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OPINIÓN

Colombia: ¿seguimos como Sísifo?

El país tiene una esperanza de cambio amenazada por sociedad seducida por falsos líderes

Marcela Cabezas

Magíster en Ciencias Políticas y politóloga colombiana. Catedrática y columnista en prensa independiente.

Sábado, Junio 4, 2022

Me generó escalofríos la respuesta de mi sobrino, un niño de diez años frente a la pregunta: ¿y si pudiera votar en las elecciones presidenciales, por quién lo harías? Su respuesta fue contundente: “Rodolfo Hernández. Me agrado mucho como cacheteó a un señor en una reunión jajaja (…)” Frente a esto, y dada la estupefacción que me causo ver cómo se construye la política, la percepción de los liderazgos políticos, y el momento crucial en que se encuentra el país cafetero actualmente, se me figuran varias cosas.

Tras las elecciones del 29 de mayo que dio como resultado el paso a segunda vuelta al candidato de izquierda Gustavo Petro –por primera vez fuerte en la historia de Colombia- quien obtuvo 8.527.768 votos equivalente al 40,32%; y por el otro a Rodolfo Hernández quien obtuvo una votación inesperada de 5.953.209 votantes que representan el 28,5% del total de sufragantes. Así las cosas, el próximo 19 de junio Colombia decidirá entre dos opciones: un proyecto político alternativo de izquierda y un proyecto populista de derecha.

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A nivel macro y desde las diversas orillas de pensamiento se advierte desde la opinión pública que tras los comicios, la aspiración de los colombianos y colombianas es una esperanza de cambio y de desafección respecto a la dinámica de las fuerzas políticas tradicionales: la derrota del uribismo fue evidente tras la poca votación del candidato del oficialismo Federico Gutiérrez, quien con un 23,91% no logró pasar a segunda vuelta. La izquierda, en cambio, aumenta su capital electoral mientras que el populismo de derecha asciende a grandes zancadas arropándose bajo la aparente sepultura del uribismo en el país, y digo aparente dado que, vale la pena preguntarse si en verdad Uribe y la clase política recalcitrante del país no va a seguir gobernando tras la adhesión casi instantánea a la candidatura del aspirante por la Liga de Gobernantes Anticorrupción, Rodolfo Hernández y, con ellos sus maquinarias electorales.

Además de la premura con la que los medios privados (Caracol, RCN, Semana, El Tiempo, etc., etc.) empezaron a inflar las encuestas a favor de éste ultimo y a despolvar archivos en contra de procesos jurídicos contra Petro, que nunca surtieron en los estrados a diferencia de Hernández que se encuentra inmerso en una investigación por hechos de corrupción durante su alcaldía en la ciudad de Bucaramanga, de la cual sigilosamente poco se habla.

En este punto, y volviendo al hecho que me condujo a escribir estas líneas: quién es Rodolfo Hernández y por qué hoy representa buena parte del electorado colombiano que busca nuevos aires a la política y sus dinámicas imbuidas en buena medida por prácticas corruptas y clientelares, al tiempo que el malestar social, económico y político aumenta en el país.

Bajo este contexto, surge la figura de un candidato anticorrupción bajo el discurso de que “hay que derrotar a los políticos y politiqueros que se roban el país”, “los políticos son la lacra de Colombia”, “que los colombianos puedan ir al mar”, y otras por ese estilo, mismas que tuvieron calado y han logro muchos adeptos a lo largo del territorio.  

A su vez, Hernández encuentra a sus electores mediante Tik-Tok. El candidato al popularizarse en las redes sociales no tuvo reparo alguno en evidenciar su autoritarismo, déspota personalidad e interés en la perpetuidad de la pobreza, “el mejor negocio del mundo es tener gente pobre con capacidad de consumo”; y la inoperancia de las mujeres en la política, “mejor que opinen desde casa” -palabras textuales-, al tiempo que no tuvo pudor al expresar su admiración al que calificó como gran pensador alemán Adolf Hitler en medio de entrevista con RCN en el 2016.

En este sentido, y con muchas más naturales e infortunadas declaraciones, Hernández genera un aluvión de polémica en diversos escenarios, deja claro cuál es su forma de gobernar y construye su caudal electoral bajo la mofa del despotismo, la misoginia y el autoritarismo; ah, y encima de todo bajo la falsa arenga anticorrupción aun teniendo encima la investigación por interés indebido en el caso Viologic  por adjudicar contratos que beneficiaban a allegados cuando fue alcalde de la ciudad de Bucaramanga. Así las cosas, toda ésta parafernalia descontextualizada y sinvergüenza por parte de Hernández genera bastante inquietud, por no decir otra cosa. Bueno, algunos medios hablan del payasito loco que les conviene que llegue al poder, algo muy similar al polémico expresidente estadounidense Donald Trump que puso a arder el Capitolio nacional, ¡algo nunca antes visto en la historia de la cuna de la democracia!

En ultimas, y tras reflexionar la respuesta de mi sobrino y el estado de cosas en Colombia, considero que, lejos se avizora la posibilidad de un cambio en el país cuando la política y lo político se construyen desde la idea de la fuerza sobre el sentido común, y el interés privado sobre el sentir colectivo: resulta llamativo escuchar a un líder que dice que hay que hacer y lanza soluciones fáciles desde el pedestal sin tener un pie puesto en la realidad.

Lo cierto es que, continuamos siendo una sociedad seducida por los falsos líderes “autoritarios y déspotas” y ávidos aún de paliativos que no tiene un pie en la problemática social y económica actual, cual se trata un amante que se aferra desesperadamente a su esperanza de amor aún cuando los placeres son mas amargos que la inmediatez de una decisión racional y razonable sobre lo que hay y lo que vendrá. Si continuamos arropando al eterno mesías; así como lo decidió Sísifo: tener como castigo empujar eternamente cuesta arriba una “pesada roca”.

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