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      Buscando el eslabón perdido

      Lunes, Enero 24, 2022
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      Margarita Zorrilla Fierro se distinguió por su visión crítica y su integridad profesional y humana
      Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Decano UPAEP
      Buscando el eslabón perdido

      A la memoria de la Dra. Margarita Zorrilla Fierro, gran investigadora, maestra y funcionaria comprometida con una educación de calidad para construir un país más justo.

       

      ¿Será que algún día encontraremos el eslabón perdido del mejoramiento de la educación? Prácticos, investigadores y políticos en su afán por mejorar condiciones, procesos y resultados educacionales han hecho importantes aportaciones en los últimos cincuenta años. La pregunta de qué ha pasado, no es trivial…
      Margarita Zorrilla Fierro. La búsqueda incansable del eslabón perdido de la mejora educativa.   

      El jueves pasado falleció la Dra. Margarita Zorrilla Fierro, gran investigadora educativa, maestra de muchas generaciones, formadora de investigadores y docentes y funcionaria del sistema educativo tanto en su estado de adopción, Aguascalientes, como a nivel nacional.

      La noticia se esparció muy rápidamente en las redes sociales y se difundieron muchísimos mensajes de pésame en los que hubo una manifestación unánime del cariño, la admiración y el respeto por su gran capacidad académica, su integridad profesional y humana y su enorme entrega con la que se comprometió siempre en la búsqueda de ese eslabón perdido por el que se pregunta en el breve artículo del que tomo el epígrafe del artículo de hoy: el eslabón perdido para mejorar nuestra educación y construir un país menos desigual, más justo y humano.

      En el trabajo como investigadora y formadora de investigadores educativos destacan en la trayectoria de la Dra. Zorrilla el haber sido coordinadora de la Maestría en Investigación Educativa de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, profesora-investigadora en la misma institución y docente en muchos posgrados en distintas instituciones nacionales. En esta misma faceta de investigadora, fue socia fundadora y presidenta del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE).

      Sus líneas centrales de investigación fueron el estudio de las políticas educativas, la evaluación de la educación y la educación secundaria, en las que publicó un gran número de artículos, capítulos de libro y libros colectivos o de autoría única, como por ejemplo el titulado. Es autora del libro La Evaluación de la Educación Básica en México 1990-2000. Una mirada a contraluz.

      Como funcionaria en el sistema educativo se desempeñó como directora de Desarrollo Educativo del Instituto de Educación y como directora de Formación y Capacitación de la Unidad de Desarrollo Educativo para los Estados, dependiente de la SEP con sede en Aguascalientes. De 2002 a 2008 fue miembro del Consejo Técnico del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) y presidenta del mismo instituto en el período 2009-2013. En septiembre de ese año 2013, al promulgarse la nueva ley del INEE como órgano autónomo del Estado Mexicano, la Dra. Zorrilla formó parte de la Junta de Gobierno del instituto.

      Tanto en su faceta académica como profesora e investigadora como en su trabajo en instancias de gestión del sistema educativo nacional, Margarita Zorrilla Fierro se distinguió siempre por su visión crítica y orientada hacia la construcción de una educación que lograra abatir las enormes desigualdades y la inequidad social que como mal endémico ha caracterizado a nuestro país a lo largo de su historia. Fue siempre una voz clara, directa y comprometida con señalar los problemas y poner el dedo en la llaga de los principales problemas de nuestro sistema educativo por más incómodas que pudieran ser.

      Como señala en la cita con que abre esta colaboración en su memoria, en los últimos cincuenta años han existido muchas aportaciones por parte de quienes están en el frente de las prácticas educativas, de los investigadores y de algunos políticos honestos y realmente interesados en mejorar las condiciones de calidad y equidad educativa. Por ello, señala que la pregunta sobre qué ha ocurrido que ha hecho que no se produzcan estas transformaciones profundas necesarias para cambiar la educación no es trivial.

