Opinión

Sequía en Nuevo León, la muestra

Martes, Junio 21, 2022
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La recarga en las presas en el Nuevo León son una muestra de rezago en inversión en energías limpias
Economista por la UDLAP, Maestro en Administración Pública por la Universidad de Columbia en Nueva York, con estudios de Maestría en Derecho en el ITAM y en Transformación Digital en el MIT. Se ha desempeñado como director asociado en la calificadora Standard and Poor’s y consultor en Alta Dirección en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Sequía en Nuevo León, la muestra

Podría sonar una conclusión relativamente rápida y ligera, sin embargo, si revisamos nuestra historia reciente nos podemos percatar que nuestro país no ha priorizado, de hecho, una política de transición energética hacia la producción de energía con fuentes renovables y por consecuencia los efectos del cambio climático no se han dejado esperar, hoy en Nuevo León, mañana usted verá.

El origen es sencillo. En los últimos diez años, la reducción de los niveles de precipitaciones en la región ha decrecido, de tal modo que solamente la semana pasada, las tres principales fuentes del vital líquido en el estado de Nuevo León, la presa El Cuchillo estaba a 45.45% de llenado, la de La Boca a 8.22% y Cerro Prieto a 2.06 por ciento.

Los cambios en los niveles de precipitación a lo largo del país no son obra de la casualidad ni de una evolución natural de la distribución hídrica en el país y en el mundo, sino de la intervención del hombre que ha dado origen a la elevación de la temperatura global aunado a la falta de compromisos para reducción de gases efecto invernadero (GEIs) conforme a los compromisos hechos en el marco del Acuerdo de París, que se traducen en políticas públicas que promuevan la generación de energéticos a través de fuentes renovables, es decir, hidroeléctricas, solar y eólica principalmente.

Afortunadamente estamos ya pasando de la inacción y la necedad, al discurso político en favor de la generación de energías limpias, que, reitero, contribuyen a la desaceleración del calentamiento global. Con esto me refiero a que nuestro país se ha comprometido en el discurso a lograr una generación de energías limpias del 35 por ciento al 2024, 40 por ciento al 2030 y 50 por ciento al 2050, como se manifestó en la pasada Conferencia de las Partes COP 26 en Glasgow Escocia y recientemente en el Foro Virtual de las Principales Economías y Acción Climática el pasado 17 de junio. Para ello el Ejecutivo Federal informó que está en marcha un programa de modernización de 16 plantas hidroeléctricas para renovar las turbinas e incrementar la producción de energía limpia en 2,085 gigawatts al año, es decir, llegar a 6,255 gigawatts limpios adicionales al concluir el sexenio, cuando para llegar a la meta de 35 por ciento de generación de energías limpias se requieren aproximadamente 34 por ciento más capacidad.

El punto no es quedar bien con John Kerry o con Ken Salazar, sino actuar de forma contundente y convencida de la necesidad de generar las condiciones mediante asignaciones decididas en términos presupuestales para que México cumpla con sus Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDCs por sus siglas en inglés) como una acción decidida a cambiar el rumbo de la política energética nacional hacia la reducción del calentamiento global en tanto cuanto nos corresponde.

Al final del día, las consecuencias hoy las vemos en Nuevo León, mañana en algún otro estado de la República, o peor aún para el Ejecutivo Federal, el cambio climático no tiene fronteras… No le vaya a pasar algo en Houston, Texas.

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