El interés y crecimiento de la Práctica Reflexiva como propuesta de desarrollo profesional proviene en gran parte de los trabajos de Donald Schön (1987) utilizados ampliamente por formadores interesados en la formación de docentes y de profesionales reflexivos. La alternativa de Schön (1983) para contrarrestar la racionalidad técnica es la reflexión sobre el conocimiento en la acción…la Práctica Reflexiva, desde la perspectiva de este autor, nos ofrece un nuevo significado: “reflexión sobre la acción” y “reflexión en la acción”, como lo expresa Schön, dando a entender dos elementos constitutivos de la Práctica Reflexiva. Por un lado, manifiesta la interacción entre la acción, el pensamiento y el ser, y por otra parte, señala la inmediatez de la reflexión-acción como algo inseparable y que expresado en forma coloquial significa que el profesional “piensa sobre la marcha”.
Angels Domingo. La Práctica Reflexiva: un modelo transformador de la praxis docente, pp. 9-10.
El tema de la formación docente entendida desde la perspectiva del desarrollo de profesionales reflexivos da para escribir muchas páginas y de hecho ha generado un gran cuerpo de literatura publicada en artículos y libros tanto de investigación como de teoría y metodología. Por esta razón, vuelvo y avanzo hoy sobre los planteamientos del sustancioso artículo de Angels Domingo del que se ocupó este espacio en la entrega anterior.
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En esa entrega previa partimos de que la docencia es una actividad compleja, que requiere centrarse en el aprendizaje de cada estudiante tomando en cuenta su contexto social y cultural, que es inseparable de la dimensión ética pues produce un bien personal y social y requiere por tanto de un desarrollo de saberes docentes que se vaya acrecentando a través de la práctica reflexiva de su quehacer en el aula, porque no es lo mismo un año de experiencia repetido veinticinco veces que veinticinco años de experiencia educativa.
Domingo plantea en su artículo, como se dijo también, que este modelo de práctica reflexiva es totalmente distinto al de la formación del profesorado entendida como la capacitación técnica en la que se aprenden ciertos métodos, actividades y rutinas que deben ser aplicadas eficientemente, pero sin la reflexión y la conciencia del por qué y el para qué se aplican.
Pero, ¿qué significa la práctica reflexiva?, ¿cómo se forma a los docentes reflexivos que demanda la complejidad del proceso educativo, sobre todo en estos tiempos de cambios acelerados y retos globales de gran calado?
En primer lugar, es fundamental retomar a los precursores de esta propuesta de la docencia como práctica reflexiva para entender de qué se está hablando y para aprender e ir innovando en los métodos para realizar esta formación que en nuestro país puede y debería promoverse de manera más decidida y eficaz -puesto que en las escuelas normales no se trata de algo desconocido, dado que se ha planteado y aplicado aunque de forma todavía no consolidada- en esta coyuntura de cambio de modelo educativo y de aplicación de nuevos planes y programas de estudio con sus respectivos -y muy polémicos- libros de texto gratuito.
Uno de los autores más representativos y conocidos en este enfoque es Schön, quien como afirma la autora del artículo citado plantea que para contrarrestar el paradigma de formación técnica es la reflexión sobre el conocimiento en la acción. Esta reflexión contiene dos vectores o momentos que están dialógicamente relacionados y que se influyen de manera recursiva y retroactiva en un bucle virtuoso. Los dos vectores son el de la reflexión sobre la acción y el de la reflexión en la acción.
El primer vector implica que los docentes en formación y los profesores en servicio desarrollen las habilidades necesarias para reflexionar sobre su práctica; es decir, que sean capaces de recuperar lo hecho en clases y analizarlo, sistematizarlo, pensarlo de forma inteligente, cuestionarlo autocríticamente y sacar conclusiones para la toma de decisiones hacia la instrumentación de las mejoras necesarias para enriquecer el proceso de aprendizaje.
Por otra parte, el segundo vector implica, como lo dice la cita que sirve de epígrafe hoy, que el docente desarrolle también las capacidades necesarias para reflexionar sobre la marcha, para pensar su práctica en el momento en el que está ejerciéndola, con un pensamiento estratégico y no programático, es decir, un pensamiento que no sigue al pie de la letra y ciegamente lo planeado sino que tiene claros los objetivos a lograr y las estrategias generales para hacerlo pero es capaz de mirar de forma flexible e ir adaptando las acciones según lo que va observando que ocurre en sus educandos en una o varias sesiones de clase.
El método para desarrollar progresivamente un mejor pensar sobre la práctica y pensar en la práctica tiene tres dimensiones fundamentales que son fuente para el desarrollo de los saberes docentes. En primer lugar, la experiencia personal derivada de la historia de cada profesor o profesora, en segundo lugar, el escenario profesional en el que desarrollan su labor y por último, la reflexión acerca de la práctica desde el análisis de las dos dimensiones anteriores.
Domingo presenta tres formas básicas de desarrollo de estas capacidades o saberes docentes hacia la construcción de prácticas reflexivas: los modelos de desarrollo individual que fomentan las habilidades en cada docente, los modelos de desarrollo grupal -que considero pueden desarrollarse en las comunidades profesionales de aprendizaje- enfocadas a promover las habilidades de un equipo profesional de educadores y finalmente, los modelos de desarrollo institucional o incluso interinstitucional que promueven el desarrollo en red de estas capacidades para la práctica reflexiva y están diseñados e instrumentados para la transformación de toda una institución o de varias instituciones educativas en organizaciones que reflexionan su quehacer, sus procesos, sus logros y áreas de mejora.
Cada uno de estos modelos tiene etapas que hay que estudiar e instrumentar de manera inteligente y participativa para poder desarrollar profesionales reflexivos de la educación, que comprendan y vivan la complejidad de su tarea con la conciencia de la responsabilidad personal, institucional y social que implican y de la trascendencia de su trabajo como constructor del futuro a través de la formación, como decía Freire, de las personas que van a cambiar al mundo.
Me parece que -sin restar importancia a las cuestiones estructurales del sistema educativo como el modelo, los planes y programas o los libros de texto- en esta formación inicial y permanente de los docentes como profesionales reflexivos se debería centrar el debate, el esfuerzo, los discursos y los recursos si se quiere realmente transformar la educación del país y formar integralmente a las generaciones del futuro, dándoles la capacidad de agencia indispensable para que puedan forjarse de manera autónoma un mejor futuro y construir paulatina pero tenaz, inteligente, crítica y responsablemente, un futuro en el que todos vivan conforme a su dignidad humana.