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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Con Lula pierden AMLO y Morena

Realmente con el triunfo de Lula, Morena y el presidente pierden, como perdieron con Joe Biden

Ociel Mora

Es vicepresidente de Perspectivas Interdisciplinarias, A. C. (www.pired.org), organización civil con trabajo académico y de desarrollo económico de grupos vulnerables; y promotora de acciones vinculadas con la cultura comunitaria indígena y popular. Su línea de interés es la Huasteca y la Sierra Norte de Puebla.

Miércoles, Noviembre 2, 2022

Morena y el presidente López Obrador buscan hacer del triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva en las elecciones del domingo en Brasil, un triunfo suyo. Un mensaje propagandístico de que el mundo latinoamericano está en la ruta de la 4T.

Lo hicieron incluso en la primera vuelta, cuando públicamente lo dieron por triunfador, y le enviaron parabienes, a pesar de que no había ganado. Una abierta intromisión en un proceso electoral en curso.

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El presidente López Obrador suele decirse partidario de no intervenir en los asuntos de otros países, aduciendo que la mejor política exterior es la interior. Sin embargo, en casos que le reditúan políticamente, como el brasileño, lo hemos visto meterse hasta en la cocina, tomar el cucharón y servirse.

El presidente mexicano escribió en su cuenta de Twitter el primer domingo de octubre, con motivo de la primera vuelta: “Felicidades, hermano y compañero Lula. El pueblo de Brasil demostró una vez más su vocación democrática y, en especial, su inclinación por la igualdad y la justicia”.

También felicitó a los brasileños por –lo que juzgó– una jornada democrática ejemplar. Decretó que había quedado atrás el tiempo aciago de los golpes de Estado, y la toma del poder por la fuerza. Y que en toda América Latina predomina la democracia.

No lo dijo, pero lo supongo, que en ese recuento trepidante entran países “humanitarios” como Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia, cuyos gobiernos se caracterizan por su respeto irrestricto a las “libertades” civiles, políticas y los “derechos humanos”. En particular si de artistas y escritores se trata.

Sin embargo, y he aquí el dato duro, por sus políticas de gobierno, sus obsesiones y discurso, el presidente López Obrador está más cerca de los postulados del derechista Jair Bolsonaro que del dirigente del Partido del Trabajo, y ahora presidente electo.

Veamos si no. Como Bolsonaro, López Obrador ha militarizado la administración pública; como Bolsonaro ha reducido los presupuestos a ciencia y cultura; como Bolsonaro persigue a la prensa crítica y a las organizaciones de la sociedad civil con su diatriba mañanera, y como Bolsonaro, la Constitución le resulta un estorbo.

Y como Bolsonaro, López Obrador mantiene una propaganda sistemática contra el órgano electoral (INE), allá denominado Tribunal Superior Electoral (TSE).

Y como López Obrador, hasta esta hora, Bolsonaro no ha reconocido su derrota. La única referencia al respecto, recogida por la prensa internacional, es un tuit de su primogénito, Flabio Bolsonaro, quien escribió.

“¡Gracias a todos los que nos ayudaron a rescatar el patriotismo, que rezaron, rezaron, salieron a las calles, dieron su sudor por el país que está trabajando y le dieron a Bolsonaro el mayor voto de su vida! ¡Levantemos la cabeza y no renunciemos a nuestro Brasil! ¡Dios a cargo!”

En Brasil, con Lula de presidente, se han sacado a millones de la pobreza y se ha ensanchado la clase media; en México, con López Obrador, la pobreza se ha incrementado y la clase media es motivo de burla y estigmatización. Se les acusa de ser aspiracionista.

Realmente con el triunfo de Lula, Morena y el presidente pierden. Como perdieron con Joe Biden, a quien se rehusó a felicitar por su elección, como corresponde hacerlo por la investidura. Tuvieron que pasar seis semanas para que finalmente saliera una carta de congratulación.

Sin embargo, en su primer mensaje como presidente electo, Lula pronunció unas palabras como pensando en la experiencia mexicana. Textual.

