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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Fanatismo

En México bien nos convendría a todos revisar nuestras ideas e identificar dónde nos encontramos

Víctor Reynoso

Sociólogo por la UNAM, maestro en Ciencia Política por la FLACSO y doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México. Profesor jubilado de la UDLAP. Sus líneas de trabajo como investigador son sistemas electorales y sistemas de partidos en México, democracia y cultura política. Autor de diversos libros y artículos especializados.

Miércoles, Agosto 3, 2022

"El fanático sólo puede contar hasta uno, ya que dos es un número demasiado grande para él o para ella”, escribió Amos Oz. La frase tiene la fuerza y la debilidad de la ironía. Pero en el resto de sus reflexiones sobre el fanatismo la idea de este autor queda más clara y adquiere más sentido.

Señala al fanatismo como parte de la tendencia humana de buscar soluciones simples a problemas complejos. En ciertas situaciones esto lleva a plantear “fórmulas de salvación”, acciones relativamente simples que resuelvan de raíz los más graves problemas.

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Lo que casi siempre implica señalar a un culpable.

Como judío que nació y vivió en Jerusalén, Oz se consideraba un experto en fanatismo. Él mismo fue un fanático, nos dice: sus primeras palabras en inglés fueron “British, go home”, un rechazo a la presencia británica en Israel.

En su ciudad conoció diversas expresiones fanáticas, de judíos desde luego, pero también de cristianos, musulmanes, socialistas, anarquistas y reformadores diversos. Habla de un trastorno mental: el “síndrome de Jerusalén”. Consiste, en parte, en no escuchar más que las propias ideas. Quienes lo padecen no buscan tanto cambiar las cosas, sino crucificar o ser crucificados.

Hay desde luego grados. Aun causas nobles, como la defensa de la ecología o el combate al tabaquismo, pueden dar lugar a posiciones fanáticas. En algunos casos simplemente son molestas. Los altos grados de fanatismo se dan cuando los propios fines justifican cualquier medio, señala Oz. Cuando la propia idea de justicia es más importante que la vida de otras personas.

La lista de situaciones en las que vidas humanas fueron sacrificadas a partir de ideas es larga y dolorosa. Algunos anarquistas consideraban justo y necesario asesinar sacerdotes, para acabar con lo que ellos consideraban un mal: la religión. Diferencias de creencias llevaron a la hoguera a muchos cristianos condenados por otros cristianos. Diferencias étnicas han justificado el exterminio de grupos humanos, o su esclavización. Algunas ideas políticas justificaron o justifican la muerte de los adversarios.

No estamos en México, creo, cerca de esos extremos. Pero sí nos convendría a todos revisar nuestras ideas. Ver si caemos en el simplismo de no poder contar hasta dos. Si reducimos problemas complejos a soluciones fáciles. Si buscamos culpables de una manera simplista. Si, a nivel simbólico, buscamos a quien crucificar o ser crucificados.

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