Desde adentro, nadie sabe la angustia que siento, la sed, el hambre, me limpio el sudor y finjo una sonrisa, el optimismo; sólo deseo acabe el día, en la noche las tristezas son menos, porque en la obscuridad la gente no lo nota, ni dicen los comentarios que evocan lástima.
Saltar el medio día sin probar alimento y seguir positivo, “la mente de tiburón” me dijeron algunos, que “para merecer hay que sufrir”, siendo el eco de muchas religiones, que “si no duele no sirve”, sin duda los educaron para el dolor más que para el disfrute de la vida.
Más artículos del autor
Twitter: @romansanchezz