Con todo mi afecto, cariño y solidaridad para la compañera Judith García y familia
Este 20 de julio se cumplen 50 años de que fue vil y cobardemente asesinado el universitario, líder y dirigente del Partido Comunista Mexicano, Joel Arriaga Navarro. Meses después, en diciembre de 1972, fue también asesinado el director de Extensión Universitaria de la UAP y también dirigente del PCM, Enrique Cabrera Barroso. En ambos casos han pasado cinco décadas y la justicia, la verdad y la reparación para su viuda e hijas, nunca ha llegado.
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En aquel tiempo, Puebla era una ciudad provinciana con fuerte olor a cirios y sacristía, somnolienta, “ojerosa y pintada”. López Velarde, dixit.
De acuerdo con el INEGI, en 1970 la ciudad de Puebla tenía 532.744 habitantes y dos fuerzas claramente enfrentadas: la derecha con tintes fascistas y nostálgicos de Franco y la “madre patria” agrupados en el FUA por un lado, y las fuerzas de izquierda y liberales agrupados en los llamados Carolinos. El epicentro de esta lucha era el control de la Universidad Autónoma de Puebla. El gobernador en turno era Gonzalo Bautista O´Farrill, hijo de otro exgobernador, el avilacamachista Gonzalo Bautista Castillo y el presidente de la República, el genocida Luis Echeverría Álvarez.
El contexto nacional y poblano del asesinato de Joel
A nivel nacional estaban frescas las heridas de la represión y muerte de estudiantes el 2 de octubre del 68 y el 10 de junio de 1971. Era el inicio del frenesí de la represión a los líderes de los movimientos sociales y el carrusel de la muerte mal llamada guerra sucia.
Joel estuvo preso en Lecumberri dos años a raíz de su participación en el movimiento estudiantil del 68.
A nivel estatal, el 14 de septiembre de 1968 y bajo la histeria anticomunista, fueron linchados en San Miguel Canoa, Puebla, un pequeño grupo de trabajadores y estudiantes de la UAP. Turba azuzada por el párroco local.
En enero de 1970, siendo gobernador del estado el general Rafael Moreno Valle, se llevó a cabo a manos del Ejército, la matanza de campesinos totonacos en la comunidad de Monte de Chila. Extraoficialmente se habla de que en dicha represión murieron 324 campesinos, masacre que ha quedado en el olvido y la impunidad y que, en su momento, no tuvo atención debida por parte de los medios de comunicación estatales y nacionales.
El militante comunista e historiador Gerardo Peláez Ramos, escribió sobre la muerte de Joel, lo siguiente:
“El asesinato de Joel Arriaga se dio ese mismo día. Después de una reunión en la universidad, el compañero se dirigió con unos amigos a tomar un café en un restaurante. Los asesinos fascistas entraron y salieron del restaurante en espera de la salida de Joel. Éste y Judith, su esposa, subieron a un auto, avanzaron unas cuadras, y, en un alto, un automóvil les cerró el paso, y se oyó en unos instantes una ráfaga de once disparos. Joel cayó muerto.
Judith salió a solicitar ayuda a unos policías que se encontraban cerca del lugar de los hechos, pero se negaron a perseguir a los criminales”.
Joel fue velado en el paraninfo de la UAP, hasta donde llegaron cientos de estudiantes, profesores, campesinos, obreros y gente del pueblo, quienes le rindieron homenaje.
El teniente coronel Felipe Flores Narro afirmó dos días después del asesinato lo siguiente:
“Las autoridades policíacas consideran casi imposible el esclarecimiento del asesinato del arquitecto Joel Arriaga Navarro por varias razones, pero principalmente porque este crimen fue ejecutado por pistoleros profesionales y ordenado por el alto mando de la extrema izquierda” (Punto Crítico, núm. 8, p.16.).
El periodista Manuel Buendía relató la atmósfera que privaba en la entidad. En aquel tiempo, decía Buendía que «semanas antes del asesinato las fuerzas de derecha y pro fascistas de la entidad habían creado todo un clima de intimidación y amenazas. A Joel Arriaga, Enrique Cabrera, Luis Rivera Terrazas y otros dirigentes comunistas y de izquierda de la UAP se les había amenazado de muerte. La capital poblana se llenó de pintas y pegas anticomunistas y fascistoides. En El Heraldo de México, por otra parte, se “descubrían planes y conjuras” de los militantes del PCM y otras organizaciones democráticas y revolucionarias para desquiciar la tranquilidad de Puebla. Y remataba que “grupos extremistas en Puebla estuvieron atrás del asesinato del arquitecto Joel Arriaga, en julio de 1972».
