En próximos días todos los habitantes del planeta habremos consumido los recursos que la Tierra generó para este 2022, para ser más exacto el próximo 28 de julio el planeta alcanzará lo que se conoce como “déficit ambiental”. Este indicador muestra que a partir de esa fecha todo lo que consumamos el resto del año será a cuenta de recursos que estaban destinados para los años siguientes y para satisfacer las necesidades futuras de la humanidad.
En otras palabras, el consumo que hagamos a partir del 28 de julio, un día antes que el año pasado, será un sobregiro para este planeta, que de por sí, registra un déficit ecológico desde más de 50 años, aumentado constantemente desde principios de los años setenta. La Global Footprint Network (GFN, Red Global de la Huella Ecológica, por sus siglas en inglés) advierte que el día del sobregiro se ha adelantado dos meses en los últimos veinte años.
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A partir de este 28 de julio, y durante el resto del año la humanidad estará en números rojos, ya que en sólo siete meses agotamos todos los recursos naturales que el planeta tenía disponibles para este 2022.
La Global Footprint Network desarrolla este indicador global de la velocidad en la que estamos “consumiendo el planeta” con el objetivo, entre otros aspectos, de generar conciencia y para que actuemos en consecuencia. Esta fecha que define año con año, se va modificando, basándose en el consumo y uso que la humanidad realiza de los bienes y servicios naturales y la capacidad de respuesta que tienen los ecosistemas para reponer esos recursos.
Es de destacar, que en el año de la pandemia (2020) se redujo temporalmente el uso de los recursos, lo que generó un retraso en la fecha del sobregiro del planeta por 24 días, el cual fue el 22 de agosto, fecha que ya se vio superada en estos dos últimos años, recuperando las fechas de sobregiro anteriores a la pandemia.
Esto podría reafirmar algunos beneficios temporales al medio ambiente que ha generado la COVID-19, sin dejar de reconocer que ha sido devastadora para el mundo entero al considerar las muertes, la crisis económica y social que ha dejado. Pero evidentemente los cierres forzados y la cancelación de las actividades presenciales no esenciales durante la pandemia, han tenido algunos impactos positivos directos y a corto plazo en nuestro medio ambiente especialmente en lo que respecta a la disminución en el uso de los recursos, en el uso de la energía y las emisiones de gases de efecto invernadero, logrando una disminución de nuestra huella ecológica, principalmente la huella de productos forestales y la huella de carbono, aunque temporalmente, por lo que es fundamental continuar centrándonos en repensar nuestros sistemas de producción y consumo insostenibles.
La huella ecológica es una medida de cuánto territorio ecológicamente productivo (área de tierra y agua biológicamente productiva) necesita o requiere un individuo, población o actividad para producir todos los recursos que consume o utiliza, y absorber los desechos que genera. La huella ecológica se suele medir en hectáreas globales, y se ha consolidado como indicador de sostenibilidad a nivel internacional.
Según datos publicados por Global Footprint Network, edición 2022, la huella ecológica de nuestro planeta nos indica, que cada uno de nosotros necesitamos 2.8 hectáreas de suelo o territorio (bosques, tierras de cultivo, de pastoreo, zona de pesca y suelo urbanizado) para sostener nuestra forma de vida y consumo. Al ritmo que consumimos y la cantidad de recursos y servicios ambientales requeridos para abastecer nuestras necesidades, se requerirían alrededor de 1.75 planetas Tierra para abastecer los recursos naturales que sostienen nuestro sistema de producción y consumo. Esto significa que estamos usando un 75% más de recursos naturales de lo que los ecosistemas de nuestro planeta pueden regenerar en un año.
La GNF establece un día de sobregiro para el planeta tierra, pero también lo define para cada uno de los países que lo integran. El primer país en agotar sus recursos es Qatar, país que oficiará el Mundial 2022, cuyo día de sobregiro es el 10 de febrero de este año, luego viene Luxemburgo y en tercer lugar Canadá, Emiratos Árabes y Estados Unidos el 13 de marzo. Entre los países que realizan un mejor uso de sus recursos y por ende su día de sobregiro más tardío, se encuentran Indonesia el 3 de diciembre, Ecuador el 6 de diciembre y Jamaica el 20 de diciembre.
México también ha agotado su presupuesto este 2022, el día de sobregiro se cumple el próximo 31 de agosto, retrasándose 20 días respecto al año pasado. Este 31 de agosto estaremos agotando los recursos naturales del planeta, si todo el mundo viviera y consumiera como un mexicano.
