Son las cinco de la tarde de un bochornoso 8 de mayo. Al salón del Hotel Real de Puebla de la 5 poniente, llegan las huestes perredistas. Van a recibir a su dirigente nacional, Jesús Zambrano Grijalva, en una reunión de la denominada Nueva Izquierda. En una enorme pantalla, se pueden ver momentos donde la dirigencia poblana organiza reuniones en diversos municipios. La gente va llegando y se acomoda en cada una de las trescientas sillas que han sido dispuestas para el evento.
Algunos reciben banderas amarillas. “Ya no tardan en llegar, ya no tardan en llegar”, advierten los organizadores. Cuando llegan, llegan también los aplausos. Alguien saca una matraca y la hace sonar. Carlos Martínez, el dirigente estatal se ve nervioso pero contento, contento pero nervioso, nervioso pero tenso. La maestra de ceremonias, con falda cortísima, se sube al templete y comienza a presentar a los visitantes, entre ellos al propio dirigente nacional, pero también a Jesús Ortega, el otro Chucho. Esta también la diputada federal del PRD, Laura Lynn Fernández Piña y Luis Espinosa Cházaro, coordinador de los diputados federales del PRD y hasta Sergio Cadena Martínez, dirigente del PRD del estado de Veracruz, familiares y amigos.
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El primero en tomar el micrófono es Luis Espinosa Cházaro, quien fiel a su costumbre, una vez concluido su discurso se disculpa porque tiene que irse a quién sabe dónde. Pero es ahí donde comienza el destape. Le pide a Carlos Martínez que dé un paso al frente y encabece la aspiración para la gubernatura por el PRD al gobierno estatal. Aplausos. Porras. Otra vez la matraca. Carlos Martínez parece hacerse el sorprendido. Luego es el turno de la diputada Fernández Piña. Hace lo propio en cuanto al destape. Y así todos, pasando por Chucho Ortega, hasta llegar al dirigente nacional, quien dice que le ve espolones para gallo a Carlos Martínez y que puede dar la batalla a los aspirantes de Morena. Pasu.
Luego Carlos Martínez sube al estrado y agradece el gesto. Y acepta estar listo para lo que venga en el 2024, aunque dice algo ciertísimo. No se trata de decir quítate Morena y ahora vamos nosotros. Reconoce que hace falta mucho trabajo para lograr hacerle cosquillas al partido en el poder, equivalente a lo que fuera el PRI de los setentas.
Sin embargo, todo parece ser parte de una estrategia para que el PAN no se agandalle. Y es que todos dicen que el blanquiazul, está tan ensoberbecido con sus supuestos números, que advierten que, a sus aliados de la probable alianza PRI y PRD quiere darles migajas y ellos llevarse casi todo. Es por ello que también Néstor Camarillo, dirigente priista, ya levantó la mano, por mucho que su postulación parezca una mala broma.
Otra lectura que se le da al destape de Carlos Martínez es que es el propio Eduardo Rivera quien lo está impulsando para ir adelantándole al trabajo electoral sin candidato, bajo la tesis de que los números de Lalo son tan buenos, que si se mueve en estos momentos como lo están haciendo las corcholatas de Morena, llámese Julio Huerta, Armenta o Nacho Mier, corre el riesgo de que le suceda lo que a Sheinbaum en la Ciudad de México, es decir, un desgaste fenomenal que lejos de hacerlo crecer, lo vayan sepultando. O dicho en otras palabras: si asoma la cabeza, corre el riesgo de que se la corten, magnificando los problemas de la capital que no ha podido resolver, que no han sido pocos.
Por vía de mientras, el PRD parece ir despertando. Hace bien. Es una lucha por salvar el pellejo.