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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

David Huerta

Ante su partida, nos queda su gran obra entre ellas Las hojas, libro de ensayos sobre poesía

Víctor Reynoso

Sociólogo por la UNAM, maestro en Ciencia Política por la FLACSO y doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México. Profesor jubilado de la UDLAP. Sus líneas de trabajo como investigador son sistemas electorales y sistemas de partidos en México, democracia y cultura política. Autor de diversos libros y artículos especializados.

Miércoles, Octubre 12, 2022

Murió David Huerta. “Un gongorista de izquierdas” lo consideró Christopher Domínguez. Pero, ¿a quién puede importarle la muerte de un poeta? ¿O su vida? ¿O su obra? A muy pocos. Por razones que no alcanzo a tener claras, un libro suyo, de ensayos, ha sido para mí una muy feliz compañía en los últimos meses.

Se titula Las hojas. Sobre poesía. Editado por Cataria en 2020. Estoy de acuerdo con Borges en que la lectura es, debe ser, una forma de felicidad. No siempre es claro por qué unas lecturas nos hacen felices y otras no. En el caso de este libro la claridad, la capacidad de síntesis, la sabiduría, explica la felicidad de algunos lectores.

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Dicen que para Platón el amor es un supremo arquitecto que bajó a la tierra para establecer vínculos. Las hojas nos vincula con numerosos poetas y críticos de poesía. De una manera significativa, cálida, pertinente.

La lista es larga y variada y demuestra tanto la sensibilidad como el amplio conocimiento del autor. Sobre todo, de la poesía en español e inglés. No se centra en ningún poeta en particular, pero destacan algunos. Los breves versos de Góngora, incomprensibles para un lector común, son explicados con claridad.

Un breve poema de Lorca, “La canción del jinete”, aparentemente simple y claro, es analizado con agudeza. Su interpretación de Cervantes, heterodoxa, original, apasionada, también llama la atención. Lo mismo su lectura de poetas en otras lenguas, como Dante, Eliot, Pound.

Antonio Gómez Robledo, Antonio Alatorre, Stephen Reckert, Nebrija, Gil de Biedma, son algunos de los críticos reivindicados. Harold Bloom, quizá el más famoso de mencionados en el libro, no tanto: lo considera “en todos sentidos inferior” a su antecesor T. S. Eliot.

El libro establece un conjunto de diálogos, de vínculos, con autores de otros tiempos y otros lugares. Diálogos significativos, que enriquecen nuestra vida y nuestra visión del mundo.

Pero, ¿a quién puede interesarle la poesía, y menos todavía los ensayos sobre poesía? A todos los interesados en el lenguaje. La poesía es la expresión sintética y profunda de nuestras lenguas. ¿A alguien puede no interesarle las palabras, la forma como nos comunicamos con nuestros semejantes y con nosotros mismos?

Quede como provocación de esta importancia, quizá demasiado sutil, la frase de Alfonso Reyes que Huerta recupera en este libro: “Quiero el latín para las izquierdas”.

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