El periódico El Universal publicaba el 15 de septiembre de 1998, cómo el exarzobispo Octaviano Márquez y Toriz, a quién se le atribuye la consigna ¡Cristianismo Sí, Comunismo No!, realizó una llamada telefónica al entonces presidente en 1968, Gustavo Díaz Ordaz, durante la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Colombia:
“Señor presidente, nos estamos enterando que la agitación comunista prosigue. Cuente usted con nuestra total solidaridad. No podemos permitir este tipo de acciones comunistas. Lo respaldamos totalmente”, expresó el Obispo.
Ni verdad ni justicia, solo impunidad
En junio de 2002, la viuda de Joel, Judith García Barrera, recibió una notificación de la Procuraduría de Justicia de Puebla donde se le informaba que el caso ya había prescrito por haber cumplido 30 años en que ocurrió el homicidio y, decía el comunicado, “porque no había elementos para continuar con la investigación.”
El juez federal segundo de distrito con sede en Puebla, Jesús Hernández, le negó un amparo a Judith García bajo el argumento que el caso ya había prescrito.
En la danza, lluvia y tormenta de promesas incumplidas. En el 2002, se sumó la de la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado se comprometió a investigar el asesinato de Joel, ello, a sabiendas de que la Procuraduría de Justicia de Puebla había cerrado el caso en días pasados. Así mismo se comprometieron a indagar si en el homicidio había participado el Ejército Mexicano o alguna otra autoridad federal. Evidentemente no hubo resultado alguno por parte de la FEMOSPP acerca del cobarde asesinato de Joel.
Actualmente, se abre una pequeña rendija para que se haga justicia en éste y otros casos. Esa pequeña esperanza se llama Comisión para el Acceso a la Verdad, el Esclarecimiento Histórico y el Impulso a la Justicia de las violaciones graves a los derechos humanos cometidas de 1965 a 1990, creada por decreto presidencial el 6 de octubre del 2021. En ellos y ellas, está depositada la tenue y leve esperanza de que se juzgue así sea post mortem, a los autores materiales e intelectuales de los asesinatos de Joel Arriaga y Enrique Cabrera y de los asesinos de los estudiantes asesinados el 1 de mayo de 1973, cuya responsabilidad de acuerdo a la vox populi, fue del sátrapa ex gobernador, Gonzalo Bautista O´Farrill; y también se juzguen a los represores del pasado lejano y cercano.
No podemos permitirnos el lujo que todos estos crímenes de nuestras y nuestros compañeros-lejanos o cercanos- que lucharon por un mundo más justo, queden en el olvido y se haga realidad el verso del poeta español Gustavo Adolfo Bécquer en su poema ¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!
Finalmente considero que a 50 años de estos crímenes sería relevante y de elemental justicia que el Consejo Universitario de la UAP les entregara post mortem, el Doctorado Honoris Causa a Joel Arriaga Navarro, Enrique Cabrera Barroso y Alfonso Calderón, por su contribución a la creación de un proyecto de Universidad que le dio cabida a cientos y miles de estudiantes hijos de obreros y campesinos, con gran un compromiso social y una visión crítica de nuestra realidad.
El filósofo alemán, Walter Benjamin se preguntaba:
¿Qué hacemos con las víctimas de la violencia? ¿Qué pasa con los perdedores, con los vencidos, con los desechos de la historia? ¿Podemos concebir alguna esperanza para ellos? ¿Se ha pronunciado ya la última palabra sobre su dolor y su muerte?
Preguntas que siguen en el aire y sin respuesta y que no hemos podido o querido responder, iniciando por el gobierno y las instituciones de procuración y administración de justicia que no han estado a la altura de las circunstancias.
Para las víctimas de la represión y muerte del sistema, nuestro compromiso es y seguirá siendo la exigencia de Memoria, Verdad, Justicia y no repetición para nuestros/as compañeras/os asesinados y desaparecidos y sus familiares.
Carnet de militante del PCM de Joel Arriaga Navarro
Fuente: Tesis de maestría de Jesús Saldaña Ramírez. 2021
El PCM en Puebla: Resistencia y Universidad. Pag.100