Lo primero que usted debe entender es que, en las sociedades capitalistas, como en la que vivimos, hay vidas que valen más que otras y desde luego, hay muertes que valen más que otras.
No se trata de una trama del gobierno para distraer la atención de la gente ni están inyectando recursos para que se difunda la noticia de la joven regiomontana Debanhi.
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Desde que Debanhi Susana Escobar Bazaldúa fue vista con vida por última vez el pasado 9 de abril, luego de que saliera de una fiesta en el municipio de Escobedo, en Nuevo León, comenzó una verdadera avalancha de datos virales en medios de comunicación y en redes sociales.
El cuerpo de la joven fue encontrado el día 21 del mismo mes, en una cisterna del Motel Nueva Castilla, ubicado en la carretera Monterrey-Laredo. A un mes y medio de que desapareció, ha surgido información sobre lo que ocurrió en el evento al que asistió antes de morir y en el trayecto que recorrió hasta llegar al lugar donde fue encontrada sin vida, así como acerca de las circunstancias en que murió.
Todas nuestras redes sociales de pronto fueron asaltadas por todo tipo de datos sobre el triste suceso que envolvió a la chica. Cada día salen nuevos videos, nuevos testimonios, grabaciones. El tema se ha tornado hilarante.
Bueno, como le comentaba, hay vidas privilegiadas dentro del sistema económico en el que vivimos, y se preguntará, ¿por qué otros casos no son igualmente virales?
Sucede que vivimos en una sociedad sumamente clasista, donde hay tendencia a resaltar el estilo de vida de la gente bonita, de piel clara, adinerada y claro, rechazamos lo pobre.
Desde luego, Debahni era una chica linda, de piel clara, muy delgada y con aspecto refinado. Y no lo voy a negar, se veía hermosa ahí parada en la carretera, con su falda larga, sus tenis de marca y su soledad. Parecía una imagen de pintura impresionista.
Entonces qué pasó. Que todo el mundo comenzó a dar like y los medios de comunicación se treparon en la ola para recibir más visitas en sus portales. Los influencers tomaron el tema, igual, con la intención de recibir más visitas. Entre más like dimos, más y más medios, portales, y gente se subió en la ola.
Una socióloga de nombre Adela Cortina, especializada en el estudio de la pobreza, acuñó el término de aporofobia para referirse a las personas que rechazan y discriminan a las personas pobres.
Por lo general, pocas personas se animan a dar like a la página de la desaparición de una persona de aspecto pobre. No bonita, no refinada, no adinerada. Esas no son virales.
La situación es grave y refleja nuestro intenso sentimiento clasista hasta en situaciones tan extremas como la desaparición de una persona. Y mire, justo hoy se dio a conocer que llevamos cien mil personas desaparecidas. Póngase a pensar cuántas veces retuiteó o dio un me importa para alguna de esas personas.
En un país tan desigual como México, el privilegio se manifiesta a través de diversas condiciones: la blanquitud de una persona, la situación socioeconómica, el género, la orientación sexual. Eso es lo que pasó para el caso Debahni.
Tristemente, ser moreno, de baja estatura y pobre, nos condena, desde el nacimiento a tener una posición baja en la escala social, siempre condenados a un trato de inferioridad.
El propio INEGI hizo un estudio cuyas conclusiones son aterradoras. Las personas que se consideran con tonalidades de piel más clara tienen porcentajes más altos en educación media superior y superior, con porcentajes que van hasta el 28 por ciento. Sobre la calificación laboral, INEGI refiere que "mientras más oscuro es el color de piel, los porcentajes de personas ocupadas en actividades de mayor calificación se reducen”.
Mi conclusión es que cuando vea la foto de una chica desaparecida dele retuit o like o coméntela; así presionamos todos juntos a la autoridad judicial a investigar muchos más casos de personas desaparecidas y darle la misma celeridad que se le dio al caso Debanhi.
Si tiene algo qué comentarme, póngase en contacto conmigo. Me interesa su opinión. norcudi@gmail.com