Es un hecho. En Puebla no hay problemas graves que atender. ¿O sí? Seguramente no y de ser así, alguien debe estar realizando ese papel, pero no es el encargado de hacerlo. Y si no, cómo se explica el lector que el secretario de Gobernación, Julio Huerta, se dé el lujo de irse de campaña tres días, tres, a la Sierra Norte, como si en la entidad no hubiera problemas que atender.
Y es que como si se tratara de un tour para conocer el estado, el flamante secretario de Gobernación se dio el lujo este fin de semana de pasearse por la Sierra, acudiendo a eventos sociales y de entretenimiento, sin que su cargo fuera obstáculo alguno, sino al contrario, para ausentarse de su cargo valiéndole medio comino.
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La gira empezó el domingo por la tarde, cuando el secretario acudió con alcaldes de la Sierra a un evento privado en el municipio de Jalpan. Privado es un decir, porque hubo mucha gente que “convivió” con el funcionario, que para entonces fue presentado como “Consejero Nacional de Morena”. Sobra decir que hubo presidentes municipales no morenistas que estuvieron ahí, presentes acudiendo al llamado.
Por la tarde, tuvo un evento todavía más nutrido. El que le organizó Carlos Barragán Amador, aspirante a la candidatura a la presidencia municipal de Xicotepec. Su nombre, coreado por los presentes a una sola voz lo llamaba gobernador. Ufff. ¿Cómo desdeñarlos? Carlos Barragán, sin duda, le organizó un buen evento, pero el discurso de Julio fue flojo, descolorido. Habló de que él fue muy humilde allá en su natal Zinacatepec, y que sembraba quién sabe qué con sus manitas. Puede haber sido que sí, pero hoy llegaba en una camionetota que nadie de los ahí presentes tenía, pero que nadie supuso que llegó a tenerla gracias a su labor como campesino allá en su lejana niñez y juventud. ¿En serio pensará que así va a lograr conectar con la gente?
Luego el lunes se fue de cabalgante al municipio de Francisco Z. Mena. En la cabecera municipal, La Mesa de Metlaltoyuca, había feria. Puebla capital estaba lleno de ceniza por el Popocatépetl, pero la fiesta urgía más. No importó que el alcalde que organizaba el festejo fuera panista. ¿Quién le puede decir que no al Secretario de Gobernación? Allá se la pasó todo el día, entre barbacoa, caballos y bebidas refrescantes.
Luego el martes se presentó en Xicotepec de nuevo. Curiosamente ahora ya venía en su papel de secretario de Gobernación, en un acto espectacular como los bailarines que se cambian de vestuario en cosa de minutos.
Ahí dijo que él nunca había dicho que quería ser gobernador. Y que no se andaba posicionando. Que el andaba chambeando. ¡Ah bueno! exclamamos todos.
¡Bendito sea nuestro estado de Puebla que no tiene problemática alguna qué atender, que hace posible que su Secretario de Gobernación se dé el lujo de irse de fiesta tres días, dejando su labor encargada a quien sabe quién!
Amén.
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Si el lector para estos momentos se muestra estupefacto, espere a leer esto que dijo don Julio: “No soy aspirante ni suspirante”. Y luego pidió a la ciudadanía poblana no manchar la imagen urbana con pinta de barda a favor de aspirantes:
"A los amigos y amigas que simpatizan conmigo, que se han tomado la molestia de pintar bardas, en la capital y en todo el estado, que se abstengan de hacerlo. Estamos afectando a la ciudad y los pueblos".
Ufff. ¿Le creemos?
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La última. Ante la visita de Claudia Sheinbaum, misma que está prevista para el próximo sábado 27 de mayo, acto que el mismo súper secretario anunció, dijo que no usará la estructura de Gobernación para recibirla.
Ahora sí, el lector puede soltar la carcajada.