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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La BUAP: panóptico carcelario

Detrás del regreso presencial a la Universidad debe estar la libertad y dignidad de la persona

Guadalupe Grajales

Licenciada en Filosofía por la UAP con Maestría en Filosofía (UNAM) y Maestría en Ciencias del Lenguaje (UAP). Candidata a doctora en Filosofía (UNAM). Ha sido coordinadora del Colegio de Filosofía y el posgrado en Ciencias del Lenguaje (BUAP), donde se desempeña como docente. Es la primera mujer en asumir la Secretaría General de la BUAP.

Martes, Enero 25, 2022

No cabe duda de que la administración actual de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla sólo entiende de control. Bastó una sola advertencia seria de la organización estudiantil para regresar a clases presenciales, para que la maquinaria burocrática se echara a andar para desactivar el paro virtual anunciado por los estudiantes. ¿Cómo desactivó esta amenaza a su control férreo? Ordenando a todas las autoridades personales de las unidades académicas nombrar a una comisión de vigilancia que ahora tiene carta abierta para acosar, perseguir, controlar, en suma, abusar de cada universitario con el pretexto de evitar el contagio por el virus SARS-CoV-2.

¿Cómo creían ustedes que iba a actuar quien siempre lo ha hecho con el garrote en la mano? ¡Pues usando el garrote! ¿Quieren regresar a clases presenciales? ¡Pues háganlo, pero bajo mis condiciones! Bueno, y eso de regresar es un decir, porque si tomamos como ejemplo a una de las unidades académicas, de 1600 grupos regresan 24 al sistema presencial, según lo informó el propio director. Ya ni la burla perdonan.

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Se han emitido una serie de videos con los “protocolos de seguridad” y lo único que resalta, pues las medidas sanitarias son las ya conocidas por todos, son las prohibiciones: está prohibido reunirse e intercambiar objetos con otras personas; está prohibido permanecer en tu lugar de trabajo o de estudio; está prohibido ingresar sin el permiso del personal de la DASU. En otras palabras, con el pretexto de la pandemia y sin estar declarada una emergencia sanitaria, se conculcan los derechos de libre asociación, de libre circulación, de libre expresión, con lo que quedas a merced de un comisariado político disfrazado de comisión de bioseguridad.

Frente a estas flagrantes violaciones a nuestros derechos ciudadanos hay que recordarles el movimiento del 68: ¡Prohibido prohibir!

No debe sorprendernos el nivel de manipulación y de presión al que puede llegar una administración cuya única finalidad es mantenerse en el poder. Pero nosotros, los docentes y los estudiantes tenemos otros objetivos, otros fines y consideramos nuestro deber realizarlos y hacerlo del mejor modo.

Me refiero claro está a nuestra tarea magisterial y de formación de los jóvenes estudiantes, por una parte; y a la tarea de preparación y cultivo de uno mismo para ser personas de bien y útiles, por la otra. Después de experimentar por casi dos años el aislamiento forzado, nos hemos dado cuenta del daño que este aislamiento nos ha causado.

No conozco a mis estudiantes, no como yo quisiera y siempre lo había logrado en cada curso. Dirigirme a ellas y ellos por sus nombres, integrarlos a la clase despertando su interés por los temas tratados, solicitarles su opinión, escuchar sus participaciones, sus discusiones con sus compañeros, presenciar sus avances y disfrutar sus logros. La gran satisfacción del docente es atestiguar el proceso de maduración personal y académico por el que transitan nuestros estudiantes. Formamos una mancuerna cuyos lazos perduran por toda la vida.

Siempre me he enorgullecido de poder hablar con mis estudiantes de todo y no sólo del contenido de nuestros cursos, pues en el proceso educativo interactuamos un conjunto de personas caracterizadas por todos aquellos atributos físicos, mentales y espirituales que nos hacen miembros únicos de una comunidad unida en torno a objetivos comunes.

Y esto es lo que queremos rescatar. Los que queremos tener clases presenciales, queremos rescatar una forma de vida, la vida universitaria que nos constituye en una comunidad. Queremos seguir trabajando en comunidad porque nuestra naturaleza es eminentemente social y sólo en esta convivencia cobran sentido nuestros derechos fundamentales.

Detrás del regreso a clases presenciales está la determinación de cada universitario por preservar la libertad de decidir su vida y cómo vivirla, y por eso consideramos inaceptable el chantaje ejercido por una administración a la que nada le importa cumplir con su obligación de garantizar el derecho a la educación y al trabajo.

¿No les parece a ustedes de la mayor importancia luchar en contra del estado de sitio en el que quieren sumir a nuestra universidad y enfrentar el panóptico carcelario a cargo de las comisiones de vigilancia?

 

 

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