Logo e-consulta

Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Formar verdaderos estudiantes

Es el reto en un sistema educativo que enseña a obedecer, y evitar ser agentes de cambio

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Junio 26, 2023

Liberar la curiosidad, permitir que las personas evolucionen según los propios intereses, desatar el sentido de indagación, abrir todo a la pregunta y la exploración, reconocer que todo está en proceso de cambio, aunque nunca lo logre de manera total, constituye una experiencia grupal inolvidable. En este contexto surgen verdaderos estudiantes, gente que aprende realmente, científicos, alumnos y profesionales creativos, la clase de personas que pueden vivir en un delicado pero cambiante equilibrio entre lo que saben en la actualidad y los mudables y fluidos problemas del futuro.»
Carl R. Rogers. Libertad y creatividad en la educación

Hay autores que se convierten en clásicos en todos los campos del saber humano. Desde la Filosofía hasta la Literatura pasando por las ciencias duras, la Física o la Historia y por supuesto, en la Psicología y la Educación.

Más artículos del autor

Se trata de pensadores e investigadores que han construido un corpus de conocimiento o de reflexión que es capaz de perdurar porque, aunque todo el conocimiento humano va cambiando, siguen siendo vigentes y diciendo cosas que tienen sentido para iluminar el presente desde el fuego vivo del pasado.

Uno de ellos es sin duda el psicólogo estadounidense Carl Ransom Rogers (1902-1987), iniciador, junto con Abraham Maslow del enfoque humanista en Psicología, también llamado “tercera fuerza en Psicología” por plantear una alternativa al psicoanálisis y al conductismo.

Rogers construyó primero en el campo de la psicoterapia su enfoque centrado en el paciente o en el cliente que, al convertirse también en profesor, transformó en una teoría educativa conocida como el enfoque centrado en la persona o enfoque de desarrollo humano en la educación. Por ello, este autor puede considerarse también un pedagogo, aunque como muchos otros teóricos del campo, no haya tenido estudios formales en la disciplina de la Pedagogía.

En estos tiempos de cambio de época en la humanidad, en los que se ha ido agudizando la crisis civilizatoria que ha puesto en duda todos los pilares de la cultura clásica y llevado a una enorme diferenciación sin elementos de integración y a una confusión extrema producto del relativismo que se manifiesta en la posverdad y en el reino de las narrativas individuales o grupales que sustituyen a la búsqueda de conocimiento y de realización personal por el reinado del sentido común práctico y utilitario y de la dictadura de la felicidad y el mundo “positivo” que cuestiona Han -ver el artículo de la semana pasada en este espacio- en el que se traslada la dialéctica oprimido-opresor al interior de cada sujeto y se lleva a las personas a la frustración, la ansiedad y la depresión al responsabilizarlas del no poder en un mundo guiado por el falso mantra del “Sí se puede”, resulta muy sano retornar a la lectura de Rogers para abrevar de su forma de concebir la formación de personas sanas y capaces de autorrealizarse.

Porque la reacción a este contexto relativista, de posverdad, relativismo y happycracia en la educación y en muchos otros campos es la del retorno al pasado y la pretendida pero imposible “recuperación” de las verdades y los valores estáticos, universales e inmutables que se enseñan con métodos impositivos y buscan formar seres humanos obedientes y ordenados por un conjunto de principios considerados parte de una esencia humana que no cambia, es decir, el retorno a una cultura clásica en unos tiempos que son históricos.

Frente a la idea de que todo cambia, se propone retornar a las seguridades de ese mundo en el que todo estaba fijado y definido, en el que hay que defender una verdad y unos valores que ya se poseen y que son como una especie de cofre del tesoro que hay que defender de los piratas que pretenden robarlos con cuestionamientos, rebeldías y propuestas alternativas de vida.

Ante un mundo en el que se polarizan las posiciones entre quienes sostienen que no hay nada que pueda afirmarse como verdadero y valioso contra aquéllos que siguen aferrados a las verdades y los valores inmutables, Rogers plantea la necesidad de una educación que permita que las personas liberen su curiosidad y desaten su sentido natural de indagación -al que Lonergan llama el irrestricto deseo de conocer-, abrir todo a la pregunta y a la exploración para desarrollar la creatividad y la criticidad de los educandos y desarrollar en cada educando un proceso de cambio y superación constante, sabiendo que nunca se logrará de manera total porque los humanos estamos siempre en búsqueda y en camino.

Educando en este enfoque, los docentes cumplirán con la que es probablemente su principal tarea, la de formar verdaderos estudiantes, es decir, personas que indagan, buscan, se mantienen en movimiento, buscan su propio desarrollo y el de su comunidad y de la humanidad toda a través del cuestionamiento que lleva a nuevos conocimientos y la búsqueda existencial que genera nuevas formas de valorar y decidir para transformarse a sí mismos y contribuir a la transformación del mundo en el que viven.

Formar verdaderos estudiantes es el reto en un sistema educativo que enseña a obedecer, a acostumbrarse, a adaptarse al mundo tal como les es dado o a negar toda posibilidad de conocer la realidad y de modificarla, a toda oportunidad de crecer y realizarse a través del contacto con su propia fuerza organísmica que los impulsa al desarrollo permanente y al movimiento continuo.

Sólo en ese caldo de cultivo es en el que surge la gente que aprende realmente, porque está motivada por su curiosidad y su deseo de saber. En este contexto es donde se forman los futuros científicos, los profesionales creativos y la clase de personas que pueden vivir en el frágil pero posible equilibrio entre lo que ya saben que saben y lo que saben que ignoran pero desean saber.

En un mundo cambiante seguimos teniendo un sistema educativo y un funcionamiento aúlico y escolar estáticos, en una sociedad del conocimiento que se desarrolla cada día a pasos acelerados, y continuamos teniendo una educación que enseña contenidos fijos en un mundo diverso y plural; seguimos promoviendo escuelas homogeneizantes y currículos unificadores desde la ideología que sustenta el grupo en el poder en cada gobierno.

Es el momento de hacer caso a pensadores como Rogers, Montessori, Freire y tantos otros que postularon en su momento y demostraron en la práctica que es posible otra educación y que es la única vía de construir otro tipo de personas que transformen las realidades y construyan un mundo distinto, abierto a la pluralidad e incluyente.

Nos encontramos en tiempos de redefiniciones y cambios que independientemente de los nombres con que se quiera etiquetar políticamente la forma de educar a las nuevas generaciones, necesitan cambiar de fondo la concepción de una educación transmisora, impositiva y generadora de masas dóciles a una educación liberadora de la curiosidad y el deseo de autorrealización y de construcción de comunidad, dinamizadora y promotora de agentes de cambio personal, comunitario, social y planetario.

           

Vistas: 1500
AL MOMENTO
MÁS LEIDAS

Blogs