      El artículo fue publicado en diciembre de 2019, a un año de la toma de posesión del actual Presidente y con la (contra) reforma educativa ya aprobada. En él, la Dra. Zorrilla señala que “corren nuevos vientos” en el sistema educativo con la creación de la Comisión para la Mejora Continua de la Educación, conocida como Mejoredu ante la desaparición del INEE al que se señaló de manera injusta e intencionalmente desinformada como el chivo expiatorio generador de todos los supuestos males de la reforma educativa del 2013 que, con todo y sus problemas y limitaciones, apuntaba desde mi punto de vista y el de muchos expertos, en la dirección correcta.

      Dos elementos resultan fundamentales para lograr encontrar este eslabón perdido para mejorar la educación y contribuir a la transformación social, según señala en su artículo: en primer lugar, tener muy presente que la mejora “…requiere de información y la evaluación sin implicaciones en la mejora no tiene sentido”. En segundo lugar, se requiere que la información obtenida y sistematizada a partir de la evaluación de todos los elementos del sistema educativo -desde el docente hasta la gestión de las políticas públicas en el campo por parte de la SEP- se traduzca en cooperación para instrumentar estrategias y acciones transformadoras.

      El paso de la operación a la cooperación entre todos los actores diversos que participan en la educación de los niños y adolescentes de todo el país resulta fundamental. Como afirma la Dra. Zorrilla en su artículo: “…los procesos y resultados educacionales representan el conjunto de interacciones entre fines y medios, entre aspiraciones y concepciones de la educación, así como entre actores de distinta procedencia, los padres y madres de familia, los docentes y directivos escolares, las autoridades educativas, los políticos, los académicos y la sociedad en general”.

      ¿Qué avances ha tenido nuestro sistema educativo a partir de esta (contra) reforma educativa, de la desaparición del INEE y la creación de Mejoredu, de la propuesta de la llamada “Nueva Escuela Mexicana”?

      En términos de la generación de información sólida y rigurosa sobre las condiciones del sistema educativo nacional a partir de un sistema de evaluación bien diseñado e instrumentado parece ser que no hay ningún avance sino por el contrario, un enorme retroceso.

      Después de más de dos años de pandemia en la que las escuelas y universidades estuvieron cerradas muchos meses, se instrumentó el sistema de “aprende en casa” y ahora se decretó la reapertura de las instituciones con modelos híbridos o de presencialidad alternada entre los educandos para cumplir con protocolos sanitarios de aforos que ofrezcan alguna seguridad respecto a evitar contagios. Los pocos artículos de investigación sobre la pérdida de aprendizajes de las generaciones del COVID-19 han sido aportados más bien por investigadores educativos o economistas nacionales e internacionales.

      En estas circunstancias inéditas, se ha evidenciado la enorme utilidad que tenía el INEE como organismo autónomo y todo hace pensar que si el instituto no hubiera sido destruido hoy contaríamos con información confiable y fidedigna sobre el impacto de la pandemia en estudiantes y profesores de los distintos niveles educativos. Porque a nivel de las autoridades educativas, en este aspecto no tenemos más datos que “los otros datos” con los que nos buscan distraer cada mañana.

      Si atendemos al segundo aspecto, el de la cooperación entre los distintos actores de la educación, las evidencias tampoco son alentadoras. Lo que parece haber sido el objetivo fundamental de la (contra) reforma educativa del Presidente no es la generación de cooperación para la transformación de la educación sino simplemente la pacificación del gremio magisterial y su desmovilización.

      Una vez logrado este objetivo y manteniendo esta aparente tranquilidad del magisterio por parte de una Secretaría de Educación Pública federal que ha perdido toda autoridad moral y ha mostrado una total falta de liderazgo, pero sigue siendo defendida por el Presidente mientras cumpla con dedicar todo su tiempo a ese único objetivo, la mejora de la educación claramente no es una de las prioridades de este gobierno y la revalorización del magisterio quedó en simple eslogan electoral.

      Tal parece que al menos en este sexenio no hay posibilidades de realizar el cambio educativo urgente para subsanar las graves carencias del país y que como profetizaba la Dra. Zorrilla en su artículo: “…seguiremos en la búsqueda del eslabón perdido para tener una buena educación para todos que contribuya a formar mejores personas, más humanas, justa (s), fraternales y comprometidas con su sociedad…”

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