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OPINIÓN

Lo judío no quita lo neofascista

De manera reduccionista se ha identificado al fascismo clásico con el antisemitismo

Carlos Figueroa Ibarra

Sociólogo, profesor investigador de la BUAP, especializado en sociología de la violencia y política. Doctor Honoris Causa por la Universidad de San Carlos de Guatemala. Fue integrante del Comité Ejecutivo Nacional de Morena (2015-2022).

Martes, Julio 5, 2022

Fue tema de controversia la semana pasada el señalamiento hecho por Andrés Manuel López Obrador al publicista Carlos Alazraki calificándolo de “hitleriano”. El argumento para espetarle tal calificativo al referido publicista, que en efecto es de ultraderecha, es el que en una entrevista a Roberto Madrazo en su programa, Alazraki con cinismo expresó: “Esta campaña no se gana con publicidad sino con propaganda, mientras más mentiras des contra Morena mejor te va”.

Con desfachatez, Alazraki agregó que cuando Morena respondía, ya se debería circular la mentira siguiente. La aseveración nos hace recordar a Joseph Goebbels, el eficaz ministro de propaganda de Adolf Hitler, cuando acuñó el aforismo  de que “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”.

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Y en efecto el espíritu de lo expresado por Alazraki a Madrazo, está en sintonía con lo que pregonaba el hitleriano Goebbels. Éste a su vez lo había aprendido del sobrino de Sigmund Freud, Edward Bearnys. Bearnys fue un eficaz publicista que con ardides publicitarios y propagandistas, contribuyó a construir la paranoia anticomunista en el momento de la Guerra Fría. Para hacerlo, Bearnys aplicó el principio que después convertiría en aforismo Goebbels. Conciente o inconcientemente, los mentores de Alazraki son Bearnys y Goebbels.

En el momento en que escribo estas líneas, recuerdo que Bearnys, inventor de los principios de la estrategia propagandística nazi, era judío. Doblemente emparentado con el judío Freud, Bearnys también lo era. Concluyo que si bien, el que Alazraki aplique la metodología de Goebbels no necesariamente lo convierte en hitleranio, el que sea judío no lo exime de ser neofascista.

El Comité Central de la Comunidad Judía en México ha salido a la defensa de Alazraki  diciendo que toda comparación “con el régimen más sanguinario de la historia es lamentable e inaceptable”. Pero, ¿ha dicho algo ese Comité Central ante similares acusaciones que le han hecho a López Obrador, Javier Sicilia, Adela Micha, Ricardo Alemán, el mismo Alazraki y hágame usted el favor, hasta el neofascista Gilberto Lozano? ¿Se ha pronunciado dicho Comité Central ante estas “lamentables e inaceptables” comparaciones que le han endilgado a Andrés Manuel, Newsweek, Chicago Tribune, El Economista y el PAN?

De manera reduccionista se ha identificado al fascismo clásico con el antisemitismo. En efecto, el principal motivo por el cual el fascismo es recordado hoy como algo perversamente monstruoso, es la matanza de seis millones de judíos en los campos de exterminio. Pero el fascismo no fue solamente racista antijudío. Fue también totalitario, enemigo de la democracia, clasista, racista, chauvinista, xenófobo, homófobo y como consecuencia de todo ello, genocida.

Hoy vivimos en el mundo un ascenso de la derecha neofascista. Este reproduce mutatis mutandis, muchos de los rasgos del fascismo clásico: anticomunismo, clasismo, racismo, homofobia, misoginia, chauvinismo, xenofobia. Debido a todo ello, el neofascismo es supremacista. Un judío, Volodymir Zelenzky, encabeza en Ucrania un gobierno con una fuerte presencia neofascista. Y el Estado de Israel aplica en su genocidio contra los palestinos, principios y métodos neofascistas.

Alazraki forma parte de la derecha neofascista en México pese a que alega que es socialdemócrata. Fue el inventor del eslogan del candidato Arturo Montiel (después gobernador del Estado de México entre 1999 y 2005) de que “Los derechos humanos  son para los humanos, no para las ratas”.  Francisco Martín Moreno otro exponente de esa derecha neofascista, no tuvo empacho en decir: “Si se pudiera regresar a la época de la Inquisición, yo colgaba, no, quemaba vivo a cada uno de los morenistas en el Zócalo capitalino, te lo juro”.

De igual manera, Alazraki suele usar expresiones de odio contra aquellos que votaron y son simpatizantes de López Obrador: “estúpidos”, “bestias”, “ignorantes”.  Y hay que recordar que en un mitin de la comunidad judía en julio de 2014, los asistentes lo abuchearon por su discurso de odio contra los palestinos a quienes igualmente llamó “bestias”.

De la misma estirpe que Alazraki y Moreno, resulta ser la periodista priista Beatriz Pagés Rebollar con sus fantasías xenofóbicas contra los migrantes venezolanos. La mentira de Pagés de que venezolanos estaban entrando masivamente a México por el AIFA y sin documentación, fue repetida medio millón de veces en las redes sociales del canal youtube de Alazraki. Pagés repite la misma xenofobia antimigrante que en Colombia vocifera el excandidato neofascista Rodolfo Hernández.  

El extremismo sionista que Alazraki evidenció en su abucheado discurso, tiene relaciones de parentesco con el fascismo que fue criminalmente antisemita. El extremismo islámico que llama “infieles” a los que no son musulmanes, igualmente resulta emparentado con el fascismo. Con proyectos políticos y sociales antagónicos, fascismo y estalinismo usaron igualmente el terrorismo ideológico y el crimen para apagar disidencias.

El neofascismo no puede adscribirse a una religión en particular (aún cuando se nutre de los fundamentalismos religiosos), tampoco necesariamente a un partido (puede ser un fenómeno transversal y transpartidario), a una etnia (pese a que el racismo es parte sustancial del fascismo). Hoy el neofascismo no tiene a los judíos como principal objetivo de odio racista. En Europa el neofascismo es islamófobo y antimigrante. Se nutre del chauvinismo, la xenofobia y el racismo exacerbados por la migración.  En América Latina es racista contra los pueblos originarios y anticomunista porque está enfurecido por el avance del progresismo.

Así las cosas, no debemos extrañarnos de que el judío Volodymir Zelensky encabece un gobierno con esencial presencia neofascista. Ni que Alazraki, pese a su origen judío, sea un ultraderechista filofascista.  Lo cierto es que hoy, lo judío no quita lo neofascista.

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