Opinión

Venezuela, revoluciones pacíficas latinoamericanas (VIII)

Jueves, Diciembre 8, 2022
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El eje, el tronco en el “giro de las revoluciones pacíficas latinoamericanas” es el pueblo
Periodista por la UNAM, maestro por la UAEM y doctor en Ciencias por el Colegio de Postgraduados-Campus Puebla. Es profesor del Doctorado en Ciencias Sociales de la UATx y Coeditor de la revista científica Symbolum de la Facultad de Trabajo Social, Sociología y Psicología.
Venezuela, revoluciones pacíficas latinoamericanas (VIII)

Una de las características que acompañan a los líderes de las revoluciones pacíficas latinoamericanas y del Caribe son sus sinceras creencias en que la vía de la noviolencia es la clave para avanzar en la creación de naciones renovadas, incluido Hugo Chávez a quien se le ha creado una figura mediática que no corresponde con su personalidad y carácter, un hombre sencillo, gracioso, reflexivo y autocrítico, pero también de trato “duro” durante el trabajo, preocupado por la relación con sus hijos, pero siempre ocupado por los eslabones que lo vinculan con los segmentos del pueblo que ubicados en la parte baja de la escala social. Formado en la idea de que el ejército debe estar al servicio del pueblo y en el contexto de gobiernos como el de Salvador Allende, Chile; Juan Velasco Alvarado, de Perú y Omar Torrijos, en Panamá.

Pacifista. El mismo Chávez, refiriéndose a Kennedy, expresidente de los Estados Unidos, recordó esto que cita Harnecker (ver bibliografía consultada al final):

 “Los que le cierran el camino a la revolución pacífica, le abren el camino a la revolución violenta. Nosotros escogimos hacer la revolución constitucionalmente, por un proceso constituyente de incuestionable legitimidad. Si en algún momento del 11 y 12 de abril dudé que una revolución democrática y pacífica fuera posible, lo que pasó el 13 y 14 de abril cuando esa inmensa cantidad de gente salió a la calle, a rodear Miraflores y varios cuarteles, exigiendo mi regreso [se refiere al intento de golpe de Estado de 2002) reafirmó en mí con mucho vigor la idea de que sí es posible. Claro que la batalla es dura, y será dura y difícil. Se trata del arte de hacer posible lo que ha parecido y sigue pareciendo a muchos como un imposible.”

El ejército venezolano. Parece contradictorio y, sin embargo, el ejército venezolano es un actor fundamental de la revolución venezolana y, lo más increíble, que precisamente sea la Fuerza Armada de la que surgen dirigentes de una revolución pacífica. Estamos hablando de un ejército que si bien es cierto no fue creado originalmente bajo ese perfil, también es verdad que las transformaciones que fue experimentando lo convirtieron en un factor clave para comprender lo que ocurrió en Venezuela y aún ahora se vive. Para entender lo anterior, se debe tener en mente que los dirigentes del mismo a partir de la segunda mitad del siglo XX introdujeron cambios en su formación que le dieron un vuelco a la institución la cual, en adelante, será concebida como una fuerza que, sin el pueblo de por medio, pierde su valor. Lo anterior, en el contexto de la figura mítica del Libertador Simón Bolívar.

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Ahora bien, en todos los casos que en estas entregas iremos relatando sobre lo que aquí hemos llamado el “giro de las revoluciones pacíficas latinoamericanas”, el “tronco”, parafraseando a Martí y AMLO, sobre el cual giran estas revoluciones es el pueblo. La idea de que el ejército debe ponderarse en función del servicio que brinda al pueblo es una idea que Chávez aprendió cuando ingresó a la academia militar en 1970, a la edad de 17 años. Cuando ingresa coincide con la transformación de la formación militar que se eleva a rango universitario, en donde se imparte la Ciencia Política, Historia Militar, entre otros campos del conocimiento y ahí lee a Mao. Chávez reconoce esa influencia en el terreno militar y para ello cita una frase de Mao que relaciona al ejército con el pueblo que sintetiza y expone su pensamiento: “el pueblo es al ejército, como el agua al pez”.

En este punto es importante insistir en lo siguiente. Los ejércitos en la tradición occidental tienen su antecedente en la existencia de guerras cuyo aliento entre los que participaban en ella, los soldados de los ejércitos, era el ganar y quedarse con parte del botín que incluía bienes, mujeres y hombres que podían, éstos últimos, venderse como esclavos o poseerse. En el caso latinoamericano y caribeño, subjetivamente los ejércitos actuales fueron educados en la lucha contra el comunismo, lo de la defensa del Estado fue un eufemismo, pues en esta parte del continente en la historia reciente, salvo algunas excepciones, las amenazas de un Estado contra otro realmente no existen. La defensa contra invasiones de Estados Unidos aunque reales, históricamente hablando, en los hechos recientes los ejércitos han sido colocados del lado estadounidense como lo dice la hipócrita guerra contra el narcotráfico, salvo ahora México que se guía por otros parámetros.

Otro factor a considerar es la relación que existe entre el petróleo (la llamada renta petrolera) en la vida social venezolana y la protesta popular. Comparada con otras naciones se tenía la ilusión que, desde la década de los setenta, que Venezuela, gracias a sus ingresos petroleros, era una excepción en Latinoamérica y el Caribe, pues su renta petrolera le generaba una democracia que facilitaba el entendimiento social y robustecía sus procesos de legitimación gubernamental. El sistema político venezolano que antecedió al surgido con Hugo Chávez, tiene su antecedente en los acuerdos del “Pacto de Punto Fijo” firmados en 1958, en el que una alianza civil y militar ponen punto final a un gobierno de corte militar. Los partidos Acción Democrática (AD) y el Socialcristiano Copei, fueron los que dominaron el escenario político postmilitar. Durante los sesenta y setenta, Venezuela es una fotografía de lo que ocurrió en otras naciones latinoamericanas: dominio de partidos afines a los poderes locales, marginación de las corrientes comunistas, guerrillas y represión militar contra estos movimientos y la protesta social.

En la experiencia concreta venezolana, la idea de una revolución pacífica de fondo si tiene que ver con las teorías que aquí hemos citado en anteriores entregas como puede ser la estructura de poder y dominio que históricamente ha existido en las sociedades jerárquicas, puesto que constituyen el contexto sociopolítico. En la experiencia específica, se origina en la relación con la vida local venezolana que pasa por las políticas neoliberales impuestas a los pueblos latinoamericanos y Venezuela no fue la excepción. Como respuesta a las medidas antipopulares de este modelo económico ocurre un hecho que constituye un parteaguas histórico: el “Caracazo” (1989), que fue un levantamiento popular contra el gobierno. Como respuesta: la represión. Participa el ejército pero del lado del gobierno.

De ahí surge la necesidad de impulsar una rebelión militar contra el gobierno reorientando el papel del ejército.

Continuará…

 

Literatura consultada: Harnecker, Martha. (2002). Hugo Chávez Frías. Un hombre, un pueblo. Tercer Prensa, España. Stefan Sweig. (s.f.). Momentos estelares de la humanidad. Todos están en línea. López Maya, Margarita, & Lander, Luis E. (2006). Novedades y continuidades de la protesta popular en Venezuela¹. Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales12(1), 11-30. Carolina Sampo y Sonia Alda, (coordinadoras). (2019). La transformación de las fuerzas armadas en América Latina y el crimen organizado. Elcano(CEEEP).

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