Hace unas cuantas semanas la dinámica de la sucesión presidencial cambió. El presidente Andrés Manuel López Obrador anunció que adelantaría, aún más, la sucesión presidencial, y con ello, las determinaciones en las 9 gubernaturas, municipios, distritos federales y locales; el objetivo es concreto: ganar con solvencia las elecciones de 2024.
En Puebla el panorama es favorable para la Cuarta Transformación; tan solo el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) tiene una intención del voto de más del 40 por ciento y la Coalición Juntos Haremos Historia de más de 50. En gran medida esto es consecuencia de la popularidad del mandatario federal, Andrés Manuel López Obrador, que oscila en más del 60 por ciento en nuestra entidad. En ese contexto, el principal factor de riesgo es la división, la pelea por los cargos públicos, la falta de oficio y madurez política, o bien, la falta de credibilidad en el método de selección de candidatos: la encuesta interna de Morena. Por ello, además de la encuesta -como lo hemos sostenido desde hace tiempo-, se hace imperativo organizar mesas políticas que hagan otras valoraciones subjetivas de los candidatos, aunque sin alejarse de la opinión mayoritaria de la población, es decir, respetando en todo momento la voluntad popular.
Más artículos del autor
La opinión pública, como nunca antes, será de gran relevancia y los métodos demoscópicos ocupan ya un lugar protagonista a nivel nacional; sin embargo, hay que cuidar y ser atentos a otros factores en las determinaciones, por ejemplo, la presidenta estatal de Morena en Puebla, Olga Romero Garci-Crespo, anunció una mesa política en la que se están considerando a 15 perfiles que podrían representar a Morena en Puebla capital, y aunque es respetable la decisión, la transparencia es necesaria como método de legitimación en el trabajo político, porque bien lo dice el Presidente: el pueblo manda. Con lo anterior, no afirmo que haya opacidad, sino que tiene que ser aún más abierto, más transparente y cada vez más público el trabajo de valoración política; de lo contrario, la unidad y movilización se irá reduciendo a un mero eslogan de nuestro movimiento.
Morena tiene toda la oportunidad de consolidar un gobierno respaldado en el poder popular que sea legítimo, transformador y auténticamente progresista; esa percepción no es caprichosa, sino un reclamo social. Morena aún enfrenta un gran reto: aglutinar las diferentes expresiones del obradorismo, que aunque en esencia coinciden, en otros rubros no. Sin duda, es una tarea compleja, nuestro movimiento es amplio, diverso, sin embargo, hay que anteponer la unidad, el trabajo territorial y sobre todo el cambio verdadero.
Tw: @acarvajalh