Decíamos en la anterior entrega que lo que hay en materia de salud mental en Puebla corresponde a condiciones, modelos y tratamientos de varias décadas atrás, no obstante, los adelantos alcanzados y el anuncio de nuevos programas.
La infraestructura sanitaria se encuentra desvencijada, y el personal especializado hastiado por la rutina, pero sobre todo por la falta de entusiasmo en los dirigentes.
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Los directores, al fin directores, pueden llegar o no llegar, atender o no atender, o a lo mucho presentarse tres horas durante el día, de once a dos, y retirarse.
Ciertamente hay sus grandes excepciones, pero esas son eso: excepciones. No la regla. La discriminación se ceba en general con el grupo de personas clasificadas en el argot popular como “locos”.
Hasta donde tengo entendido, en los hechos, no en los papeles, no hay derechos que los ampare. Y si los hay, no hay las instancias de gobierno que los proteja.
Los expertos afirman que las reformas recién aprobadas en la materia distan mucho de ser la solución, ni para el futuro ni para el presente.
Amen, como ya se dijo, de encontrarse retrasadas respecto de los países más avanzados, o los que más han experimentado.
Sin embargo, todo hace creer que las modificaciones a la ley y la repentina puesta en práctica del Programa de Salud Mental “Juntos por la Paz”, obedece más a presiones internacionales de la OMS que a una verdadera preocupación de los gobiernos locales.
En una etapa de restricción generalizada de recursos, y de escasez de medicamentos generales, los neurológicos resultan literalmente inalcanzables. Para los enfermos, las familias y hasta para el propio aparato de salud.
Entre los males domésticos se señala que ante el de por sí escaso presupuesto, se enfrenta el problema de los llamados “aviadores”, personajes que por sus relaciones políticas gozan del privilegio de llegar por la mañana, firmar y retirarse; para regresar a la hora de la salida.
Otros de plano no llegan. Exfuncionario de la anterior administración municipal en la capital han encontrado cobijo presupuestal aquí, ¿de qué otra manera podría ser? A costa de los medicamentos y servicios.
Una de las afirmaciones más escuchadas en los corrillos de pasillo, es que en los Centros de Atención hay más jefaturas que pacientes.
Incluso se habla de nombramientos de direcciones ficticias, que no aparecen en el organigrama institucional de la Secretaría de Salud. Pero habilidosos como son, se la brincan.
O, en otro caso, de personas que ocupan puestos sin tener el perfil para hacerlo. Todo en detrimento de la calidad del servicio; que al cabo los pacientes están para agradecer, no para exigir.
¿Cuál es la política que predomina en esas dependencias sanitarias? La mejor política para ellas, es que los enfermos se retiren a su casa, con la familia, o a dónde tengan que hacerlo.
Evitan a toda costa que los enfermos se internen. Para eso invocan un conjunto de razones que pueden ser válidas en casos muy particulares, pero no puede ser una política general. Incluso en el papel, la estructura de atención está (o estaba) dividida en cuatro niveles.
Muchos enfermos y sus familiares tienen la esperanza que con un periodo de internado podrían salir aliviados, e integrarse a la vida normal.
Es un anhelo muy legítimo, de enfermos y familiares, y debería de serlo también del personal técnico y especializado, que para eso se contratan. Pero todo indica que no.
Luego entonces el convencimiento de que no se internen conlleva varios periodos de negociación y espera, con sus respectivas frustraciones.
La promesa de la consulta interna es entendida por los pacientes como la manera elegante de mandarlos a su casa.
Los que llevan varios años de atención no advierten avances. En algunos casos, y en base a su experiencia, refieren retroceso.
Saben que en su caso la medicina y los métodos de atención han avanzado en el último medio siglo, pero no lo ven en su tratamiento. Afirman que siguen recibiendo los tratamientos de un CECAP.
En el caso de Puebla, oficialmente se tienen trece Unidades Especializadas de Atención Médica (los llamados UNEMES CAPA) distribuidas por todo el territorio, sin embargo, sólo funcionan 11, para 217 municipios.
Con la reforma y el nuevo programa Juntos para la Paz, se espera que esos mismos CAPA (once o trece) se encarguen de la atención de enfermos con problemas de adicciones, depresión, ansiedad y los que sobreviven en el filo del suicidio.
Algunos de estos CAPAS tienen por todo personal especializado… a una trabajadora social. Pero además se dice que este modelo ya fue implementado (“terapia breve”) sin resultados satisfactorios, para decirlo con suavidad.
Los que conocen la experiencia reciente tienen sus reservas. Si en el pasado, cuando los centros de atención primaria se hacían cargo de un solo padecimiento no lograban resultados, con cuatro será mucho más complicado.
El problema no es que ahora la atención se centre en una sola acción para los cuatro padecimientos, el problema es que se trata de las mismas instalaciones, el mismo personal (cuando no disminuido) y el mismo presupuesto.
Luego entonces el problema de los enfermos mentales tiene que ver en primer lugar con un problema presupuestario, del que nadie quiere hablar y menos entrarle porque los “enfermos mentales” no vende políticamente, como sí hacer escuelas o construir hospitales.
El otro gran problema tiene que ver con los métodos terapéuticos empleados y los medicamentos suministrados.
Alguien me escribió para decirme que en Puebla la salud mental es una falacia; si bien existen lugares para recibir atención (están los locales), pero no tienen programas, no hay atención adecuada, y lo peor –dice– es que a nadie le importa.
Otro lector me escribió unos mensajes que valen la pena replicar. Me aclara que los internamientos deben ser voluntarios; que nadie debe ser internado o anexado sin su consentimiento.
Por los avances médicos, ya no es necesaria la reclusión; aclara que la esquizofrenia, la paranoia, el trastorno bipolar y otros no tienen cura, los síntomas se pueden controlar con medicamentos.
También me dice que los tratamientos son ambulatorios. Los casos que ameritan internado son los de emergencia, como intento de suicidio.
Dice que la idea es que los hospitales públicos tengan áreas de psiquiatría, tanto para consulta interna como para casos de emergencia, considera que ahora el paciente mental irá al hospital como cualquiera, y que eso ayudará a quitar el estigma social que se padece.
Afirma que hay escasez de especialistas en la materia. Afirma que en el caso de los adictos el porcentaje de éxito es muy bajo; aún en lugares muy caros como en Oceánica, las recaídas son frecuentes. Me dice que en el mundo del arte hay muchos enfermos de la mente.
Otra más, me mandó el recadito de que me demandará por meterme en un terreno reservado; tal vez ignora que, como funcionaria, por ley está sujeta al escrutinio público.
Pero está en su derecho, y yo en el mío.
Chayo News
Las elecciones adelantadas de presidente de la República y gobernador de la entidad poblana, han alborotado el gallinero local. En otra parte hemos dicho que los pueblos, por chiquitos y marginados que sean, son reflejo fiel de lo que ocurre a nivel nacional, en lo político y económico. Si de algo han servido la expansión de las comunicaciones es para asimilar, unificar y homogenizar a la población. Recuerdo que el finado Alberto Amador Leal se sorprendía en sus recorridos por las aldeas de la Sierra. Llegaba a las casas de los amigos, muchas veces tarde, otras de noche, con lluvias torrenciales, gritaba desde la vera del camino, y nadie respondía, pero dentro se escuchaba algarabía; era la familia, que embelesada, gozaba viendo a Los Simpson. Pues bien: en el pueblito de ya saben cual, ya se velan armas.