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Seguridad
Alberto, llamado así por cuestiones de seguridad, fue abandonado en la zona de Paso de Cortés
Persona atada de las manos
Foto: Gran Angular
Fueron tres horas de vaciado de cuentas y despojo de pertenencias, pero lo que realmente marcó a Alberto durante el secuestro exprés del cual fue víctima es el terror psicológico que vivió.
El fin de semana pasado, la vida de la víctima —a quien por cuestiones de seguridad y debido al proceso legal en curso llamaremos Alberto— dio un vuelco cuando salía de trabajar en el municipio de Cholula.
“¡Yaaa, por favor, quítame lo que quieras, pero por favor ya, o sea, ya bájame, ya me quiero bajar!… Yo pensé que me iban a matar”.
Estas frases se repitieron una y otra vez durante las horas que “Alberto” permaneció en medio de cuatro sujetos que lo subieron violentamente a un auto.
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Sí, Alberto fue víctima de secuestro exprés.
“Estoy en el teléfono tranquilamente y de pronto se bajan unos tipos y me suben con pistolas a un coche. Dos, atrás me tenían encañonado y los otros dos tenían navajas”.
Alberto no sabía qué estaba sucediendo, recuerda que pasaron muchas cosas por su cabeza; incluso, llegó a pensar que lo habían confundido con un narcotraficante.
Era de madrugada, acababa de terminar de trabajar y estaba esperando un transporte para llegar a su casa; la calle lucía sola, pero le parecía segura: “¡Güey, es que me acuerdo y me dan ganas de llorar!”.
Todo fue tan repentino y confuso para Alberto, que al día de hoy no recuerda las características del auto en que lo ‘levantaron’ y tampoco podría describir a quienes lo sometieron, pero sí hace conjeturas.
“Entiendo que fue como una cosa de estar en el lugar equivocado, en la circunstancia equivocada; o el móvil solo fue por estar solo a las tantas de la madrugada y entonces alguien te levanta y dice: ‘¡Claro, está borracho!’”.
“Me decían mil cosas, me llevaron de cajero en cajero, me hicieron darles dinero sin terminales. Me quitaron el bolso, los zapatos, el cinturón. Me sacaron el teléfono y me pidieron desbloquearlo”.
Alberto no sabía por dónde lo andaban trayendo, solo recuerda que el chofer realizaba movimientos muy bruscos mientras conducía y que se pararon en varios bancos y en una tienda de conveniencia.
Aún empezaba a amanecer cuando los sujetos lo “tiraron” por Paso de Cortés, no sin antes golpearlo en la cara y en la cabeza.
Desorientado, pero con el instinto de supervivencia, Alberto se mantuvo alerta para ponerse a salvo y llegar a su casa.
“Una señora iba pasando mientras yo iba caminando descalzo, caminé, no mucho, como unos 10-15 minutos, y ya me preguntó qué me había pasado.
“Me dio mucho miedo porque pensé que (la señora) estaba en complicidad con las personas estas”. Recuerda que todo le provocaba desconfianza.
“No he podido pisar mi casa, estoy en casa de mi mejor amigo; tengo una psicosis muy extraña, siento que salgo a la calle y de pronto veo un coche y digo: ‘¡Güey verga!, ya me están siguiendo’.
“Sigo como en esta parte postraumática, complicada. Salir a la calle me cuesta un chingo, la verdad”.
Este hombre, que por todo lo que sucedió y el proceso legal que conlleva la denuncia que presentó, está tomando terapia tradicional, alternativa y hoy prefirió ocultar su identidad.
“Siento que van a saber que soy yo (los secuestradores), o sea, no sé, como que sí me dio muchísima más paranoia”.
Cuando esto te pasa no importan el dinero, las pertenencias o el celular; lo único que quieres es olvidar, quieres terminar con todo, así lo asegura él.
Y ahora, aunque sea desde el anonimato, Alberto quiere que la gente escuche su testimonio para que no les pase lo que le pasó a él.
“Me pasó por confiar demasiado en la calle, tal cual, pensando que sí era un lugar seguro, porque, insisto, la había recorrido mil veces.
“Se puede prevenir quizá esta parte de tener cuidado, de no salir solo, de tomar precauciones, de sí, mejor tomar el Uber”.
Entre los casos de éxito que la Fiscalía General del Estado de Puebla ha logrado para sentenciar a secuestradores exprés, se encuentran tres en el último año.
En julio de 2025, la sentencia de 45 años de prisión fue otorgada a Juan Ramón N., quien en 2023 privó de la libertad al conductor de un tractocamión.
En febrero de 2026, Alberto N. también alcanzó una pena de 45 años al secuestrar al conductor de un tractocamión.
En mayo de 2026, a José Eduardo N. le dictaron una pena de 50 años por asaltar y secuestrar a un conductor en 2020. (MCJ)