“A partir del 1 de enero de 2023, gobernaré para 215 millones de brasileños, no sólo para los que votaron por mí. No hay dos Brasiles. Somos un solo país, un solo pueblo, una gran nación”.

Es decir. Un discurso de unidad, no de odio y exclusión.

Chayo News

Pues bien, el alcalde de Pahuatlán, Eduardo Romero, ha reiniciado un proyecto que tiene varios años en el tintero de los sucesivos gobernantes sin haberse consumado, aunque en la administración pasada se contó con grandes avances.

Se trata de un proyecto cultural: la organización de un museo regional. Una vitrina espejo de la pluralidad cultural nahua-otomí-mestiza, que reconstruya el tejido social y el sentimiento de pertenencia. Rotos por la acción partidista, la pobreza, la desigualdad y, tal vez, la migración (no tengo seguridad al respecto, porque –a la distancia–ha propiciado un efecto identitario en los que salen).

El proyecto ha devenido en programa de contenido turístico, en el marco del programa de Pueblos Mágicos.

El pueblito se encuentra con calzador en esa lista. La cultura y el turismo no se llevan. Por esa razón se les mantiene separadas en la administración federal y estatal, y sus acciones son disímbolas.

La primera tiene que ver con la vida: es la que hizo la magia para que el hombre remontara su condición de bestia peluda, y saliera de las cavernas e inventara el mundo, y la vida en comunidad. Fue como el hombre llegó hasta donde ha llegado. Habrá quien le llame civilización, y quien barbarie.

El turismo es una actividad humana en permanente tensión con la cultura. Está demostrado que la presencia recurrente de paseantes masivos en sitios patrimoniales tiene efectos depredadores.

Sin embargo, en pueblos como el que nos ocupa, sumidos en la pobreza y pobreza extrema, y sin políticas eficientes que la mitiguen, se le mira como solución. Fue como se enlistó al pueblito en la categoría de mágico.

Veamos. La historia tiene sus variaciones, no el núcleo. Melitón Guzmán protestó el cargo de presidente municipal sin grandes perspectivas de acción, pues modesto, se asumió como otro alcalde ordinario. Pero he ahí que siempre hay un listillo.

Uno de esos le pasó unas hojitas con los indicadores de pobreza. “Ay, no mames”. Se estaba enterando que, de una población total de 20 mil habitantes, apenas 40 no son pobres ni vulnerables.

Listillo como el otro. Tomó un folder amarillo, metió las hojitas y se marchó a Puebla en busca de entrevistarse con el gobernador en turno. No le fue sencillo. Ya frente a él le tendió el hallazgo. “¿Que necesitas?”, preguntó el mandatario.

Estaba de buenas; raro en él. “Que me ayude con mi gente”. “¿Cómo?” “Con dinero”, respondió el alcalde. “¿Cuánto necesitas?”, alumbró una sonrisa burlona. No lo había pensado. Se turbó.

Entró en una laguna con aguas turbulentas. Los miles se convirtieron en pesos y los pesos en millones. Entonces del mero adentró le salió “cinco mil… millones”. “No mames, presidente. Es el presupuesto de la capital”.

Persistió en la solicitud. Alguien lo invitó a salir de la oficina; en el filo de la puerta alcanzó a escuchar un “ya veremos qué”.

Las hojitas pasaron a la oficina de asesoría y allí encontraron que Pahuatlán tenía rentabilidad electoral. El PRD, uno de los partidos de la coalición gobernante, había ganado una década atrás.

El pueblo se volvió atractivo y fue como se le declaró Pueblo Mágico, sin reunir los criterios técnicos que exige el programa (al respecto hay estudios robustos de la BUAP). Una decisión política, no técnica.

En automático entró en la égida del morenovallismo y la suerte de Arturo Hernández quedó echada, como el hombre del gobernador; en la primera elección lo hizo ganar la presidencia municipal.

Gobernó durante cuatro años y ocho meses. Con esa misma venia fue declarada presidenta municipal Lupita Ramírez, su señora, y estuvo a un tris de ser declarado director del sistema encargado de la construcción de escuelas, y ella diputada local.

