de que la percepción de inseguridad en las principales ciudades del país se debe a que las personas encuestadas han presenciado o escuchado disparos frecuentes de armas de fuego en los alrededores de su vivienda.
Este hallazgo indica que ni el consumo de alcohol en las calles ni la venta y consumo de drogas, tampoco el robo o asalto, tienen la misma correlación con la percepción de inseguridad que haber estado presente en el lugar donde fue disparada un arma de fuego o haber escuchado sus detonaciones.
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Es decir, a los ciudadanos en general ya no les da miedo ver que jóvenes o adultos consuman alcohol o drogas ilícitas en las calles, tampoco que les roben o asalten en la vía pública; pareciera que han perdido la sensibilidad o les es indiferente el alto nivel de violencia al que están expuestos todos los días. Que suban o bajen los robos o asaltos ya no se traduce en un incremento o disminución de la percepción de inseguridad, respectivamente como lo sostienen algunos expertos en la materia.
En esa dirección apunta el hecho de que la ciudad de Fresnillo, Zacatecas haya ocupado el primer lugar en percepción de inseguridad a nivel nacional con un 95.4% y primer lugar en registro de disparos frecuentes de armas de fuego con 77.2%
Por su parte Ciudad Obregón, Sonora se posicionó en el segundo lugar en percepción de inseguridad con 92.3% y en cuarto sitio en materia de disparos de arma de fuego con 69.7%
Mientras que en la parte baja de la tabla, la alcaldía Benito Juárez de la Ciudad de México se ubicó en el último lugar (75) en percepción de inseguridad con solo el 15.8% y antepenúltimo (73) en disparos de arma con un 5.6%, mejor que San Padro Garza García, Nuevo León, que siempre había aparecido como el mejor lugar para vivir en términos de seguridad según sus propios habitantes.
Le siguió Puerto Vallarta, Jalisco, que ocupó el lugar 71 en percepción de inseguridad con 22.5% y último lugar (75) en disparos de arma con solo 4.9%, uno de los más bajos históricos, solo superado por Mérida, Yucatán, que en este trimestre registró 0% en disparos armas de fuego, pero con un 27.1% de percepción de inseguridad.
Por último, Piedras Negras, Coahuila, se posicionó en el lugar 74 (penúltimo) en percepción de inseguridad con 19.7% y lugar 72 en materia de disparos de armas de fuego con un 5.9%.
En términos cuantitativos, el caso más emblemático es el de Fresnillo ya que si el 77.2% de sus 240 mil habitantes (2022, INEGI) presenció o escuchó disparos de arma de fuego en los alrededores de su vivienda, lo que equivale a que en dicha ciudad deben circular ilegalmente al menos 165 mil armas y debido a que fueron accionadas en algún momento, sus habitantes se sintieron inseguros, independientemente de que corran riesgo o no por la presencia de este tipo de artefactos.
En sentido contrario, en Puerto Vallarta, solo 4.9% de sus 292 mil habitantes, manifestaron haber presenciado o escuchado disparos de arma de fuego, por lo que el número de éstas podría rondar las 14,300 unidades, es decir once veces menos que las 165 mil de Fresnillo que tiene menos habitantes.
Resultado de esta correlación es que más de 9 de cada 10 fresnillenses se sintieron inseguros de vivir en su ciudad entre julio y septiembre de 2023, mientras que menos de 2 de cada 10 habitantes de la alcaldía Benito Juárez manifestaron lo mismo, un verdadero reto para las autoridades de los tres órdenes de gobierno para disminuir la sensación de miedo y abandono.
Desafortunadamente para el caso de Puebla capital, la situación es más parecida a la de Fresnillo (con casi 8 de cada 10 habitantes que se sienten inseguros), que a la de la alcaldía Benito Juárez de la capital del país, por lo que el reto es el mismo de los últimos ocho años, a escasos ocho meses de que los poblanos elijamos a un nuevo presidente municipal y un nuevo gobernador.
Muestra de ello son los nueve asesinados con disparos de arma de fuego del pasado 23 de octubre, 7 en San Miguel Canoa y 2 en los límites del municipio de Puebla con Cuautinchán, cuyos casos ya comienzan a confrontar a los gobiernos municipal y estatal, así como el Congreso local en voz de uno de los diputados de Morena, quien acusa de omisa a la titular de la Secretaría de Seguridad Ciudadana municipal, argumentando que ya sabía de la existencia del picadero de droga ubicado en Canoa y no hizo nada para evitar el homicidio múltiple.
En este contexto de percepciones y correlaciones cobra relevancia el combate al tráfico de armas que como se alcanza a observar no solo impacta en el número de víctimas de homicidio doloso que ya superan los 169 mil 200 en lo que va del actual sexenio, sino también en la percepción de inseguridad.
Sin embargo todo lo iniciado por nuestro país en la materia ha quedado en suspenso tras la salida del gabinete del todo poderoso Marcelo Ebrard Casaubon, quien fue uno de los impulsores de las demandas en contra de los fabricantes e importadores de armas en los Estados Unidos, así como de la persecución política en contra de quienes a su parecer fueron responsables del ingreso al país de 2 mil 500 armas durante la fallida operación “Rápido y Furioso”, cuando en la presente administración- dicho por el propio Ebrard- ingresan cada año al país 200 mil armas, es decir 80 veces más que durante el multicitado operativo que duró poco más de un año, sin embargo su esfuerzo se limitó a reuniones binacionales, discursos y acusaciones.
Por esta y otras razones cada día que pasa el excanciller se parece más al personaje de Francisco Gabilondo Soler, “Cri-Crí”, quien al sentirse rechazado por sus propios compañeros se la pasa llorando por todos los rincones, incluidos los de Movimiento Ciudadano.