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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El costo ambiental de la protección contra Covid

El virus llegó para quedarse y es urgente aprender a cohabitar con él sustentablemente

Fernando Manzanilla Prieto

Soy Fernando Manzanilla Prieto, desde hace 20 años la vida me ha dado el privilegio de servir a las familias poblanas. Mi mayor anhelo es que a mí Estado le vaya bien. 

Martes, Julio 5, 2022

A más de dos años de que el mundo entrará en una etapa de pandemia, debido al surgimiento del virus SARS-CoV-2 y sus numerosas variantes y subvariantes, la humanidad ha tenido que adaptar nuevos estilos de vida, con el fin de evitar los contagios de Covid-19 y sus múltiples estragos en la salud.

Entre estos nuevos hábitos se encuentra el uso de las mascarillas o cubrebocas, dado que después de varios meses de investigación, hoy se sabe que este virus se respira y por lo tanto el uso de estos aditamentos es imprescindible para evitar contagios, al igual que una serie de medidas preventivas.  

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En este sentido es que no extraña que la producción de cubrebocas desechables haya escalado de manera estrepitosa a nivel global, aunada a la de otros productos empleados para el manejo y combate de la transmisión del Covid-19 como son guantes de látex, pruebas, caretas, batas y otros equipos de protección desechables.

Tan sólo en el pico de la pandemia, se calcula que en los centros hospitalarios se produjeron diariamente más de 240 toneladas de desechos médicos de plástico de un solo uso, seis veces más que el promedio diario antes de que ocurriera esta crisis sanitaria.

Más allá de estas cifras, es importante visualizar el impacto que estos desechos plásticos tienen en el medio ambiente.

La propia Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha vaticinado que alrededor del 75% de las mascarillas usadas, así como otros residuos relacionados con el manejo del virus, acabarán en vertederos o flotando en los mares.

Una vez que los objetos de plástico llegan al medio marino tardan entre décadas y cientos de años en degradarse, causando graves daños al ecosistema. Actualmente, unas 700 especies de organismos marinos se ven afectados por este tipo de contaminación e incluso cada año, más de un millón de aves y más de 100 mil mamíferos marinos mueren como consecuencia de todos los plásticos en los océanos.

Es por ello que organizaciones como Greenpeace, OceansAsia y Opération Mer Propre se han dado a la tarea de evidenciar el impacto ecológico que tiene el uso desmedido de cubrebocas desechables, hechos con tela sintética de polipropileno, un derivado del petróleo o gas natural, que demora cerca de 450 años en descomponerse.

Incluso, un estudio publicado por The Pew Charitable Trusts y el laboratorio de ideas Systemiq prevé que, de no tomar las medidas adecuadas con los desechos para el combate de la pandemia, la cantidad de plásticos vertidos en el océano se triplicará en 2040 pasando de 11 a 29 toneladas al año.

En este sentido es que se vuelve urgente hacer algo para contrarrestar esta nueva contaminación ya que, si bien el uso de estos aditamentos ha sido muy útil para afrontar el reto de la pandemia, también está agravando la crisis medioambiental que nos ha llevado al fatal “fenómeno” del cambio climático.

Todo indica que la presencia del virus del Covid-19 y el surgimiento de sus múltiples variantes y subvariantes, va más allá de una corta etapa, por lo que necesitamos aprender a cohabitar con él de una manera más sustentable.

Hoy por hoy no se trata tan sólo de visualizar la protección contra la pandemia, sino de sopesar la del propio planeta y sus recursos.

Es por ello que la sociedad en su conjunto, así como la propia industria médica, deberá replantearse si el uso de estos aditamentos en materiales desechables y no biodegradables sigue siendo oportuno o si hay mejores formas para manejar el virus.

Asimismo, los gobiernos y legisladores deberán afrontar esta problemática para generar políticas públicas adecuadas no sólo orientadas al presente, sino que contemplen el largo plazo. Por supuesto, también es vital que todas y todos, como ciudadanos de a pie, tomemos acción para mermar las consecuencias del reto que tenemos enfrente.

No podemos, ni debemos ser indiferentes a la realidad que representa que el Covid-19 llegó para quedarse en nuestra vida diaria, lo cual nos debe llevar a pensar y actuar con miras a futuro.

Por mi parte, estoy convencido que mientras más rápido reaccionemos y tomemos acción, mejores serán los resultados. Si nos demoramos en hacerlo, no habrá marcha atrás a los estragos que repercutirán en el ecosistema y sobre todo en la calidad de vida que tengan las nuevas generaciones.

Aún estamos a tiempo de poner en acción una de las más importantes lecciones que nos dejó esta pandemia: La salud es uno de nuestros mayores baluartes y debe cuidarse de manera integral.

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