Estamos viviendo en medio de una sociedad indiferente ante los problemas por los que atravesamos las mujeres a diario; nos hemos acostumbrado tanto a la violencia de género, a los feminicidios, a la trata de personas y a la desaparición de mujeres, que ya nada nos causa asombro.
Nos hemos vuelto insensibles, pensando que nunca nos va a pasar, que se tratan de noticias de otros estados y cada vez vemos más de cerca historias de mujeres que conocíamos y han sido víctimas de maltrato, violación o que nunca volvieron a sus casas.
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Estamos preocupadas solo por nuestras hijas y sobrinas, por darles todas las recomendaciones antes de salir de casa y vivimos angustiadas sin poder dormir cuando se van. En nuestros tiempos, la vida era diferente, jamás imaginamos que alguien nos raptaría, o que esa noche sería la última vez que estaríamos en casa, que nunca podríamos abrazar a nuestros seres queridos o convivir con nuestras amigas y amigos. Las mujeres vivíamos cuidándonos, pero siempre tranquilas y en paz. Hoy las cosas no son así. Nos han robado la tranquilidad.
En medio de todo este calvario, seguimos sin ser sororas en un mundo en el que estamos inseguras. La apatía se ha convertido en el común denominador, no solo del gobierno, de los medios de comunicación, de la sociedad en general.
Todos los días entramos a Facebook y compartimos la Alerta Amber de una menor desaparecida, leemos noticias de una adolescente que no volvió a casa, vemos feminicidios y nos estamos acostumbrando tanto, que a veces ya ni lo comentamos.
La agenda nacional de los últimos meses ha sido ocupada por la Reforma Eléctrica, la revocación de mandato, la crisis económica, la inflación, los precios de la canasta básica, el desempleo, la pandemia y la popularidad del Presidente, pero muy pocos medios de comunicación hablan de la situación que viven las mujeres.
La Organización de las Naciones Unidas ha alertado sobre el incremento de desapariciones de personas en México. De 2016 a 2021 son más de 98 mil mujeres y hombres que nunca volvieron a casa; este aumento también se ha dado entre menores de edad, adolescentes y mujeres que han sido víctimas de trata de personas y comercializadas en otros países.
No quiero ni imaginar la terrible pesadilla por la que atraviesan estas 98 mil familias, que de manera desesperada buscan a sus seres queridos. La tortura que ha de representar saber que fueron plagiados y que no existen pistas para dar con su paradero, porque vivimos en un país en el que la impunidad ha sido el sello característico de sus gobiernos, en el que el crimen organizado y la delincuencia han rebasado a cualquier autoridad.
El papel de los medios de comunicación tendría que ser fundamental para visibilizar la situación por la que atravesamos las mujeres todos los días; desafortunadamente no es así.
Una mención especial requiere el periódico Reforma, que en Semana Santa decidió dedicar su portada dos días seguidos para hablar de estos temas:
- Jueves 14 de abril: Sam Barrios, joven influencer de León, Guanajuato denuncia agresiones de su pareja.
- Jueves 14 de abril: Frida Alondra de 16 años y originaria de Guerrero apareció muerta.
- Viernes 15 de abril: Aisha Guzmán Capón de 15 años desapareció en Oaxaca.
- Viernes 15 de abril: Desaparecen 7 mujeres al día.
El caso de Debanhi Escobar también ha ocupado un lugar especial dentro de la prensa. La joven de Nuevo León que desapareció después de salir de una fiesta y a quien sus amigas dejaron tomar un transporte sola en medio de la noche.
Detrás de cada cifra de feminicidios, desapariciones y violencia, hay una historia que duele y que debería impulsar que nuestra sociedad despierte, sea solidaria y alce la voz para exigir justicia.
Que sean los medios de comunicación la plataforma que permita visibilizar este grave problema, lograr la sensibilización social y generar conciencia sobre la igualdad de género.