En el 2021, sin el auspicio de Moreno Valle, perdió la elección y se rompió el programa que incluía varios periodos de gobierno.

Durante los tres años consecutivos de Guzmán, para ser efectivo el título, los recursos del Ramo 33, orientados a la construcción de infraestructura social, se concentraron en las calles 5 de Mayo y 2 de Abril, en perjuicio del desarrollo material de los pueblos con mayor rezago social.

A la par entró en camaradería con miembros del gobierno y se volvió asiduo miembro de comidas y borracheras de cincuenta y cien mil pesos la noche.

Esa misma suerte corrieron las declaratorias de Xicotepec, Huauchinango y Chignahuapan, municipios que a cambio del Título pasaron a la órbita electoral del PAN.

En términos estrictos, los únicos que en Puebla aplican para la categoría de Pueblos Mágicos son Cuetzalan, Atlixco y (apretado) Zacatlán.

El proyecto como idea es viable en el caso del pueblito, como acción no. No sirve porque reproduce las inequidades y privilegios de siempre.

La Dirección de Turismo no tiene programas sectoriales ni estudios de impacto, imprescindibles para la toma de decisiones, y salir de las ocurrencias y las buenas intenciones (el Plan Municipal de Desarrollo es la copia de la copia).

Por ejemplo, si de lo que se trata es de incentivar la actividad económica en todo el cuerpo social, se debe diseñar e implementar programas en esa dirección.

Actualmente la derrama proveniente del turismo no tiene un carácter redistributivo, como se desearía. La concentran los hoteleros.

Según mis cálculos, entre el 65 y 75 por ciento de lo que deja el turismo es para el Hotel San Carlos, el Hotel Jardín, las cabañas y los otros sitios de hospedaje. Entre un 10 y 15 por ciento va a las fondas que sirven comida; otros diez se distribuye en la compra de pan y café. Todo en la cabecera.

A las comunidades indígenas, las que tienen y hacen la magia que entusiasma y engancha al turismo, irá alrededor de un cinco (no llega a diez) por ciento, del cual, el 80 por ciento va a los sanpableños que se distribuyen con su venta en el suelo del portal grande, y el 20 es para los nahuas de Atla y Xolotla, que venden sus bordados a pie de cliente.

En este escenario tenemos que el ayuntamiento trabaja e invierte para beneficiar a los hoteleros, la industria más boyante. Se dice, a nivel de chisme, que su propiedad se ha concentrado en una sola persona, lo cual no es motivo de política municipal; de ser cierto, claro, sino de las fuerzas del mercado que todo lo somete a sus intereses.

Sí, es deber del ayuntamiento encontrar los mecanismos idóneos para que la derrama económica beneficie a la mayoría de la población.

Esto es, que la presencia del turismo tenga un sentido redistributivo para lo cual es preciso establecer consensos, acuerdos, diálogos, entre autoridad y prestadores de servicios. No digo nada nuevo ni descubro el hilo negro.

Así lo establece las leyes federal y estatal de planeación. Otro beneficiario de la política concentradora es Sandro, el único lugar abierto para cenar después de las cinco de la tarde. Tan poco es culpa suya, es la falta de incentivos a la inversión.

Tiene el agravante de que en ocasiones no hay agua en los comederos, o el baño no está disponible. Son temas que se pueden achacar a los prestadores del servicio. Pero no. Tiene que ver con las políticas del sector. Una buena política en la materia comienza por pedir y cuidar que los baños estén limpios.

Uno de los hombres más lúcidos del pueblo, ex presidente municipal, vio que el programa en su planteamiento original era una escaramuza. Lo denunció; un mal nacido lo metió en la cárcel por ejercer sus derechos cívicos. Lo recuerdo porque es parte de la historia del programa.

Este choro no tiene más fin que ayudar; romper el círculo concentrador de la cabecera con el que nació el programa, y que las cosas mejoren no sólo para unos, sino para los nahuas, otomíes y mestizos perdidos en las faldas de los cerros.

No olvidemos que la quinta esencia de la política-política es crear bien público.

 

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