“Puesto en blanco y negro: la situación actual es producto de una gran ofensiva de la clase política contra el Estado”. Esta puede ser la tesis central del ensayo que Fernando Escalante publicó en la revista Nexos de este mes.
El autor parte de una distinción clave, sugerente y polémica a la vez: no es lo mismo el Estado que la clase política. El primero lo entiende como Estado de Derecho, como un conjunto de normas escritas y organizaciones que ordenan las relaciones entre poder político y sociedad.
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La clase política, si bien ocupa espacios formales de poder, es otra cosa. Es el conjunto de personas que ocupan cargos públicos. Se caracteriza por “negociar el incumplimiento de la ley para su clientela”.
El autor está lejos del maniqueísmo. Considera que en buena parte del siglo XX esa habilidad le dio al país diversos bienes públicos: estabilidad política y crecimiento económico. Pero las condiciones que la hicieron posible desaparecieron.
Llegó entonces el “régimen de la transición”, entre 1988 y 2018.
2018 inaugura un nuevo periodo. Una de sus características centrales: el intento de la clase política por eliminar los límites que le imponía el Estado de Derecho, para recuperar su capacidad de negociación política en la sociedad. Un regreso al país anterior a 1988, en ese sentido preciso.
Esto explica la ofensiva del Ejecutivo federal contra lo que Escalante llama “un exoesqueleto del Estado, un conjunto de instituciones formalmente autónomas”, como el INE, el INAI, la CRE, la CNH, y varias más.
Entre las partes más polémicas del ensayo está la que afirma que López Obrador “supo convocar, organizar, dirigir el resentimiento de la clase política.” De “agitadores, viejos y nuevos caciques, líderes locales, intermediarios de muy diferentes corporaciones, redes familiares y clientelas de viejos políticos.”
No se trataría de algo nuevo, sino de un regreso al pasado, un retorno de la vieja clase política, resentida porque los avances en el Estado de Derecho le quitaron margen de acción.
Esta perspectiva puede sintetizarse en una frase López Obrador, no citada en el ensayo: “a veces tienes el gobierno, pero no tienes el poder”. Es el caso en un Estado de Derecho.
El ensayo puede molestar a muchos, en buena medida por lo que tiene de verdad. De lo que no hay duda es de que nos puede permitir elevar el nivel del debate público, ver cosas que no siempre se ven.