No cabe duda. Con la oficialización de Bertha Xóchitl Gálvez Ruiz como coordinadora del Frente Amplio por México, se consuma la esperanza. Y con ello la ira del embaucador –como bien lo llamó Ociel Mora-.Y es que cuando todos apostaban, incluido él, aunque no lo decía, que habría pleito entre los dirigentes de los partidos políticos que integran el Frente, resulta que de forma inédita privilegiaron la unidad y dieron paso a quien ha demostrado ser un fenómeno político.
Lo otro, la desintegración de ese Frente Amplio y el eventual triunfo de Beatriz Paredes, era el paraíso que el oficialismo esperaba para poder caminar como en un día de campo hacia el 2024.
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En su mañanera, el embaucador, a veces sin poder ocultar su ira, calificó el proceso de elección de Xóchitl Gálvez fue “una comedia, una farsa”. Eso es excelente. Porque del tamaño de la descalificación es el tamaño del éxito del Frente. Y quiso hacerse el chistoso con aquello de que “gané la apuesta”. En su descomunal ego, nunca pierde, siempre gana. Así sea perdiendo.
En una entrevista nocturna de Xóchitl Gálvez con Enrique Acevedo a través de la pantalla de N+, Gálvez se veía radiante, echada para adelante, con una actitud triunfadora. Eso, por supuesto, le provoca más entripados al tramposo de palacio, lo cual ella parece gozar sobremanera, provocando en las redes los ataques más virulentos que haya sufrido jamás aspirante alguno. Ni por ser mujer se detienen. Pero si a López lo hicieron presidente calificándolo como “una amenaza para México”, las cosas parecen ir por buen camino.
Y Xóchitl dijo algo tan cierto como una roca: “He logrado la esperanza en la calle”. Esa esperanza que hace apenas dos meses y medio, se había perdido.
La candidata oficial
Y es cierto. Hasta hace dos meses y medio, que fue cuando Xóchitl valientemente fue a tocar las puertas de Palacio Nacional, todos sabíamos que la candidata oficial sería Claudia Sheinbaum y claramente la próxima Presidenta de la República. Lo sabían desde dentro, lo sabíamos desde fuera. Ni modo que un Santiago Creel fuera a dar la batalla. O una Beatriz Paredes. Vaya, ni la aguerrida Lili Téllez. Pero llegó Xóchitl y las cosas cambiaron. Hoy por eso el embaucador de Palacio echa espuma por la boca, porque vinieron a destruirle sus planes.
¿Cómo es posible que al genio político de López Obrador, con campaña permanente desde hace cinco años hacia Claudia Sheinbaum, lo haya venido a tirar una mujer con apenas dos meses y medio de campaña? Eso es lo que no tolera AMLO. Y lo tiene vuelto loco. También calificó a esos “politiqueros” como gente con falta de oficio político. Él sí cree tenerlo y lo tiene, el problema es que piense que nadie más que él sea capaz de poseerlo.
Y lo peor, lanza críticas del dedazo, desde la posición del dueño del dedo oficial. El ladrón gritando, ¡Al ladrón! Y critica que no hayan terminado el proceso y hayan declinado antes, porque -en eso sí tiene razón- él sí terminará su proceso dentro de Morena para legitimar su dedazo en la persona de Claudia Shienbaum y entonces podrá jactarse de que ellos sí son democráticos. En fin. La simulación de siempre.
Por cierto, nadie se espante que todas esas declaraciones las haga desde el púlpito oficial como Presidente de todos los mexicanos, no de un partido político. Parece que fue ayer cuando AMLO y sus seguidores exigían al Presidente en turno conducirse como presidente de todos y no de su partido. Hoy, desde su óptica eso ya es válido. Porque lo hacen ellos. Pero… ¿desde cuando el tramposo ha tolerado que le hagan trampa?