La pregunta inevitable es si en las elecciones del año entrante, los grupos locales del partido oficial en alianza con el gobernador, tendrán el margen de maniobra que en el pasado reciente tuvieron para decidir sobre el nombre de candidatos a puestos de elección popular, en particular de gobernador y representantes populares al Senado y Cámara de Diputados. Amén de la red de gobiernos locales dividida en 217 demarcaciones.
Más que una democracia partidista, se trató de una especie de federalismo partidario, producto de los acontecimientos que se gestaron a partir de mediados de los años ochenta. Las elecciones de 1988 fueron el gran epítome, con el surgimiento del sistema de partidos que, con diferentes nombres, sobrevive hasta hoy.
Más artículos del autor
Aquella plataforma institucional fue la que hizo posible la alternancia presidencial hasta en tres ocasiones (derecha-centro-izquierda), en un periodo tan breve de apenas 18 años. Sin embargo, y no obstante los avances democratizadores, en las entidades las elecciones se mantuvieron bajo la tutela de los gobernadores.
No por culpa de un mal diseño institucional, sino por la complicidad y corrupción de los partidos políticos, que encuentran más incentivos sometiéndose al interés de los gobernadores que atendiendo el clamor de los votantes.
La intervención de las autoridades locales en las elecciones tiene como antecedente inmediato a Enrique Peña Nieto. El presidente obsequioso con el gobernador Rafael Moreno Valle Rosas, no obstante ser de oposición.
El Presidente de la República le permitió nombrar candidato a gobernador hasta en dos ocasiones seguidas. En las personas de José Antonio Gali y Marta Erika Alonso, a la sazón su consorte. Sin más mérito de ambos que la sumisión profesada a su persona. El finado no fue hombre de ideas; fue de intuiciones.
La misma suerte corrió con la designación de los sucesivos aspirantes federales y estatales a diputados y senadores. Incluso se dice que en un primer momento Miguel Barbosa entró en su esfera de confianza y lo abrazó.
Habría sido el propio Moreno Valle el primero que refirió que él podría sucederlo en el puesto por las siglas del PRD, el partido aliado. Lo que al parecer se creyó y fue como se convirtió en crítico de López Obrador.
Tal vez como reconocimiento al abuelo, Rafael eligió como modelo de gobierno la experiencia funesta del avilacamachismo. Sin escrúpulo alguno actuó en consecuencia y emprendió una batida contra los grupos populares y de oposición.
En su administración la genealogía de los Ávila Camacho deambuló por sus oficinas en el papel de proveedores. Cosas de ver: hacían y vendían libros.
Es imperativo consignar en este punto que ninguna de las decisiones que Moreno Valle tomó lo hizo en función de sus atribuciones de gobernador, sino de cálculos de mediano plazo para lograr la candidatura a la Presidencia de la República.
Todas las obras de infraestructura que se construyeron en aquella administración siguieron el mismo patrón de propaganda, incluso en la elección de la ubicación. A pie de carretera, monumentales, vistosas y muy coloridas.
Incluso los locales de eso que con mucha pompa llaman Museo Internacional Barroco entran en ese cálculo de afianzar relaciones económicas con los grupos más poderosos: quid pro quo. Algo así como yo te doy y tu me das.
(Cuando se anunció el repentino proyecto hasta yo escribí que se trataba de una tomadura de pelo para no decir que nacía un elefante blanco, con muchos intereses oscuros; aunque muchos sospechábamos cuáles. Como hasta ahora, el recinto sigue de paredes pelonas por falta de colecciones propias, y sin una política clara que no sean las sucesivas ocurrencias. En enero de 2016, desde el Centro de Estudios Espinosa Yglesias, Enrique Cárdenas, desmenuzó el proyecto en un artículo de referencia obligada en El Financiero).
Incluso el patrimonio cultural y artístico de la entidad, anteriormente sigilosamente resguardado en la red de museos de Puebla, hoy podemos decir que se encuentra embargado por un fideicomiso que limita las potestades del Estado. Y una eficaz gestión.
