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OPINIÓN

Diario de lectura: Relación entre el lenguaje y la muerte

La adquisición del lenguaje es difícil comprenderla desde una perspectiva puramente evolucionista

Juan Carlos Canales

Es profesor jubilado de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Puebla (UAP). Por más de veinte años condujo el programa radiofónico El territorio del nómada.

 
 
 

Lunes, Julio 31, 2023

Por azares de la vida, el año pasado leí La muerte contada por un sapiens a un “neandertal” de Millás y Arsuaga. El libro me aburrió y no lo acabé, pero me abrió la puerta a temas de paleontología y antropolopaleontología, sobre todo, a aquellos que tienen que ver con la adquisición del lenguaje y el problema de lo sagrado.

Hasta hace unos años se creía que habían sido los neandertales y los sapiens los primeros en ritualizar la muerte y, con ello, adquirir el estatuto propiamente de humanos. Sin embargo, investigaciones recientes, descubrieron que los naledi, “Homo naledi”, homínidos que habitaron en Sudáfrica hace dos cientos o trescientos mil años, ya conocían complejos sistemas de enterramiento y simbolización (pictogramas grabados en la roca). Lo singular de este descubrimiento es que una de las osamentas está acompañada por lo que creen fue una herramienta.

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De ser cierta la hipótesis de la herramienta, entonces hay que replantear las consideraciones que teníamos de los homínidos en torno a la muerte, en particular, lo que implica el “trabajo” del tránsito de un mundo a otro. Los griegos lo tuvieron claro en la figura de Caronte, y seguramente otras culturas en las que no me voy a detener, pero que igual comparten la complejidad de ese tránsito.

La cuestión de la adquisición del lenguaje es difícil comprenderla desde una perspectiva puramente evolucionista. Por el contrario, su aparición como tal tiene que ver con la irrupción de una nueva estructura que no tiene que ver estrictamente con una línea evolutiva o, si se prefiere, se trataría de un quiebre o un punto de inflexión de esa línea que tampoco puede reducirse a una cuestión meramente física o un principio adaptativo.

Lo que es claro es que nuestra entrada al mundo y el problema de la conciencia se arraigan en un primer sistema binario conformado por los elementos teta/ no teta, a partir del cual vamos construyendo otros sistemas de diferenciación, como el de vida/ muerte, etc.

La relación entre el lenguaje y la muerte, asunto tratado ampliamente por la filosofía remite al monumento funerario, entendido como presencia de una ausencia y, con ella, a la condición del signo lingüístico. Entrar al mundo, sea filogenética u ontogenéticamente, significa, en principio, el punto de partida de una elemental categorización de ese mundo, en la que, metáfora y metonimia juegan un papel central. Hasta dónde sabemos, la comunicación animal carece de esas dos figuras. 

J. Canales

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