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Viernes, 15 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

¿Materias a gusto de los funcionarios de la BUAP?

Los burócratas disfrazados de académicos sin ningún respeto por los estudiantes de posgrado

Guadalupe Grajales

Licenciada en Filosofía por la UAP con Maestría en Filosofía (UNAM) y Maestría en Ciencias del Lenguaje (UAP). Candidata a doctora en Filosofía (UNAM). Ha sido coordinadora del Colegio de Filosofía y el posgrado en Ciencias del Lenguaje (BUAP), donde se desempeña como docente. Es la primera mujer en asumir la Secretaría General de la BUAP.

Martes, Octubre 25, 2022

Hay varias razones para combatir lo que a todas luces es una pretensión de intromisión de los funcionarios y de las oficinas administrativas de la universidad en los asuntos de carácter eminentemente académico y de formación en la investigación disciplinaria de más alto nivel.

La primera razón es de carácter legal. En ningún ordenamiento normativo de la universidad aparece como facultad de un funcionario, sea éste vicerrector o no, la de proponer o determinar el contenido programático de los estudios de posgrado. Las razones son obvias. Sólo los miembros de las academias de los posgrados tienen la formación disciplinaria indispensable para definir el carácter del posgrado, si es profesionalizante o de investigación, y el consecuente diseño curricular en términos de los objetivos generales y específicos de ese programa educativo.

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Estamos tan acostumbrados a las decisiones verticales que los que forman parte del aparato administrativo creen que los docentes e investigadores están a la espera de sus ocurrencias para ponerlas en práctica de inmediato.

Pero en el caso de este “Curso Formativo” con perspectiva de género han ido demasiado lejos. No los asisten ni las normas ni la preparación académica. Lo único que tienen a la mano es el garrote. Quizá por eso algunos piensen que hay que “negociar” y darle una “salida” a su ocurrencia con la inclusión de un taller o alguna actividad extracurricular. Pero no es así.

Ya la burocracia cuenta con un poder monumental. ¿Cuál sería el objetivo de que tengan un poder aún mayor? Uno de tipo académico, claro que no. Los burócratas sólo necesitan “meter la mano” en lo más preciado del posgrado que es la libertad de cátedra y de investigación. Los burócratas no entienden que a diferencia de todos los demás, ellos sólo pueden hacer lo que la ley les permite, y nada más.

Por otra parte, la estructura de los planes de estudios de los posgrados en general es sumamente flexible: cuentan con un cuerpo de materias de tipo formativo en la disciplina o especialidad de que se trate; y además con un abanico de materias o seminarios de contenido variado que se abre para ofrecer a docentes y estudiantes la oportunidad de elegir un tema específico y de profundizar en él para desarrollar una investigación que se caracteriza por ser de frontera y del más alto grado de especialización.

Los estudiantes de posgrado vienen ya formados en alguna disciplina de su elección y cuando ingresan en este nivel es porque esperan seguir profundizando en los aspectos o enfoques que más les interesaron. Imagínense si existe alguna razón de tipo académico para darles “una embarrada” del tema que sea cuando ellos están esperando justamente lo contrario: profundizar y desarrollar un trabajo de investigación seria. Es como “darles gato por liebre”.

No sé qué se imaginen los burócratas cuando hablan de las “políticas institucionales”. ¿Se creerán que ellos son la institución? ¿Que los docentes y estudiantes están a la espera de sus glamorosas iniciativas para seguirlas a pie juntillas? La burocracia es, en el mejor de los casos, un mal necesario y por supuesto que no son “la institución”. A la universidad la formamos los estudiantes y los docentes. Somos nosotros los que desarrollamos sus actividades sustantivas y no los funcionarios, uno de cuyos rasgos definentes es que son designados por otros funcionarios por arriba de ellos y que, por lo tanto, no constituyen ninguna autoridad.

Las únicas autoridades universitarias son las personales y las colegiadas. Las primeras son la rectoría y las direcciones de unidad académica; y las segundas son el consejo universitario y los consejos de unidad académica cuyo rasgo definente es el de ser electas, no designadas.

Los docentes que constituimos las academias de posgrado somos los únicos facultados para establecer los contenidos de los planes y programas de estudios y nuestra responsabilidad es responder a las expectativas de los estudiantes que optan por nuestros posgrados. Si estamos al servicio de alguien, ese alguien son nuestros estudiantes que esperan de nosotros la preparación, el rigor, la disciplina, la dedicación que sólo podemos derivar del estudio y actualización constante en los temas de nuestro interés.

Por lo demás, es una falta enorme de respeto hacia los verdaderos especialistas en género o interculturalidad o discapacidad, aunque la verdad, no sé bien a bien a qué se refieran los funcionarios cuando hablan de esto último. En verdad, es una falta de respeto a todos los docentes de posgrado porque cada uno(a) puede abordar estas temáticas desde la perspectiva de su disciplina y su propio enfoque. Por ejemplo, para alguien que trabaja temas de Filosofía de la mente probablemente aborde la cuestión de género al hacer un análisis del concepto de persona, qué rasgos la distinguen y cómo se conecta con otros conceptos como los de libertad, autodeterminación, dignidad; y de aquí la relación con temas como el de la moralidad pública y privada, acciones por deber y por conveniencia, en fin, las conexiones son múltiples, pero requieren de un hilo conductor que es justamente la especialización del docente y la formación del estudiante.

¿No les parece a ustedes de la mayor importancia no concederle absolutamente nada a la burocracia y mantener intactas las atribuciones y facultades de las academias, fincadas éstas en su probada capacidad para crear un posgrado y sostenerlo?

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