—Amigos, se preguntarán para qué se ha convocado a esta reunión extraordinaria, pero seguramente pueden imaginar la causa de lo que nos congrega.
—¿Quizás para pedir menos horas de trabajo? —una voz sin identificar se escuchó desde lejos.
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—Todos estamos de acuerdo que eso es justo, pero no es la razón —respondió el que presidía la junta y su respuesta provocó un murmullo generalizado con el intercambio de pareceres entre la concurrencia, hasta que alguien dijo:
—Tenemos muchos temas pendientes, tal vez todos de la misma importancia ¿Cómo podríamos hablar de todos?
“Sí, sí, ¿cómo hacerle?”, se escuchó entre los reunidos hasta que el Carrusel tomó la palabra:
—Mira, es un hecho que al acabar la jornada o el periodo de trabajo antes de cambiar de lugar, es necesario que se haga un mantenimiento preventivo por nuestra salud y seguridad de los clientes.
“Sí eso es importante” dijeron varios.
—Pero no se trata de sólo limpiar o poner grasa, los metales se fatigan o se desgastan, como los balines de los baleros —intervinieron las Tazas Locas.
—Eso es correcto, pero también hay que tomar en cuenta los raspones y abolladuras.
—Tú hablas solo por ti, mi querido Carrito Chocón, a los demás no les pasa eso —dijo el Gusanito que estaba a su lado, mientras las Sillas Voladoras miraban sorprendidas sin decir una palabra, al contrario del resto que manifestaba su punto de vista
—Déjenlo que se exprese, tiene derecho —apuntó el Pulpo.
En un afán de poner orden, la Rueda de la Fortuna, quien presidía la reunión, carraspeó para hacerse notar, mientras buscaba en su cabeza las ideas para poner el orden y dar el mensaje. Finalmente se dirigió a todos:
—Amigos, como les he dicho, todos esos temas son realmente relevantes, y sí, hay que exigirlo a los dueños y operadores y…
—¡Hay que hacer una huelga! —interrumpió el Martillo y agregó: “si dejamos de trabajar, los dueños verán lo importantes que somos.”
La Rueda de la Fortuna se dio una palmada en la frente como símbolo de impaciencia y dirigiendo la mirada al Martillo le reconvino.
—No te das cuenta si no trabajamos, menos podrán arreglarnos.
—¡Esquirol! —se logró escuchar a alguien con tono disimulado.
—¿Quién dijo eso? —preguntó la Rueda de la Fortuna regando la vista entre los presentes, hasta que llegó con el Juego de Aros que señalaban al Juego de Canicas.
Haciendo alarde de autocontrol, la Rueda respiró profundo, recompuso la postura y habló nuevamente:
— Amigos, insisto en que todos esos temas son importantes y propongo que en otra reunión lo discutamos con calma. Haremos una lista con las peticiones de cada uno y entre todos les damos prioridad, que si los rodamientos, que si el cableado, que si la pintura y etc., etc. y etc. ¿Están de acuerdo?
La respuesta fue afirmativa por unanimidad, ya sea gritando un animado “¡Sí!” o asintiendo con la cabeza.
—Bueno, les decía, la gente sólo nos ve cuando llegamos a sus localidades a trabajar, llenando el ambiente de ricos olores, luz y música, le damos buenos momentos para olvidar su vida rutinaria por unos días; nuestro trabajo es duro y no reconocido con justicia, por ello, al menos nosotros mismos tenemos la obligación moral de ser unidos y decirnos lo que valemos.
La Rueda hizo una pausa ante el inminente quebranto de la voz.
—¿Qué es lo que tratas de decirnos? —preguntó el Ratón Loco.
Respirando hondo de nuevo, ahora para contener otra emoción la Rueda dijo:
—Colegas, lo que quiero decir es que después de cincuenta y cinco años de dar lo mejor de sí, ella, fuerte corazón de acero en sus rieles, suave madera de sus tablones, ella, madre de adrenalínicas emociones, gritos divertidos y terroríficas carcajadas, ella, este dos mil veintidós, con la nobleza de los grandes que caen con la frente al cielo y el semblante de quien ya cumplió, ella, ella, ¡se ha despedido!
Un silencio repentino se apoderó de la sala. Las miradas eran hacia el suelo de quienes ya sabían la noticia o perdidas al horizonte de aquellos que con incredulidad se enteraban en ese momento. La ya trémula voz de la Rueda de la Fortuna finalizó:
—Por favor, todos den la mano al compañero de al lado para elevarlas durante un minuto de solemne silencio como un humilde homenaje a nuestra querida hermana, la Montaña Rusa de Chapultepec.