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OPINIÓN

El desencanto: el acontecimiento del año

En un repaso al 2021, quién o quiénes fueron los personajes y acontecimientos dignos de atención

Ociel Mora

Es vicepresidente de Perspectivas Interdisciplinarias, A. C. (www.pired.org), organización civil con trabajo académico y de desarrollo económico de grupos vulnerables; y promotora de acciones vinculadas con la cultura comunitaria indígena y popular. Su línea de interés es la Huasteca y la Sierra Norte de Puebla.

Miércoles, Diciembre 22, 2021

Hacia los fines de año se suelen hacer ejercicios de repaso en los que se ponderan las personas y acontecimientos más importantes que, para bien o para mal, marcaron el periodo que fenece.

¿En el caso de Puebla, quién o quiénes fueron esos personajes y acontecimientos dignos de atención en el 2021?

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Tenemos en primerísimo lugar la derrota de los partidos políticos y la emergencia de los movimientos sociales; muchos de ellos nacidos tiempo atrás pero que cobraron fuerza inusitada en este año, como el grupo en defensa del agua como derecho humano y exige una gestión pública, no privada.

Que el agua salga de las manos de empresarios y se administre como se administra la impartición de justicia.

También figura la emergencia del grupo de las mujeres que reivindica una agenda muy específica de derechos, como decidir libremente sobre cuerpo; muy próximo a ellas vemos la participación organizada del movimiento LGBTTTIQ+, con una presencia cada vez más pública. Las mujeres y no los trabajadores marcaron la agenda.

Reaparecieron las demandas de respeto y protección a los derechos humanos violentados por los tres niveles de gobierno; organismos nacionales e internacionales demandaron al gobierno estatal un alto a la persecución a periodistas críticos o que sólo hacen su trabajo.

También reapareció robustecida la petición de protección a los animales, en especial gatitos y perros.

Los derechos humanos es el indicador más importante para medir el desempeño de un régimen de gobierno.

En este caso específico, nueve de cada diez quejas y recomendaciones nacionales por violaciones a los derechos humanos son en contra de autoridades civiles de los tres niveles de gobierno, de acuerdo con el Senado de la República.

En cuanto a periodistas y defensores de derechos humanos asesinados durante la administración del presidente López Obrador, las cifras son de 43 informadores y 68 activistas muertos, de acuerdo con la Secretaría de Gobernación federal.

Según estos datos la principal amenaza para los derechos fundamentales no se encuentra fuera de ésta sino dentro del propio aparato de gobierno; el responsable de velar por su respeto.

Uno de los candidatos que parecen invencibles al hombre del año en Puebla es la incompetencia de los gobernantes surgidos del partido Morena en aquellos temas cruciales de bienestar y libertades, criticados acremente por ellos en priistas y panistas.

Para la mayoría de la población, informada y no, es mucho lo que el gobernador Barbosa ha quedado a deber en su primer tramo de mando. En la capital, Morena fue desalojado en un acto eminentemente cívico, en junio.

En lo tocante a desarrollo social y libertades políticas, se registraron grandes retrocesos. Citemos a modo de ejemplo el incremento de la pobreza extrema y el municipio indígena de Coyomeapan, literalmente sitiado por las fuerzas policiacas.

El Gobierno del Estado se opone al derecho ciudadano de los pueblos indios a elegir libremente a su presidente municipal. No son usos y costumbres, es el derecho liberal mexicano que desde el siglo XIX rifa en la Constitución del país. Pero no en Coyomeapan.

El incremento del rezago social y político no es un caso sólo relacionado con la pandemia; la causa de fondo es que, como pocas veces en la historia reciente, este gobierno no tiene política social ni diagnóstico de nada, ni equipo medianamente capacitado para enfrentar una cuestión tan apremiante como es el combate a la pobreza y el diseño y ejecución de políticas de reducción de las desigualdades.

La actual titular de la Secretaría de Bienestar cobra fama como valedora de la difunta Martha Erika Alonso de Moreno Valle en el Congreso del Estado para combatir las demandas feministas, y por sus relaciones con el dueño del PT, Alberto Anaya.

Esos “méritos” la hicieron titular de una de las dependencias más sensibles y determinantes para hacer de Puebla una entidad menos inicua.

Como respuesta a la ineptitud de los gobiernos de Morena, en las elecciones de junio pasado observamos una emergencia-político-electoral-urbano-universitaria que favoreció el reposicionamiento del Partido Acción Nacional en algunas de sus plazas tradicionales.

El PAN ganó, pese a las disputas internas entre camarillas, producto de la apropiación y colonización que hizo Rafael Moreno Valle de ese partido; los morenovallistas sobreviven y mantienen cabezas de playa en zonas neurálgicas de varias administraciones.

Las disputas intrapartidistas fueron encarnadas por la señora Genoveva Huerta y sus ramificaciones; sumemos a ese estado de cosas las resoluciones federales y de derechos humanos sobre las acusaciones del gobierno del Estado en contra de Jorge Aguilar Chedraui.

No se “exonera” a una persona, en términos estrictos, se exonera al morenovallismo.

Aguilar Chedraui fue el hombre-eje del exgobernador. Delegado federal, diputado y presidente de la Junta de Gobierno del Congreso local, y secretario de Salud, una de las carteras más codiciadas por el volumen de recursos.

Me parece que se trata de una derrota muy sonada por sus implicaciones. No es una derrota moral; es legal. Eso tiene una explicación sencilla, que por acá la hemos repetido una y otra vez: el gobernador no cuenta con equipo solvente. Se mueve a tientas sobre un mundo desconocido para él.

¿Quién es el protagonista del año?

Para mi gusto, el protagonista principal durante el 2021 fue el desencanto de los votantes con respecto al partido Morena, y la emergencia ciudadana en la que derivó.

El partido PRD-Morena se ganó la confianza de la gente hondeando las banderas de la justicia social, el respeto a los derechos humanos, la promesa de políticas públicas eficientes y eficaces, y plena honradez en la gestión de los asuntos públicos. Como gobierno esas promesas nunca llegaron.

Sólo así se entiende la derrota en la capital y área conurbada. Eduardo Rivera le ganó desde la oposición municipal, estatal y federal, con su propio partido en contra, rodeado de grupúsculos infiltrados que, hasta el último momento, buscaron llevarlo al despeñadero. La hazaña no fue del partido, fue de los electores.

Esto lleva a otro punto poco tratado: la presencia de un electorado maduro y consciente, que actúa no en función de las antiguas engañifas electorales, sino con base en resultaos. En ese sentido es un elector que incentiva y castiga.

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