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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Sólo se trata de vivir

La educación para la vida afortunadamente está cada vez más presente en la investigación educativa

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Septiembre 18, 2023

…Creo que nadie puede dar,
Una respuesta, ni decir
Qué puerta hay que tocar
Creo que a pesar de tanta melancolí­a
Tanta pena y tanta herida,
sólo se trata de vivir…
Litto Nebbia. Sólo se trata de vivir

 

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La semana pasada preparando una de mis clases sobre el tema de valores y práctica docente me encontré con un video que utilizamos en una de las sesiones de la semana para comentar la relación entre estos dos elementos fundamentales en toda práctica de los profesores que pueda, con fundamento, ser calificada de educativa.

Se trata de una charla breve, impartida por el maestro español José Antonio Fernández Bravo, que puede consultarse en esta liga: https://www.youtube.com/watch?v=vSr-rTHSk6I La charla comienza con una afirmación que me parece fundamental para pensar lo que hoy se llama educación para la vida y que afortunadamente está cada vez más presente al menos en el discurso, los documentos y la investigación educativa. El ponente afirma que “además de enseñar asignaturas a partir de la vida real, hay que enseñar vida a través de las asignaturas”.

“El concepto de rectángulo no es importante si te ha amargado la vida. Yo creo que es importante que a través del rectángulo que a través del rectángulo tú seas más listo y mejor persona…” sigue diciendo el profesor Fernández Bravo en la introducción de su charla.

En síntesis, en el video cuenta su experiencia una vez que entró a un grupo escolar con niños pequeños y después de dibujar un rectángulo, recibió comentarios de los niños diciendo que le faltaban los ojos y la nariz y la boca, para luego empezar a cantar juntos a coro: “el rectángulo tiene ojos, el rectángulo tiene orejas, el rectángulo tiene nariz, el rectángulo es feliz”.

Los pequeños alumnos le contaron a este profesor que eso se los había enseñado su maestra. Ante ello, el expositor de esta charla comenta que pensó que tenía dos opciones: la primera era la de descalificar a la profesora que les enseñó la canción y decirles que estaba equivocada y que el rectángulo no tiene ojos, ni orejas, ni nariz, sino que es una figura geométrica con x características. La segunda estrategia era la que decidió adoptar con el grupo: decirles que la canción era muy interesante y bonita y que si se la podían enseñar, que él quería aprenderla. Terminó esa sesión cantando con ellos la canción del rectángulo feliz.

El maestro Fernández explica que optó por esta segunda vía, porque cree sinceramente que hay que mostrar respeto y aprecio por las experiencias y saberes de los niños para poder establecer un clima apropiado para que desarrollen su deseo de aprender y lograr que las cosas que aprenden sean entendidas, asimiladas e incorporadas de manera significativa a su vida. Por otra parte, yo considero que el profesor mostró con esta decisión también un gran respeto por su colega, la maestra que enseñó a los niños utilizando la estrategia de poner ojos, orejas y nariz al rectángulo y cantar una canción, en lugar de hacer lo que muchos docentes cuando sucede algo similar, que es desacreditar al profesor o profesora que consideran que enseñó mal un concepto o un tema a los estudiantes y mostrar una actitud de superioridad que mande el mensaje: “yo si sé este tema, el otro profesor no”.

Al día siguiente, el profesor que imparte esta charla volvió a entrar a la misma aula y les dijo a los educandos que él se sabía otra canción sobre el rectángulo y les preguntó si querían aprenderla. Todo el grupo respondió con entusiasmo que sí y entonces él les enseñó el concepto geométrico de rectángulo con otra canción. La razón por la que los niños quisieron aprender la canción del profesor, según afirma él mismo, fue que primero él había mostrado interés y aprendido la canción que ellos sabían.

Esto es un ejemplo de que una actitud empática, respetuosa que valora las experiencias y saberes previos de los educandos logra que ellos se interesen por saber más y estén atentos a lo que el educador les va planteando para facilitar nuevos aprendizajes. Si yo me intereso en tu mundo y valoro lo que tú sabes, tú seguramente te interesarás por el mío y valorarás también mis saberes y experiencias.

Lo anterior, afirma Fernández Bravo, no significa que perdamos el rumbo y dejemos de lado que la meta de toda buena educación es el saber. Pero cuando se habla de saber, se habla por un lado de saborear el conocimiento adquirido y hacerlo parte de la vida y por otra parte, también ser habla del saber estar, del saber ser, del saber convivir y del saber sentir. De manera que las asignaturas no son fines, sino medios para desarrollar a las personas.

Para mí este breve y simple video fue una fuente muy significativa de reflexión sobre mis actitudes y estrategias frente a mis propios estudiantes y mi empatía e interés real por sus historias, experiencias y saberes que pueden ser, por una parte, puntos de partida motivantes, disparadores del interés por seguir aprendiendo de forma continua.

Desafortunadamente creo y he observado y dialogado con docentes durante más de tres décadas, y sigue predominando muchas veces la visión vertical que asume que el profesor es quien posee el saber y que los estudiantes llegan en cero, son una tabula rasa sobre la que hay que escribir las respuestas y las puertas que hay que tocar para desarrollar el aprendizaje e incluso para vivir la vida personal y asumir la convivencia ciudadana y el compromiso social.

Tal parece que la educación familiar y escolar parte siempre de una especie de manual o instructivo que indica exhaustivamente lo que es el ser humano, el conocimiento, el bien y la convivencia justa y pacífica que simplemente hay que transmitir de manera eficaz y persistente hasta dejarlo tatuado en la memoria de los niños y adolescentes.

Quien observe el día a día de muchas aulas y escuelas podrá constatar esta perspectiva que parte de la falsa concepción de que los educadores podemos dar todas las respuestas para conocer, vivir, estar, ser, convivir y sentir, que sabemos cuál puerta hay que tocar para resolver cualquier clase de problema que la vida les presente a los niños, adolescentes y jóvenes.

La lección del rectángulo feliz nos deja un mensaje muy claro de que esta concepción es falsa y sólo aparente, que no sabemos todas las respuestas ni tenemos el instructivo ni la idea clara de las puertas que hay que tocar en cada situación existencial o social.

Tal vez sea el momento de aprender de esta lección de humildad y situarnos en una relación horizontal, empática, respetuosa e interesada en los saberes previos y las preguntas de los niños y asumir que “…nadie puede dar una respuesta, ni decir qué puerta hay que tocar…” y que la educación en el fondo tiene un mensaje central que comunicar a cada educando: “…que a pesar de tanta melancolía, tanta pena y tanta herida, sólo se trata de vivir…”

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