Incluso se rumora que muchas obras se encuentran extraviadas, y tal vez perdidas, en el trajín de montar y desmontar, de llevar y traer. Pero como siempre, todo lo que tiene que ver con la cultural es prescindible.
Se suele culpar a Melquiades Morales Flores de ser el padre putativo del malogrado candidato presidencial y de los males infligidos a la entidad como gobernante, entre otras cosas por el endeudamiento a espaldas del Congreso.
Morales Flores gobernador fue quién le abrió la puerta de la política en la entidad y le entregó poderes por encima de las propias de un secretario de Finanzas y Desarrollo Social, la dependencia encargada de administrar y orientar la aplicación de la hacienda pública.
El margen de maniobra electoral de Moreno Valle también lo tuvieron los gobernadores Mario Marín y Melquiades Morales Flores. Aunque sin los incentivos de trascendencia de aquel, que literalmente no lo dejaban dormir.
Javier López Zavala, por ejemplo, logró ser designado candidato por Mario Marín, pero perdió en las alianzas con el Centro y los grupos de poder nacionales, en particular con la señora Elba Esther Gordillo.
Se dice que el día de la elección el SNTE le metió una quinta columna de cien mil profesores provenientes de Veracruz e Hidalgo, previo empadronamiento, los que habrían derrotado al marinismo.
Aunque realmente aquella fue una elección fundada en la exacerbación del clasismo criollo característico de los panistas de la capital. Zavala como indígena guatemalteco, y Moreno Valle Rosas como digno sucesor de Maximiliano.
Como aspirante Zavala no fue un hombre de grandes luces, como tampoco Rafael lo fue. Pero el de Chiapas ganó popularidad en muchos sectores. Fue mucho más popular que el propio Marín Torres, pero sin su perversidad.
Germán Sierra, el elegido por Morales Flores, se topó con un gobernador dubitativo y timorato a la hora de las grandes decisiones. Literalmente lo tendió una celada, y lo hizo perder ante un desconocido y apocado Mario Marín, que solía equipararse con Benito Juárez.
Un hecho inédito en la historia de las elecciones de gobernador en Puebla, ocurrió en 1999, cuando Melquiades Morales Flores desafió al poderoso gobernador Manuel Bartlett con la postulación de su candidatura a sucederlo en el puesto.
Haya sido como haya sido, lo cierto es que el poderosísimo exsecretario de Gobernación, autor intelectual de la caída del sistema en 1988 y del robo de la elección presidencial a Cuauhtémoc Cárdenas, perdió la gubernatura frente a un grupo de compadritos, provenientes de un pueblo que, para entonces, nadie sabía bien a bien dónde estaba.
El triunfo de Morales Flores impactó en los grupos priistas locales, que a partir de entonces se dispusieron a seguir el patrón de insubordinación priista en la designación de candidatos, sin reparar en las condiciones nacionales e incluso internacionales que dieron origen al debilitamiento de las estructuras centrales de partido único.
La pregunta es si el año entrante los grupos vinculados con Morena, el partido gobernante, gozarán de las prerrogativas electivas que, con sus limitaciones, tuvieron hasta el 2018. O se retornará a la centralización del partido único. Donde no se mueve una hoja si no es con la anuencia del centro.
A eso súmese que los partidos han entrado en un proceso de franco deterioro hacia dentro con la militancia, y hacia fuera, frente a la población abierta. La aprobación de los partidos es equiparable con los policías de crucero.
Lo cierto es que en el partido Morena hay más de uno haciendo las veces de Javier López Zavala. En el entendido de que el otrora papel del gobernador será asumido por el Presidente, con el agravante para los perdedores de que la legalidad electoral está rota para la oposición.
Chayo News
En la disputa entre la alcaldesa de San Martín Texmelucan y un grupo de dirigentes del tianguis de aquella ciudad están en juego muchos intereses, económicos y políticos. Pero sobre todo se evidencia la incompetencia de las autoridades para ordenar el comercio informal y meterlo a la formalidad, en la que todos ganan. El tema fue tratado por la revista Proceso dos números atrás, y es menester volver sobre él. De por medio está la sobrevivencia y las cuotas de más de sesenta mil familias.