Un mexicano promedio requiere unas 2.4 hectáreas de área productiva, aproximadamente tres campos de futbol, y es por ello, que, si todos en el mundo tuviera el estilo de vida promedio de México, necesitaríamos 1.5 planetas Tierra para sostener a la población global. Lo que establece que un mexicano utiliza un 50% más de recursos naturales, valor superado por otros países como Chile, quienes utilizan un 170% más de recursos, Argentina un 110 % más, y Brasil un 60% más de recursos naturales.
También es importante conocer cuánta reserva de biocapacidad, en términos ecológicos, tiene un país para producir recursos y proveer servicios ambientales. El caso de México se encuentra dentro de los países que aún cuentan con reserva de biocapacidad, pero muy por detrás, respecto a la cantidad de hectáreas de reserva de biocapacidad por persona de países latinoamericanos como Bolivia, Uruguay, Paraguay, Brasil, Argentina y Colombia, según la GFN. Esto genera datos alarmantes, considerando que además estamos por debajo de la media a nivel mundial en cuanto a la reserva de biocapacidad. México cuenta con 1.2 hectáreas de biocapacidad por persona, frente a Bolivia con 14.2 hectáreas por personas, lo que lo convierte en el país de Latinoamérica con mayor índice, seguido de Paraguay con 10.1 hectáreas y Uruguay con 9.3 hectáreas por persona. La media mundial corresponde a 1.6 hectáreas por persona.
Pero a esto debemos sumar la degradación de los ecosistemas que está sufriendo México, hay cifras preocupantes que establecen que ocupa el quinto lugar en deforestación a nivel mundial, cada año pierde alrededor de 600 mil hectáreas de bosques y selvas, el equivalente a cuatro veces la Ciudad de México por año, y hasta ahora tiene perdido más del 50 por ciento de sus bosques. Diversas causas ocasionan la pérdida y afectación de sus áreas naturales como los incendios forestales, la tala clandestina y el cambio de uso de suelo para siembra.
Según datos de Greenpeace, México ya perdió un 65 por ciento de sus manglares, ecosistema fundamental para la protección de los litorales y las poblaciones costeras, y según el INEGI, México ocupa el primer lugar del mundo por especies en peligro de extinción y el primero en América Latina por especies amenazadas, así mismo establece que en México sólo se trata el 32 por ciento de las aguas residuales municipales y el 16 por ciento de las aguas industriales y agrícolas. Sin dejar de mencionar la escasez, la contaminación y el mal uso del agua en México, así como la quema de combustibles fósiles, la ineficiencia energética y la respectiva emisión de contaminantes a la atmósfera.
Y estos datos empeoran cada año, encontrándonos literalmente en números rojos, al relacionar nuestra superficie requerida de suelo productivo en relación a nuestra biocapacidad, nos determina un déficit de 1,2 hectáreas por persona de reserva ecológica, y esta deuda ambiental también se agranda cada año.
Estamos en una etapa en la que es imprescindible centrarnos en la regeneración, la eficiencia y la sostenibilidad en el aprovechamiento de los recursos ecológicos, pues la velocidad de explotación y consumo que hacemos de los recursos, supera la capacidad del planeta para regenerarse.
Haciendo un análisis de los datos expuestos, podemos decir que actualmente estamos consumiendo en un año el equivalente a algo más de un planeta y medio y que, si seguimos a este ritmo sin cambio, pasaríamos a consumir más de dos planetas Tierra por año. Eso no es sostenible desde ningún punto de vista, ni ambiental, ni social, ni económicamente.
La única manera de reducir la superficie de territorios que requerimos para nuestro uso y aprovechamiento, y por ende lograr retrasar la fecha en la que nos hemos consumido todos los recursos disponibles para este año, es a través de un verdadero cambio en nuestra forma de vida y nuestros patrones de consumo, el modo en que producimos los alimentos, la manera en que nos movemos y hasta cómo generamos nuestra energía. Y si bien todas las personas podemos hacer algo para demorarla, hacen falta también cambios a gran escala desde los gobiernos y el sector privado, la GFN afirma que la meta es retrasar el día del sobregiro cinco días cada año, y según esta organización, eso permitiría a la humanidad alcanzar vivir dentro de la capacidad del planeta antes de 2050.
Actualmente, las emisiones de carbono de la quema de combustibles fósiles constituyen el 60 por ciento de la Huella Ecológica de la humanidad. Por ejemplo, según GFN, reducir en un 50% las emisiones de CO2 emitidas por el uso de combustibles fósiles aplaza la fecha 93 días.
México debería realmente enfrentar el problema del cambio climático, a través de la inversión en políticas de eficiencia energética o energías renovables, en el transporte, en la construcción e incluso en los sectores agropecuario y forestal.
Como humanidad debemos alcanzar una verdadera sostenibilidad, pero debería lograrse mediante una planeación y definición de políticas públicas a corto, mediano y largo plazo para reducir el sobreconsumo y proteger el planeta; y no por una epidemia.