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      La gratitud, los humanos, los animales…

      Jueves, Enero 13, 2022
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      Hoy abundan las personas sin conciencia, sin valores, que al perderse empobrecen a las personas
      Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.
      La gratitud, los humanos, los animales…

      Leo el relato de ese gran fotoperiodista que es Raúl Rodríguez, mi amigo. En una calle solitaria está una chica con el auto descompuesto. Hace señales con la luz de su celular. Se detiene Raúl. Le advierte que es una calle peligrosa donde se han registrado asaltos. Está la llanta ponchada.

      Trata de desmontarla pero los pernos están como con soldadura. Intenta con una llave de cruz y se rompe uno. Imposible el cambio. Previsor, saca su bomba de aire manual e infla la llanta. El coche está en condiciones de salvar el momento. Le dice a la chica que vaya cuanto antes a la gasolinería más cercana para buscar a un experto en talachas. La chica le responde:

      -Sí, me voy…

      Ni las gracias le dio, nada… Este hecho retrata la actitud de mucha gente hoy en día. No conocen un gramo de educación, no aquilatan un momento de apuro, emergencia y riesgo. Conozco a Raúl. Una palmada en la espalda y un gesto de gratitud lo habría hecho feliz. Nada de esto ocurrió. Estoy seguro que en un caso semejante volvería a hacer lo mismo.

      Pero la tristeza queda ahí. Hoy abundan las personas sin conciencia, sin valores y hasta sin sentimientos. Viven, perdón por la expresión, como animalitos. O no, rectifico. A veces el perro mueve la cola en señal de agradecimiento y placer.

      De perros hablo ahora. Le ponen la correa al can y empieza a juguetear con dos niños de 5 y 8 años aproximadamente. En una cabriola se enreda el más pequeño y se le atora un poco la cuerda en el cuello. Se angustia al máximo, grita y llora por unos instantes, presa de pánico.

      Lo desatoran. Cuestión de segundos. Lo cargan y el llanto dura, tuvo mucho miedo. El perro, regañado, agacha la cabeza y se echa, sumiso. Se sienta el pequeño en un mueble y llega el perro como apesadumbrado…

      Se acerca lentamente al pequeño, se humilla sobre sus piernas, le hace cariños con el hocico y le lame las manos, los hombros, las mejillas. Es una clarísima imagen de disculpa. El perro está triste, apenado, no sabe ya cómo halagar al pequeño. El niño le corresponde con una caricia en la cabeza. Escena conmovedora. Un diálogo mudo, de sentimientos que sólo ambos entienden. Pienso, pareciera a veces que el animal le enseña al hombre.

      Aquél día, Raúl comentó: debemos los padres enseñar a nuestros hijos a dar las gracias. Cierto. Es una de las normas elementales de la educación hogareña, que los chicos aprendan a ser agradecidos. Que su entorno no es con robots o animales, sino con personas iguales a ellos.

      Otra de esas costumbres en vía de extinción es el saludo. El buenos días, buenas noches, hasta luego. Estas expresiones, en apariencia tan simples, pueden significar tanto, valer tanto, y no tienen costo alguno. Sirven para romper el hielo, crear un puente, dibujar una sonrisa, abrir una puerta. Y sin embargo, es tan común que gran parte de las personas ya no lo hace.

      Suelo caminar muy temprano y me cruzo con unas 20 o 25 personas cuyos perros salen a pasearlas (sí, está correcto lo aquí escrito…), y de ese número sólo 4 o 5 saludan. El resto pasan como autómatas, ensimismados, o con los ojos puestos atentos, atentísimos, a cada paso y movimiento de su majestad el perro, o en la pantalla de un celular.

      ¡Qué pobreza de comportamiento!

      Quizá no son ellos, son los padres que olvidaron inculcar estas elementales formas de cortesía o urbanidad en sus hijos. Ausencia total de educación, ese maravilloso producto lácteo que nos viene del seno materno. Da tan pésima imagen una persona, de cualquier edad, que carece de estas pequeñas grandes formas de relación humana.

      Parecen huérfanos, aunque no lo son. Huérfanos de buenas costumbres, de cortesía, de urbanidad. Quizá de todo lo demás…

      HOMENAJE. Un acierto de la Secretaría de Cultura haber develado en esa institución un busto en memoria de Pedro Ángel Palou, ese incansable promotor de la cultura que tanto hizo por nuestra entidad.

      Don Pedro dejó su huella de hombre creativo y noble en muchas latitudes del territorio poblano. No era un historiador en el sentido científico del término, pero era un divulgador polifacético. Hacía y propiciaba que otros hicieran. Brindó espacio al arte, a las letras, a las tradiciones, al quehacer de los investigadores, cronistas, músicos. Muy merecido ese recuerdo perenne al buen Pedro Ángel.

      NOMBRAMIENTO. Televisión Azteca nombró como titular de esa empresa en Puebla a Guillermo Deloya Cobián, un joven y carismático político inquieto y creativo. Memo, además de sus tareas políticas, ha escrito libros, ha sido articulista en diarios y revistas y tiene ahora la responsabilidad de un canal de televisión.

      Hombre sensible en el terreno de la política y la comunicación, seguramente le pondrá su impronta a esa tarea que hoy se le encomienda. Hoy incursiona de lleno en el campo de la televisión, un sendero que lo llevará probablemente a otros sitios inimaginados pero cercanos a sus anhelos de siempre. ¡Un abrazo!

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