En este mismo espacio, en diversas ocasiones, hemos hablado de la importancia de apostar al bienestar integral. Es decir, a sentirse satisfecho con la vida, al lograr el justo balance en aspectos como el físico, mental, emocional y espiritual.
Sin duda, la naturaleza del ser humano, como un ser social, está orientada a la búsqueda de este bienestar, la felicidad y el buen vivir; anhelos que parten de la apreciación personal que cada quien tiene de lo que es la vida.
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Es así que se habla de “bienestar subjetivo”, el cual puede definirse -de acuerdo con diversos autores- como la experiencia del conjunto de condiciones de vida, tanto de bienestar como de malestar, de una persona, en la que interviene, entre otros aspectos, su orientación de vida predominante, como marco de referencia y la valoración de su propio bienestar.
Pero más allá de ello, el bienestar subjetivo es uno de los temas fundamentales de la calidad de vida. Es por ello que la propia Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) recomienda, a todas las oficinas nacionales de estadística de sus países miembros, generar indicadores de bienestar subjetivo que complementen los indicadores económicos.
Para su captación, es necesario preguntar directamente a las personas sobre cómo experimentan su propia situación, tanto respecto a sus condiciones de vida materiales (vivienda, nivel socioeconómico), como en lo que concierne a sus condiciones de vida en términos inmateriales (sus estados de ánimo, sus relaciones y logros personales, su salud, sus perspectivas a futuro, su tiempo libre).
Al respecto, se han generado diversos mitos; uno de ellos es que las y los mexicanos, a pesar de las circunstancias que nos envuelven por la propia dinámica de nuestro país, somos una de las sociedades más felices o con una alta percepción de bienestar subjetivo, pero ¿será esto cierto?
Para responder esta interrogante, considero conveniente analizar el reporte de resultados que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) publicó la semana pasada sobre el Módulo de Bienestar Autorreportado (BIARE) que contempla información a julio de 2022.
Este estudio, a través de sus diferentes módulos, analiza el bienestar subjetivo desde tres dimensiones: 1) balance anímico, éste representa un indicador de la situación emocional de la población; 2) satisfacción con la vida en general y con ámbitos específicos de la misma y 3) eudemonía, es decir la fortaleza de ánimo y sentido de vida.
Los resultados de esta investigación muestran que la población adulta urbana de las 32 ciudades del país valoró en un 8.3 (de 10 puntos) lo satisfecha que se encuentra actualmente con su vida. Este resultado está una décima por arriba de la calificación reportada un año antes.
Por una parte, podríamos considerar que este indicador “prueba” la afirmación de que quienes habitamos México somos felices; aunque lo más interesante es que dentro de estos resultados, el aspecto con el que la población está más satisfecha es con sus relaciones personales.
Este punto me parece muy interesante, ya que coincide con lo que Robert Waldinger, profesor de Psiquiatría en la Universidad de Harvard y quien ha dirigido el estudio más importante de la ciencia sobre la felicidad humana, el Harvard Study of Adult Development, ha dado a conocer.
Waldinger ha dicho que los resultados de esta investigación, realizada desde hace más de ochenta años, muestran que la gente que tiene buenas relaciones suele ser más feliz.
“Creemos que tienen menos tendencia a la depresión y la ansiedad y sus relaciones pueden ayudarles cuando se sienten deprimidos o ansiosos. Pero, además, tienen mejor salud física. Muchas de las enfermedades que se desarrollan con la edad pueden reducirse e incluso prevenirse con buenas relaciones”, ha revelado.
E incluso ha afirmado que cuanto más extendamos nuestra comunidad, apoyándonos, cuidándonos, más sanos estaremos todos, y también más felices.
Por supuesto que no todos los aspectos de este estudio son positivos, ya que, en contraparte los dominios con promedios reportados por debajo de la satisfacción con su vida en general son: vecindario, tiempo libre, ciudad, país y seguridad ciudadana.
Considero que este estudio nos da mucha luz no sólo sobre el enfoque que deben tener las políticas públicas, sino sobre todo la perspectiva en la que las y los mexicanos debemos centrarnos para construir nuestra felicidad.
Es indudable que la vida está llena de coyunturas y momentos difíciles, pero por otra parte la propia dinámica de nuestro país y cultura nos permiten afianzar los lazos sociales familiares y amistosos.
Si bien nuestro bienestar depende de diferentes aspectos, muchos imposibles de controlar, sí podemos aprovechar y potenciar la cohesión social como la mayor ventaja para ser felices.