“Esta elección demuestra la debilidad que tiene Morena y la fuerte confrontación que hay al interior. Es un presagio de lo que puede pasar en términos electorales en un futuro, si esto no se arregla desde el interior y si no se establecen reglas claras en las que los grupos que integran Morena puedan participar y tengan certeza de que pueden obtener espacios en el partido”, esto lo dijo en entrevista Gustavo López Montiel, profesor de Ciencia Política en la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del Tecnológico de Monterrey.
Los conflictos internos en Morena no empezaron con esta elección de consejeros; tampoco fueron motivados por la elección de candidatos en el 2021, tampoco lo fue con la llegada de los grandes políticos con sus abultadas carteras y sus innumerables estructuras políticas en el año 2018, tampoco lo fue en la elección anterior o en su fundación, los conflictos internos en Morena existen desde que existe la izquierda en México, siempre peleando, construyendo conflictos entre los puros y los impuros, los de sangre sucia por no ser hijo de comunista o socialista contra el heredero legítimo, y con derecho a todo por ser el hijo de papá o de la mamá o nieto del abuelo, así hoy muchos son delegados, diputados, senadores, funcionarios públicos, directivos y dirigentes, porque en las izquierdas también importa ser hijo de mamá o papá, de lo contrario eres de sangre sucia.
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A mediados del año 2016, por un llamado que hizo el padre Alejandro Solalinde a través de sus redes sociales para todo el país, llegamos a Morena muchos integrantes de movimientos sociales y derechos humanos para sumarnos a los esfuerzos de Andrés Manuel López Obrador para sacar al PRI del poder; lo cierto es que a la mayoría nos generaba mucho ruido sumarnos en esos momentos a un partido político, pues sin necesidad de un líder o partido, las luchas sociales y los movimientos que encabezábamos o acompañábamos nos permitían tener una fuerte representatividad que nos permitía incidir por encima de los presidentes de partidos o dirigentes políticos, y nuestra presencia mediática era mayor y con mejor penetración en la sociedad que de cualquier político de partido.
En México ser parte de cualquier fuerza política en lugar de sumar, resta credibilidad, imparcialidad e incluso fuerza social; sin embargo, después de tanto insistirnos decidimos sumarnos a Morena, con dos objetivos: hacer que AMLO fuera Presidente y acompañarlo en el poder como representantes electos y/o como funcionarios públicos, con proyectos concretos que dignificaran los derechos humanos en el País, Estados y municipios, reconstruyendo el tejido social tan descompuesto que estaban dejando los gobiernos del PRI y del PAN.
Desde el día uno que llegaron activistas y defensoras (es) de derechos humanos a Morena, en todo el país buscaron ganarse un lugar, algunos en el Comité Ejecutivo Nacional, otros en los Comités Estatales, también en las coordinaciones estatales y distritales; todas y todos aportando conocimientos, tiempo, esfuerzo incluso dinero, pero también desde el día uno, fueron y fuimos víctimas de discriminación por no ser hijos de la izquierda o por no ser desde adolescentes de formación comunistas, socialistas, etc. Es y era pecado haber sido funcionario o haber pertenecido a cualquier otro partido que no fuera el PRD. A pesar de eso, la mayoría decidió seguir trabajando; para algunos como yo, terminó siendo una actividad de tiempo completo por los encargos que se nos hacían y todo sin cobrar un solo peso.
En todos los casos existía claridad de que se trataba de un intercambio: “hacemos las actividades de partido sin cobrar, pero tu me das la posición política electoral acordada; eran acuerdos cantados y claros, pero no se podían decir abiertamente porque para los fundadores de Morena era también pecado decir que querías una posición porque como dice AMLO “no estamos por puestos”; pero entonces ser presidente, diputado, funcionario ¿no es un puesto? Si no los queremos, entonces ¿se los dejamos a los priistas, panistas y perredistas? Finalmente en el 2018, al momento de las decisiones nos hicieron a un lado argumentado que no contábamos con dinero para la campaña (ojo nunca nos pagaron un sueldo) y por no tener estructura (pagada) y los llamados históricos, puros, fundadores, ideólogos, honestos y otros adjetivos que se autoimponían, terminaron apoyando al priista, panista, perredista o multipartido. En mi caso particular, me hicieron a un lado porque quien me tenía que apoyar terminó apoyando a quien fue diputado federal del Distrito 11 en Puebla, quien buscó reelegirse y ya no pudo porque lo metieron a la cárcel. Este personaje es un priista que presumía tener mucho dinero y una gran estructura electoral, pero también un personaje con una muy mala reputación.
Ejemplos como el anterior, se repitió en el 2018 a lo largo y ancho del país y volvió a suceder lo mismo en el 2021 con la elección intermedia y ahora en el 2022 con la elección de consejeros, pero también está sucediendo en los nombramientos del personal de primer nivel, de dirección, administración, etc., en los diversos poderes del Estado, tanto federal, estatales y municipales, tolerando y premiando a priistas, panistas, perredistas, neoliberales y corruptos, dejando fuera a miles de militantes y simpatizantes de Morena u otorgándoles los peores puestos y bajo las órdenes de los neoliberales, o de plano bloqueando y obligándolos a tener que dedicarse a otras labores ajenas a la construcción de un mejor país, en su mayoría con todas las carencias, pues entregaron años atrás, todo al movimiento y al partido porque creían en ese sueño; y viendo desde muy lejos como el ANTI-AMLO destroza desde adentro del gobierno la visión de un nuevo México, mientras mantiene sus privilegios como flamante funcionario público dentro de la 4T, antes priista, antes panista, cuando quien tendría que vivir hoy una vida desahogada, estable y cómoda, es el militante o simpatizante de Morena y no solo por simpatía sino porque la mayoría de Morena tiene niveles académicos superiores, mejor experiencia y principios éticos mayores que los funcionarios públicos del PRIAN.
Falló la dirigencia pues sus decisiones están motivando que militancia, simpatizantes y electores estén cada vez más molestos, enojados y se sientan traicionados, pues figuras locales, estatales o nacionales traicionaron a su gente y están empoderando a neo-morenos, abriéndoles la puerta a indeseables. Nosotros, los activistas también fallamos, pues debimos exigir respetarán nuestros esfuerzos por encima de los perversos, los llamados fundadores y los de sangre pura de izquierda siguen fallando, pues hoy siguen utilizando el cien por ciento de su tiempo en grillas, pleitos y conflictos en lugar de dedicarse hacer partido, construir estructuras, profundizar una ideología, institucionalizar al partido, generar alianzas, pues nos bloquearon dejando pasar a los más malos y que hoy ocupan los puestos; esos mismos de los que hoy se quejan pero que estuvieron aplaudiendo hasta que fueron despedidos, degradados y perseguidos y por eso insisto quien le falló hoy al Presidente fue Morena, pues el ya hizo lo suyo. AMLO ya es presidente y es el presidente con los positivos más altos en la historia de México.
Nosotros no hemos hecho nada para convertir esos positivos en empoderar e institucionalizar la 4T, por eso hoy hay poderosos que buscan romper a Morena para quedarse con las sobras y hacer de este partido su caja chica para el futuro. Y tú, ¿lo vas a permitir?
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