La información es poder, ya lo sabemos.
Pero a veces es oro, inclusive.
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Hoy el gobernador Luis Miguel Barbosa tiene oro en sus manos, si de elevar su popularidad se trata de la noche a la mañana. Popularidad y los efectos derivados de ello. A las nubes: reconocimiento, consolidación del poder y culminación del sexenio casi con laureles.
Le acaba de entregar la Auditoría Superior del Estado una lista de 22 exfuncionarios del gobierno de Gali, e inclusive de Moreno Valle, con una potencial carga delictiva asociada a sus nombres.
Cada uno, a decir de la Auditoría, tiene una carpeta con la correspondiente denuncia o querella del referido órgano de gobierno, por motivos diversos: asociación delictuosa, falsificación de documentos, fraude, ejercicio indebido de funciones, abuso de autoridad y uso ilícito de atribuciones y facultades.
Si con el correspondiente proceso metiera a la cárcel a una docena de ellos o a todos, el grueso de la sociedad aplaudiría el hecho como si el gobernador hubiera construido una decena de notables obras de beneficio social.
Hasta hoy, no hay obra pública visible en el estado. Su gobierno es sacudido por la inseguridad, la opacidad y la deficiente calidad de la mayoría de sus colaboradores.
Esto sería el equivalente a un auténtico campanazo.
Un gobernante, si deja una huella de orden moral, la hondura e impacto que esto representa en el anhelo de la gente sería ampliamente satisfactoria.
Si algo caracterizó a los tres recientes gobernadores, Moreno Valle, Gali y Pacheco, fue el negocio, el latrocinio sin recato.
Eso lastima profundamente el sentir ciudadano. El hombre de la calle lanza denuestos contra la cáfila de maleantes que se fue con el botín, los que hicieron cuantiosas fortunas, negocios e inversiones y por ahí andan gozando de impunidad, ante la cachaza de los responsables de aplicar la ley.
Entre otras razones, por eso causó expectativas la campaña de López Obrador y se hizo del poder con una votación apabullante.
La sociedad está harta de la impunidad sexenal.
Ahí está la lista.
El platillo es suculento para la facultad y decisión de un gobernante.
El camino es relativamente sencillo: aplicar la ley de modo vertical, sin contemplaciones.
Y lo otro, sumamente importante: el manejo inteligente de la comunicación, antes, durante y después de este, que pudiera ser un trascendental acto de gobierno. Una decisión que elevaría los bonos de Barbosa en el marco de la geografía nacional.
Se cuenta que Juárez titubeó un poco antes de la ejecución de Maximiliano, pero una voz de autoridad y cercanía le dijo al oído: “¡Ahora o nunca señor Presidente!”
A vuelo de pájaro
ASPIRANTES. Se empieza a calentar el ambiente sucesorio de Puebla, aunque falta mucho tiempo. Pero hoy así se estila. Alejandro Armenta, según diferentes encuestas, confirma su ventaja por sobre el resto, que no son muchos. Ignacio Mier, del mismo flanco, figura en calidad de damnificado por efecto de la información que lo involucra en oscuros y delictuosos manejos económicos.
A ello suma que su relación con el gobernador del estado se ha descompuesto en grado extremo y ha carecido de sensibilidad para salir cuidadosa y diplomáticamente del embrollo. Cuando comenta más se hunde.
A Eduardo Rivera tampoco le soplan buenos vientos. Parecen desbordarlo compromisos contraídos con grupos conservadores, no medita algunas decisiones, aparecen manejos o apetitos económicos rodeados de sospecha y ello enrarece también sus vínculos con el gobernante. Y para colmo, su partido se desarticula en la cúpula nacional.
El PRI está peor que todos. La patética figura de su presidente Alejandro Moreno, entre escandalosas grabaciones de extorsiones, chantajes y descarados robos, se hunde más con las críticas, reclamos y acciones de expresidentes del partidazo, más 15 exgobernadores que demandan su salida, ¡ya!
Por esos y muchos motivos más, sus presuntos abanderados aquí apenas asoman la nariz, no el cuello porque puede aparecer la guillotina. Sí hablamos de Blanca Alcalá y Jorge Estefan Chidiac, finísimas personas no distantes de la marca de la casa, léase Alito Moreno.
Y mientras, discretamente el partido Movimiento Ciudadano se mueve. José Luis Cessati anda tejiendo fino por los municipios para llegar al liderazgo en Puebla de esa organización. Conoce el estado, tiene experiencia y con perseverancia de hormiga construye relaciones y redes con múltiples estrategias. No lo deben perder de vista.