Desde la remota época de la Nueva España hasta los tiempos actuales los ahora mexicanos pensaban su relación de beneficios personales provenientes de la decisión suprema del rey.
No somos arquitectos de nuestro propio destino.
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Por demandas de minoría
La cultura política del mexicano envuelve por igual los vínculos personales afectivos que las áreas de las decisiones de gobierno de la sociedad, sin alcanzar a diferenciar cada nivel de poder en su dimensión.
En el ámbito de lo familiar celebramos sonoramente el Día del Padre, no obstante, en la órbita social se propone aniquilar la familia patriarcal. La impugnación de las anarcodepredadoras lleva a la destrucción de obras de arte que dan testimonio de pasado cuestionado.
Aun no se diseña la familia digital ni la inteligencia artificial alcanza a fortalecer los sentimientos de identidad que otorga el núcleo familiar tradicional.
Entre los señalamientos de la sucesión
En lo concerniente al relevo sexenal presidencial, se advierte la conducta de las multitudes y los rechazos de las redes, más por destacar los males del adversario que distinguir coincidencias; es entonces una pugna por imponer al menos malo y no al mejor.
La pasión desbordada apoyada en la exclusión y el rechazo lleva otra rémora que pesa en la falta de calidad en el ejercicio del poder público, ya que la contienda se sitúa solo en los niveles superiores de la lucha por la Presidencia de la República.
De tal suerte se sumerge en segundo plano la contienda electoral de los Estados y queda como un residuo carente de interés la designación de las presidencias municipales.
De tal modo que las relaciones familiares y las del entorno local pasan a segundo plano del interés público. El orden jerárquico del poder del Estado le lleva a perder importancia en el orden de prioridades de la organización social, se encuentran secuestrados por la supremacía del poder.
La organización política de los 2500 municipios en que se encuentra dividido territorialmente el país, donde se decide su forma de gobierno de acuerdo con la Constitución en: el sistema de usos y costumbres y de elecciones de voto universal y directo. No obstante, el realizar sus comicios junto con los otros órdenes de gobierno tiene como resultado que son víctimas del saqueo de partidos políticos federales y locales quienes negocian el nombramiento de candidatos a la presidencia y hasta los regidores dejando a la ciudadanía sin capacidad de influir en el ungir a quien preside el municipio.
Las presidencias municipales han quedado lejos de la influencia de los ciudadanos, por el contrario es cuasi potestad del Gobernador de nombrar sus gobernantes, el criterio utilizado ha sido conservar a como dé lugar la presidencia de la capital del Estado donde residen los poderes locales, no se admite la cogobernanza, de tal modo se cede a la oposición otros municipios para su compensación, con la variante en caso de mantener una coalición de partidos, ante la cual tiene que ceder municipios de relativa importancia, queda así a merced de los partidos aliados la designación de un candidato casi ganador sin vinculación con los ciudadanía del lugar.
Por el interés de mayorías
Cuando sucede lo anterior en ocasiones los partidos aliados son adictos a conceder los cargos a personajes desvinculados o con antecedentes negativos; la ocasión da lugar sospechar de negociaciones oscuras que envenenan el ambiente social.
Por tanto, se requiere que las elecciones municipales se desliguen de las federales y aun del Estado para que se abra la oportunidad a la expresión de los ciudadanos del municipio.
Los problemas principales de los municipios derivan del monto y manejo de los fondos públicos siendo de mayor importancia los obtenidos de las participaciones federales. Los ciudadanos no se encuentran en capacidad de evaluar la cuenta pública del municipio, por lo que con frecuencia son sorprendidos por la discreción del ejercicio presupuestal. Se requiere se creen observatorios del gasto público municipal que eleve la eficiencia de la aplicación de los recursos.
La victoria electoral 2018 marcó la derrota de la “partidocracia” sin alcanzar a extinguir el dominio de las élites burocráticas de las direcciones autocráticas de los partidos, estas persisten dentro de su coraza al simular transformarse en oposición, como lo exhibe bien la coalición “Va por México”.
Por otra parte, el Presidente se ufana de acabar con el “tapadismo”; en contraparte se le señala con relativa frecuencia de favorecer la designación de Claudia Sheibaum, por lo que se le pide “piso parejo”.
Así se puede confiar que el “cartel o pasarela” de los aspirantes se amplió, la variante ha sido el proceso que comienza a configurarse como de primera vuelta. Es el inicio, con déficit y contradicciones.
Una de las impugnaciones o cuestionamientos que registra el sistema de mal llamado de “corcholatas”, comenzando porque al tratarse de un objetivo de excelencia, como es elegir lo supremo excelente para bien social, también afecta el sentido de probada calidad con la nominación de personajes de incierto relieve, no todo tienen nivel de excelencia; de ahí tampoco existe una prueba que demuestre la comparación de factores comunes que demuestren la capacidad de experiencia política y de decisión de gobierno con responsabilidad probada. La crítica a la terna compuesta por cinco aspirantes se añade el manifestado por Yeidckol Polevnsky, quien desde su aspiración desechada por retraso se argumenta la inequidad de género, sin validar que en los actos que se ponen a prueba el interés de la nación, más que el equilibrio de representación entre los géneros, lo que debe ser garantía, es el conocimiento y la probada eficacia.
Como todo sistema electoral requiere de confiabilidad, pero sobre todo de la voluntad de reconocer y aceptar los resultados adversos, es decir, saber perder, no obstante, el exceso de la mexicanidad es caer en la falta de saber ganar, donde se le da lugar al adversario de su aportación al desenlace.
Uno de los riesgos frecuente del nuevo sistema, entre otros, es romper el compromiso militancia después de una derrota, cuando esto ocurre, los perdedores son más de uno, donde el partido, Morena en este caso, se verá decantado después de los resultados de la consulta del 5 de septiembre, porque parte de los afectados por los resultados no favorables, tomarán otro camino en los colores diferente al morado.
El riesgo aumenta si se tiene en cuenta los tiempos del proceso electoral con los tiempos de consulta de Morena, ya que el 5 de septiembre tendrá que conocerse el resultado de la consulta con la nominación del candidato, lo que abre un espacio de dos a tres meses para el reacomodo de los inconformes a otro u otros partidos con la suerte de incluir un aspirante o “corcholata” que quedó fuera del proceso selectivo.
Cambios aprobados
La oportunidad de ocurrir lo anterior no es lejana si se reconoce que Morena como partido del oficialismo y del poder expresa tendencias a partido “hegemónico o de Estado”, de manera que probada su poder de “galaxia” de abarcar todo lo imaginable, pasa a formar después un grupo de nuevos partidos posibles, donde también desaparecen otros partidos que perdieron su eficacia.
Quizás a semejanza del Viejo Testamento, nos encontramos en el Génesis que al tercer día, Dios creó la tierra, ahora surja un nuevo sistema democrático.
¿Será?