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OPINIÓN

El comité del 6 de enero y la guerra civil en EE. UU.

El arsenal de Estados Unidos tiene su réplica en los arsenales privados que hay en cada hogar

Arturo Romero Contreras

Es doctor en filosofía por la Universidad Libre de Berlín, Alemania. Actualmente es profesor-investigador de tiempo completo en la Facultad de Filosofía y Letras de la BUAP.

Jueves, Julio 7, 2022

Weber escribía a principios del siglo XX que un Estado se caracterizaba por ostentar el monopolio de la violencia. Esto nunca sucedió en Estados Unidos. Los Estados europeos habían surgido de la pacificación interna de sus poblaciones (usualmente por la fuerza). Desarmar a los pequeños y grandes grupos era necesario para lograr la unificación de pueblos constituidos por innumerables grupos que se afirmaban soberanos. El cáncer europeo ha sido siempre el nacionalismo, el chovinismo ridículamente regional que se considera con una historia exclusiva, con una identidad intocable.

Pero Estados Unidos es diferente. Muy diferente. Éste no surge de una multitud de pueblos que se sienten originales. Se trata de ingleses conquistadores y aventureros que se independizan para realizar un proyecto propio: vivir lo más alejado posible del poder estatal. La historia moderna de Europa se agota en la constitución de sus grandes Estados-nación. Pero Estados Unidos no constituye un Estado al modo europeo, sino una asociación una alianza federada que surge de una sospecha de todos contra todos. Nadie está realmente dispuesto a ceder su poder a una instancia común. Nadie se sacrifica al Leviatán.

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He ahí por qué Estados Unidos es tanto la tierra de la independencia, como del capitalismo. Es la independencia del individuo que desconfía de todos y que solamente coopera en tanto que le representa un beneficio. Son las presiones socialistas y comunistas mundiales lo llevan a la creación de sindicatos e instituciones de protección social. Pero eso duraría poco. Menos incluso que la Guerra Fría.

E.E. U.U. suscribió el pacto social, su constitución, con una gran reserva: la de la individualidad armada. Sabemos que los tiradores masivos (mass shooters) que asesinan a mansalva en escuelas, centros comerciales y calles no han hecho que los republicanos acepten medidas de control en la venta y posesión de armas. Por el contrario, cada evento de esta naturaleza es usado como argumento para armarse más. Hay que defenderse, cuidarse del vecino, de los extranjeros y, sobre todo, del gobierno. Sí, he aquí el secreto abierto que articula capitalismo y violencia y que explica el (fallido) golpe de estado por parte de Trump.

La segunda enmienda de la Constitución norteamericana sirve de amparo para la compra y portación de armas sin ningún control. ¿Por qué? Sus defensores hablan del derecho a proteger a sus familias. No hablan de la justicia, de la paz, del orden o de la democracia, sino del derecho a defender su particularidad: su familia, sus pertenencias, su territorio. ¿Y por qué ellos y no el Estado?  Por una desconfianza radical. En el fondo se acepta que el Estado como confluencia de opiniones, como institución de acuerdos, es imposible. Más originario que Estado son los individuos, como los Padres Fundadores, no un mítico paso de la naturaleza a la cultura o de la guerra a la paz.

Las armas son para defenderse de los agresores actuales y potenciales. Pero el peor enemigo de todos es el Estado cuando pone un pie en el territorio de lo privado. No trespassing: private property!  Si éste se mete con el sagrado derecho de la propiedad y del individuo, entonces debe ser derrocado.

Ahora, el mayor de todos los derechos no es la posesión de tal o cual cosa, sino mi individualidad y lo que le asegura su sobrevivencia: la fuerza. El Estado no me puede asegurar protección y no se lo pediré. Yo puedo defenderme solo. Pero entonces debo estar armado. Es como si se hubiera retrocedido frente a Hobbes. El norteamericano dice: no necesitamos al soberano. Todos somos soberanos. Pero no se matan los unos a los otros porque en la abundancia hay para todos. La abundancia capitalista, el crecimiento económico y el gran poder sobre el resto del mundo permitió que los americanos no se mataran entre sí.

Más cuando los liberales no pueden sostener el crecimiento y la hegemonía, se desata la violencia. La guerra civil. Es lo que siempre ha rondado a Estados Unidos. Y el hecho de que no quieran dejar sus armas y que incluso pidan más se debe a que ella es siempre una posibilidad. La derecha reivindica a los confederados y, con ello, hace ver la verdadera guerra que pretende librar: la de un norte contra un sur, entonces dividido por la posición respecto a la esclavitud, ahora respecto al aborto, los migrantes o las mujeres.

La Suprema Corte con mayoría conservadora, ha echado atrás el derecho al aborto en todo el país. Es evidente que la derecha se ha identificado progresivamente con la parte derrotada en la Guerra Civil y que siente que "finalmente", ha llegado su momento para retornar y resarcir el agravio. Eso significa que es la confrontación, la mirada partisana, la que priva y no la visión de Estado, de nación o de comunidad. No es sorpresivo. Estados Unidos ha vanagloriado siempre las armas y las ha unido a la libertad, la particularidad y el heroísmo. Frente a la Segunda Guerra Mundial, E.E. U.U. crea la mitología del agravio de Pearl Harbor.

Hoy, la industria cultural es abiertamente fascista: Batman sabe que el Estado no puede garantizar la justicia, hay que tomarla por propia mano. Para ello, se arma. Pero para armarse hay que ser rico. Es entonces el gran modelo: económicamente exitoso, armado hasta los dientes y con sed de venganza. Porque lo suyo no es la justicia, sino pisotear la ley común para obedecer a su idea de bien. Poco a poco la industria ha hecho del antihéroe el héroe por excelencia: el que se sale de las normas, el que desobedece a sus jefes, el policía que pierde su placa y su arma por violento, pero que se redime porque, con una violencia comparable a la de los delincuentes, logra castigar al enemigo. El mensaje es claro: el problema es el mal, el cual no se combate por la ley, sino con el fuego. Fight fire with fire. Es lo que dicen los defensores de la segunda enmienda: lo único que puede detener a una persona malvada con un arma es una persona buena…con un arma también.

Liberales y conservadores creen por igual en las armas. Pero mientras que el último es más consistente: el fuego soluciona las cosas en casa, como en el extranjero, el primero quiere las armas afuera y el control adentro. El conservador toma el heroísmo armado que el liberal presume en el planeta y lo trae a casa. El arsenal de Estados Unidos como nación tiene su réplica en los arsenales privados que hay en cada hogar. La toma del Capitolio fue la puesta en escena de aquella reserva respecto al gobierno y el Estado, que hace la guerra civil algo siempre posible.

 

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