Ante la llegada del tercer titular de la Secretaría de Educación Pública, en lo que va de este gobierno, refrendo lo dicho en mi colaboración de la semana pasada, en dos sentidos:
1.- “…un profesor, para la Secretaría de Educación Pública no basta ni garantiza el desempeño óptimo de este. Se requieren perfiles complejos que respondan, por lo menos, a la dimensión política, administrativa, humana… y por supuesto pedagógico-educativa.” y,
2.- “Cuando el funcionario público ocupa su mente y corazón en la dimensión política, encarnada en la obtención de puestos públicos, así como poder político y económico, resulta muy pero muy difícil mantener de pie, esa esperanza, que justamente es la que nos mantiene así: de pie.”
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Nueva profesora en el cargo… ¿qué esperar? Pues si ligamos el halago y reconocimiento presidencial al despedir a la secretaria saliente calificando de excepcional su labor, en primer lugar por la "buena relación con los maestros... traducido en la inexistencia de paros..." con el perfil de la secretaria entrante -esencialmente político y de lealtad-, podemos imaginar lo que viene para la educación en nuestro país.
Dado el contexto mexicano, resulta desalentador el futuro para la educación en nuestro país: actores, tendencia seguida en estos tres años, inexistencia de implementos indispensables para sustentar transformaciones como las declaradas, así como el poco tiempo disponible, son factores determinantes para el pesimismo.
Primer acto: primera señal que refuerza la apreciación anterior la “presentación del Plan de Estudios de Educación básica” simbólicamente realizado en la Escuela Secundaria Anexa a la Normal Superior; acto acorde al espíritu político al que responde:
Oradores con discurso florido sobre la educación y la aspiración de formar hombres críticos y deliberativos… ¿quién en su sano juicio se opondría a muchas de las afirmaciones expresadas a manera de convicción vital? Las dudas surgen en otra dimensión, mucho más mundana, la que tiene que ver con la implementación de lo dicho; factor a considerar, es el tiempo que le queda a este gobierno; otro, la inexistente preparación tanto de materiales, tales como los libros de texto, así como la formación inicial de los maestros, que han de operar este modelo y que implica la reestructuración en escuelas normales, mínimamente en sus planes de estudio, entre otros.
Si las carencias que señalo, fueran inexistentes y ya han sido resultas, es decir, ya se trabajaron los detalles en el desarrollo de planes de estudio, ya están listos los libros de texto, los maestros están debidamente informados y “capacitados” y ya se realizaron las modificaciones pertinentes en la educación normal, me disculparía; en tal caso, la confusión responde a la evidente incapacidad de comunicación, o indiferencia de la actual administración.
Siendo un pesimista con esperanza, sinceramente espero estar equivocado, pero si estuviera en lo cierto, estaríamos atestiguando un gobierno que perdió la magnífica oportunidad coyuntural, que difícilmente se repetirá, de realizar cambios reales y significativos en la educación en este país; el desaprovechar este tipo de oportunidades, ante la expectativa popular, generada por el arribo de un gobierno de este tipo, genera el riesgo social del desencanto.