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Viernes, 15 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Las No-Convocatorias de la BUAP

El objetivo es eliminar la participación de los(as) universitarios(as) independientes

Guadalupe Grajales

Licenciada en Filosofía por la UAP con Maestría en Filosofía (UNAM) y Maestría en Ciencias del Lenguaje (UAP). Candidata a doctora en Filosofía (UNAM). Ha sido coordinadora del Colegio de Filosofía y el posgrado en Ciencias del Lenguaje (BUAP), donde se desempeña como docente. Es la primera mujer en asumir la Secretaría General de la BUAP.

Martes, Septiembre 19, 2023

El pasado martes 12 de septiembre se emitió con el mayor sigilo la convocatoria para la elección de los integrantes de los Consejos de Unidad Académica.

Entre el martes 12 y el día del registro de fórmulas que es el miércoles 20 sólo hay tres días hábiles: el 13, el 18 y el 19, pues el jueves 14 se dedicó a la fiesta por la Independencia y el viernes, sábado y domingo fueron inhábiles.

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Las elecciones son el viernes 13 de octubre, un viernes negro y se podría decir ¡cuánto tiempo dedicado a la elección de la máxima autoridad de las unidades académicas! ¡Todo un mes! Pero esto es una ilusión porque todo el proceso electoral se inicia con el registro para el cual los universitarios(as) sólo tienen tres días para organizarse, y tan sólo un día para solicitar los documentos en Recursos Humanos y en la Dirección de Administración Escolar, pues en la convocatoria dice que podrán solicitarlos hasta dos días antes del registro, o sea, el lunes 18.

¡¡UN DÍA!!

Obviamente esta es una NO-Convocatoria. Está pensada y elaborada para que no participen ni estudiantes, ni docentes, ni trabajadores(as) administrativos(as).

Por supuesto que van a participar algunos, en su enorme mayoría “dedeteados” por autoridades personales y funcionarios de todos los niveles.

Lo absurdo de esta “convocatoria”, firmada por la Secretaría General de la Universidad y por las 44 autoridades personales de las unidades académicas, no sólo se reduce al tiempo dedicado para tener los documentos requeridos, un día, sino a su fundamento; se citan como base los “acuerdos del Consejo Universitario de la Institución aprobados en la Novena Reunión y Octava Sesión Extraordinaria del 29 de octubre del 2020, en la Primera Reunión y Primera Sesión Extraordinaria del 28 de enero del 2021”, o sea, acuerdos elaborados cuando estábamos en plena pandemia.

La razón de estos “fundamentos” es que la votación será electrónica. Así lo dice la Base “1. Las personas representantes de cada sector serán electas mediante voto electrónico, sectorial, individual, libre, directo y secreto de quienes integran el sector que corresponda”; y como ya es costumbre en todos los procesos de elección de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, el voto, si es que no votan por ti, es con “orejeras”: te buscas en un padrón que no es público, pues no se da a conocer, sino que tú te buscas en lo “oscurito”; pero como votante violan tu derecho a conocer quiénes más integran el padrón electoral y cómo está distribuido este padrón. Tu derecho no se agota con estar en el padrón, tu derecho incluye saber quién más está y si tiene derecho a estar o no. O quién no está y por qué no está si es que tiene derecho a estar.

La enorme manipulación de las elecciones en la BUAP no sólo les resta cualquier representatividad a los consejeros electos, sino que además tiene el objetivo primordial de convencerte de que no tiene ningún caso que te organices con tus compañeras y compañeros para tener una voz en la máxima autoridad de tu unidad académica.

Te quieren convencer de que esto de hacer política nada más es para los que ya tienen el poder, que es un asunto de darle la vuelta o reciclarse la misma casta que tiene el control de todos los procesos de elección. En pocas palabras, participar es una “pasión inútil”.

Claro, el objetivo es hacerte decir, entre resignado(a) y compungido(a): “las cosas son así”, o “Así son las reglas”. ¡Pero estas no son reglas! Son marrullerías. En cualquier elección que se respete de democrática no se les ponen trampas a los que quieren participar, pidiéndoles documentos de un día para otro, mismos que emiten las oficinas en manos de la administración central interesada en coartar y obstaculizar la participación de la comunidad universitaria.

Tampoco es parte de las reglas sacar padrones “ciegos”, ni “decretar” el voto electrónico en ausencia de su causa que fue la pandemia por el Covid-19. ¿Hasta cuándo van a seguir pidiendo el QR si el propio Consejo Universitario votó que no era necesario para ingresar a las instalaciones universitarias? ¿Hasta cuándo van a seguir “acomodando” los procesos de elección en los puentes y días feriados para inhibir la participación de todos(as) nosotros(as)?

El problema con este control férreo es que no atiende los múltiples problemas que aquejan a las y los universitarios, pues cualquier asunto fuera de su control es considerado un peligro para su permanencia como grupo en el poder. Y eso es lo único que cuenta. La universidad, su función y sus responsabilidades frente a estudiantes en cuanto a garantizarles la mejor educación posible, además de gratuita; frente a las y los docentes en cuanto a garantizarles el salario que corresponda a su trabajo especial; frente a las y los trabajadores(as) administrativos(as) en cuanto a garantizarles las mejores condiciones laborales, es lo de menos.

Con sus convocatorias ad hoc, la administración central ha encontrado el camino perfecto para “cumplir” con lo que señala la legislación universitaria, no es casual que en el Estatuto propuesto las modalidades de las elecciones se remitan a las convocatorias “correspondientes”. Con estas marrullerías estamos en la más completa indefensión.

En lugar de defender el voto secreto se amenaza con el voto electrónico, en lugar de defender el voto libre, se deja fuera a los candidatos independientes, en lugar de defender el voto directo se promueve el voto corporativo a través de reuniones convocadas para “ponerse de acuerdo”.

Hace más de tres décadas que se ha venido minando el rol del genuino legislador universitario a tal grado que se ha perdido la fuerza para tener a las y los representantes que realmente velen por nuestros intereses y no por los de quienes ocupan los cargos de dirección y de administración.

¿No les parece a ustedes de la mayor importancia denunciar las más flagrantes violaciones a la participación democrática y cuestionar la “autoridad” de estos representantes?

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