El pasado fin de semana el gobernador Céspedes Peregrina se soltó el pelo. Acompañado de su esposa, Gabriela Bonilla, se fue de gira a la Sierra Norte, haciendo algo que hace tiempo no se veía: que un gobernador pernoctara en la zona.
Pero además se veía de buen talante. Hasta huapango bailó.
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Claro, no venía de a gratis. Traía de su mano (además de su esposa) a su amigo, como él lo llamó, a Julio Huerta, el secretario de Gobernación. Es decir, andaba en campaña el gober.
Lupita Vargas, la alcaldesa de Xicotepec, estaba de plácemes. Si bien el gobernador no vino a la inauguración de la feria, vino, sí, a la clausura.
Fue el domingo cuando se anunció que el gobernador inauguraría un asta bandera monumental de cuarenta metros que se colocó en uno de los accesos de la ciudad. A la par, entregó seis patrullas. Y en el evento hablaron todos. Y sin prisas. No como antes, que ya te estaban apurando. Hablaron la alcaldesa, el diputado local Miguel Huerta, desde luego el gobernador y por supuesto, Julio Huerta. Hay que decirlo. Julio Huerta no tiene un gran discurso. Más aún. No tiene discurso. Si no fuera por el aparato de gobierno que lo impulsa en sus aspiraciones, Julio Huerta pasaría desapercibido.
Después de este evento, se fue a dos más. La supervisión de rehabilitación del Rastro municipal y la supervisión de las obras del camino Xicotepec-San Pedro Iztla; luego se fueron –ya en petit comité- a comer a salón de la Asociación Ganadera. Después, ahí a un ladito, bailó huapango en la feria, para después encabezar la ceremonia de clausura. Esas visitas, exclamaron muchos, ya se extrañaban.
Huauchinango
Al día siguiente hizo lo propio en el vecino municipio de Huauchinango. Igual entregó patrullas, diez en este caso, e inauguró el Centro de Emergencias y Respuesta Inmediata de Huauchinango (CERIH), el cual contará con 60 videocámaras de vigilancia, para reforzar la seguridad en el municipio. Con el edil Rogelio López, se le vio muy contento, al igual que con Lupita Vargas. Es el gobernador y se deja querer. Otra vez Julio Huerta tomó la palabra. Otra vez su discurso gris. Otra vez los aplausos obligados.
Las lecturas
¿Qué lecturas se le pueden dar a estos hechos?
Varios. El primero de ellos es el acercamiento que el gobernador ha vuelto a tener con la familia Vargas, a últimas fechas, relegada por el gobierno de Miguel Barbosa, quien había cerrado los ojos hacia Xicotepec por causas que aún desconocemos.
Hoy, al gobernador y al delfín Julio Huerta, se les vio complacidos junto a Lupita Vargas y Ardelio, su padre. En el evento principal, el gobernador mencionó al susodicho, quien se encontraba en primera fila, complacido de haber vuelto a estar en el ánimo del señor gobernador. En la comida de la Ganadera, comieron casi del mismo plato.
Esto, si bien no pone en desventaja a Carlos Barragán, exalcalde con claras aspiraciones a ser presidente por tercera ocasión, quien antes parecía ser el nuevo consentido de Barbosa, toda vez que el gobernador y Julio Huerta también se han reunido con Barragán, sin duda parece emparejar las cosas, toda vez que es sabido que don Ardelio, parece que va en serio con eso de sus aspiraciones para volver a ser presidente municipal.
Otra lectura es desde luego la campaña velada que hace el gobernador hacia Julio Huerta. Los presidentes –todos- se le cuadran, faltaba más. Pero la gente… a la gente parece valerle madres. Alguien me dijo que parecía estar viendo a Zavala, de la mano de Mario Marín.
Una tercera lectura es, respecto al caso de Huauchinango, donde vino a reforzar la campaña de Julio Huerta, toda vez que recientemente Nacho Mier hizo evento y no le fue tan mal de la mano de dos exalcaldes: Gustavo Vargas y Gabriel Alvarado.
“Ya queremos que sea Julio”
En fin. Sin embargo, el gobernador dijo algo que deja el mensaje, por si acaso hiciera falta a los alcaldes para que no les de tentación por otros perfiles, en algo que es broma, pero con mucha verdad que se asoma. La frase es esta: “Es abril, pero ya queremos que sea Julio”. Ni modo de no entender.